Autor: Navas, José Luis. 
 A los treinta y dos años del pronunciado allí por José Antonio. 
 Importante discurso de Miguel Primo de Rivera     
 
 Pueblo.    05/06/1967.  Página: 8-9. Páginas: 2. Párrafos: 40. 

A los treinta y dos años del pronunciado allí por José Antonio

«De la democracia económica y social surgirá la auténtica democracia política»

«Fuerzas integrada? en el Régimen parecen estar disparando continuamente contra él»

«No participaremos en la reconstrucción de una democracia liberal apoyada en los partidos políticos y la variedad sindical»

MOTA DEL CUERVO. (Crónica de nuestro enviado especial, José Luis Navas.) — Mota del Cuervo vivió ayer una. jornada política protagonizada por españoles manchegos procedentes del medio entrañable y sufrido que es el camino, el labrantío de secano. Comisan viejas, jóvenes, ancianos y mujeres desde primeras horas de la mañana llenaron la plata del pueblo.

AYER, en conmemoración del XXXII aniversario del discurso que allí pronunció José Antonio el 28 de mayo de 1935, se ce.íebrfi un acto político, organizado por la Jefatura Provincial del Movim i e n t o de Cuenca, al que asistieron más de tres mil personas de la capital y pueblos de la provincia, Toledo, Ciudad Real, Madrid e incluso de Valencia y Baleares, en el que tomó parte Miguel Primo de Rivera y Urquijo, sobrino del Fundador de la Falange.

A las once en punto se ofició una misa de campaña, tras la cual fue iniciado el acto político, no sin antes haber recibido el gentío a Miguel Primo de Rivera con grandes demostraciones de júbilo.

Asistieron numerosas personalidades, procuradores en Cortes, consejeros nacionales y jerarquías sindicales, entre los que vimos a Mombiedro, Sancho Dávüa, Motero, Iglesias Selgas, Roberto Reyes, Fernández-Cuesta, Allende y García Baxter, Árredondo, Murga, etc. Estuvieron también presentes Pilar Primo de Rivera y la madre de Miguel, doña Rosario Urquijo.

En el acto, en el que no hubo presidencia, se celebró al aire libre, tomaron parte el gobernador civil, don Miguel Alonso Samaniego; don Isidoro Valbuena, jete local del Movimiento de Mota del Cuervo en 1935 y en la actualidad; el delegado local de Juventudes y Miguel Primo de Rivera.

El gobernador civil abrió el acto, agradeciendo la presencia del sobrino de José Antonio, y cedió a continuación la palabra al jefe local, que recordó el discurso del Fundador en 1935, en cuyo acto había tomado parte el señor Valbuena, quien ayer exhortó a todos los asistentes a escuchar con la mayor atención a Miguel Primo de Rivera, a quien presentó, como hace treinta y dos años hizo con José Antonio.

Después de unas breves palabras del delegado local de Juventudes, el alcalde de Jerez de la Frontera comenzó su discurso, del que damos a continuación una amplia referencia.

Miguel Primo de Rivera dedicó un emocionado recuerdo al jefe provincial de Murcia, don Nicolás de las Peñas, a su esposa y al conductor del coche en que viajaban, muertos en trágico accidente anteayer en Mota del Cuervo. A continuación, entre otras cosas, dijo:

«No os negaré que ese aire expectante que había levantado el anuncio de mi intervención aquí y la forma en que habéis correspondido a él me inspiren un profundo respeto y me obliguen a medir las palabras con mayor rigor que de costumbre. Hubiera preferido un escenario menos impresiona n t e, un ambiente más intimo y recogido, para poder expresarme con mas espontaneidad.

Hablar para todos no es lo mismo que hablar para los amigos. Entre vosotros habrá quien haya venido impulsado por las velas de la curiosidad. También habrá, seguro, quien haya llegado a lomos de la duda maliciosa, adquirida la mayoría de las veces por falsas informaciones. Habrá, por supuesto que sí, lo veo con mis propios ojos, quienes se hayan acercado guiados por la estrella de la esperanza, la simple, hermosa y elemental esperanza de comprobar que aún sigue latiendo en muchos corazones la Fe, con mayúscula, en Dios, y la Fe, también con mayúscula, en los destinos de España. Y, por último, ¡qué duda cabe que muchos de vosotros venís arrastrados por la superstición, en el buen sentido de la palabra, de un apellido que corresponde a una estirpe que se ha caracterizado por una permane n t e e insobornable lealtad a los ideales de la Patria!

A todos quiero haceros comprender que éste es un acto de convocatoria falangista para recordar a España que, en estos momentos cruciales para nuestra futura vida política, seguimos estando dispuestos a servirla, una vez más, por los cauces de la doctrina que fundó José Antonio Primo de Rivera, para que los esfuerzos realizados y las metas alcanzadas no se derrumben como castillo de naipes.

No importa que la Falange no aparezca mencionada en la Ley Orgánica del Estado, ni siquiera en el Proyecto de Ley Orgánica del Movimiento y de su Consejo Nacional. La Falange, históricamente, está justificada en los programas de reformas sociales que se han hecho en estos treinta años y en la figura del Estado nuevo, que en muchas de sus instituciones se ha adelantado a las nuevas corrientes de la época.

Nosotros dimos la base y la adhesión popular al Régimen que nacía en 1936. La Falange di- en! -.rvs queríu cambiar de raíz aquella situación tímida y conservadora, salvando únicamente aquello que un pueblo debe conservar como la huella moral de su historia.

Sobre nuestra» idea» y programas han entrado luego a saco los que han querido alzarse con el santo y la limosna, y sin credenciales políticas populares. Pero ellos no han cambiado. Y como tampoco tienen un sentido dinámico de la historia cuando piensan que son los políticos del momento, aunque con ideas prestadas, nosotros volvemos a decirlos que no están justificados; porque nosotros ya no partimos de la base antigua, sino de la de ahora mismo, conservando únicamente la fidelidad a la intención de cada momento y renovándonos y actualizándonos para obtener credenciales de ahora mismo.

Después de treinta años ha aparecido una nueva generación que comprende y sigue a José Antonio, entre los que me cuento, y lo primero que queremos hacer es romper el clisé deformador de que nuestra actitud es guardia pretoriana de sistemas autoritarios y dique de contención de los impulsos, que sean positivos, de los universitarios y de los trabajadores. ¿O es que se olvidan en este país cuáles fueron las fuerzas fundacionales de la Falange? Fueron precisamente universitarios, obreros y campesinos. V precisamente los jóvenes de su tiempo. Aquéllos, en una gran parte, que no podían votar y que, sin embargo, sabían morir en las calles contra el autoritarismo y la violencia comunistas y después en una guerra abierta.

Mientras nuestros hombres como nuestro jefe local, Isidodo Valbuena, que tuvieron el honor y Ja gloria de sentarse junto a José Antonio, compartiendo el pan y la sal de la alegría y la tristeza, no han ascendido en el escalafón social y económico y se muestran ternes y erguidos en el mismo sitio, al aire libre, puros y limpios, los que ahora nos repudian, nos rechazan y nos Quisieran sumir en el limbo del olvido y del ostracismo, han realizado fulgurantes carreras económicas y personales, dejándonos atónitos con el galope arrollador de sus ambiciones desmedidas y sus apetitos inconfesables. Isidoro Valbuena y todos los que aquel 38 de Mayo de 1935 acompañasteis al Fundador en el acto en que José Antonio dictó las normas del Código Penal de la Falange, estoy seguro me ayudaréis en

estos instantes a que haca honor a esta conmemoración.

RAZONES DE MI VOCACION POLITICA

Quisiera advertiros» que Uc ningún luuuo coiíaiueix*» «´Sta • ciiiuon como mi acto Je luu¿j¿i/i)ieilto político personal, k «> soy uii uuiuurc nci u ¿u KCuci´aciou, >jue afcUiru lí mujtfrenar ios signos ue su ueuii>o, aunque cu en u se ijuemr ««. piei y las eiiuaiuis. ¿«auu ue voive, ,¿i cauemí ni Ue conVerurse en e»uitu>i uc sai. Nada uuiiiHjcu ue cticr en ia iciitacAuu uc resucitar mitos ui rceiuuufdi´ siiuuuius, en uiia cuoca, rauícuimeute mmai´oui que, en ei mejor ue ios cas>Oi, MIJO servirían t,uia uejai en vei &o*i¿osa evinciiciu ia. caricatura ue una:- uuuiiluaues > unas limitaciones.

Luego a iu política por uo> caminos uei-n-cutuicJue ciaros: poi- ei ue la vocación .y por vi ue la teaiuui. vocauioii ue servir a España, en priiuer lu&ar. ¿\ua me aurasa ei anua retomar como eii uu> primevos contactos políticos, gentes ue Dueña ie y promula oaiiuau solo sentían ia preocupación poí lo accesorio, lo ae-ciueiuai, lo mínimo y reducído, mientras mo»m«.jan una total despreocupacion por lo sustantivo, por lo luiiuaineiital, por la esencia, por la realidad y la entiUuu ue España, por la mejor o peor suerte ue la ¿"atria, por todo lo que entraña el concepto de lo español, una de las pocas cosas serias que se pueuen ser en el mundo.

Por eso, aun a sabiendas de que no es precisamente la respuesta que puede halagar a un gran sector de gente que se dicen falangistas, cuando me preguntan en sentido indagatorio y de reservas mentales en qué linea política me hallo, replico sin pestañear j con énfasis: «¿En qué líneaV En la de España, en la de la unidad de los hombres, las clases y las tierras de España; en la línea de José Antonio y en la linea de todos los que lucharon y cayeron por la Patria, vestidos con una camisa o con una boina; uniformados de un color u otro, inspirados en unas doctrinas o en otras.»

Solamente hay un enemigo para mí: el que lo es de la Patria, el que lo es de España, el que está contra la unidad entre los hombres, las tierras y las clases de España.

Yo quiero ofreceros un ejemplo en mi persona, que pudiera ser muy significativo respecto al alcance que quiero dar a mis palabras. Mi abuelo, el general don Miguel Primo de Rivera, puso fin a la agonía de una política que nació en las postrimerías de i siglo pasado y que generaba convulsiones sociales de impotencia política en los comienzos de este siglo. Y creó una nueva, que tuvo vigencia hasta que voluntariamente, por la falta de asistencia necesaria, dejó el Poder en las manos del rey. Pero su hijo, José Antonio Pruno de Rivera, con toda la admiración, el amor y el respeto que profesaba a su padre, no hubiera liecho nunca un replanteamiento nalitífi& cto la Dictadura. La Falange que fundó era ya otra cosa sustancialmente y no había pasado ni siquiera una década. Pues bien, lo falangista en estos momentos es aceptar la herencia de un rico patrimonio doctrinal, en algunos casos vigente y en otros no. Y a continuación hacer todo lo nuevo y todo lo actual que requiere la hora presente. Tenemos que ser mucho menos conmemorativos y más activos; mucho más inclinados a imaginar cómo tiene que ser el futuro que arrecostarnos como celosos guardianes del pasado. Y volcarnos en el presente más y refunfuñar menos.

He ahí por qué un hombre joven como yo siente enormes escrúpulos en ponerse la camisa azul. Vamos a ver si aclaro definitivamente esto, que parece aguijonar las suspicacias de tanto buen cantarada y de tanto buen falangista, produciendo extrañeza cuando no estupor.

Yo entiendo uue la camisa azul constituye uno de los símbolos más sagrados ue la Halan ge y una de las aportaciones más notables a la Historia de España. Muchos de vosotros sabéis por experiencia que, el simple y mero hecho de ponérsela eii los añoh de la República, constituía una convocatoria para una muerte segura. Frente a las camisas rojas de la disgregación nacional y las camisas pardas de la estupidez derechoide y antisocial, la falange escogió para caracterizarse la camisa azul, proletaria, mahón y revolucionaria, racionalizadora de la» aspiraciones populares y po pularizadora de las esencia» patrióticas. Esa camisa sirvió para que una juventud quemara sus mejores energías > entregara lo mejor de la vida y ella misma, durante los tres años de Cruzada; ella lúe como un gigantesco monumento erigido en las inmensas estepas de la Rusia Soviética a las razones que inspiraban nuestro anticomunismo, muy distante de las motivaciones raciales y de las pretensiones territoriales o colonialistas.

Pero no me negaréis que esa misma camisa azul na servido posteriormente para envolver mucha mercancía averiada y mucho interés bastardo, demasiado protocolo y exceso de ceremonial. Ha servido, en definitiva, para que se la utilice como uniforme de trabajo en despachos y oficinas, cuando no como mezcla de i n t e n c i ones puramente egoístas y de apetencias exclusivamente personales y codiciosas.

Entonces, ¿de verdad, de verdad, que constituye tan grave delito respetar hasta el máximo el color de este azul glorioso, utilizándola sólo tans» láT.ltuwfcleTu^slremecedora historia, exhibiéndola nada más que cuando lo que se puede conseguir con ella es «1 sacrificio, la lucha y el riesgo? ¿De verdad, de verdad, constituye tan grave delito? Y os lo pregunto a vosotros y lo hago aquí precisamente, en el mismo lugar en que José Antonio dictó las normas del código de honor de la Revolución española.

Lo que tenemos que hacer es preparar perfectamenté nuestras mercancías para venderlas más caras que nadie en el supermercado político que se nos avecina, y conseguir el mayor número posible de clientes atraídos por la verdad ejemplarizante de nuestra función.

Por eso nadie debe empequeñecernos como un partido político que pueda contentarse con constituir un sector de la vida nacional, y gozar de un cupo de diputados. Nosotros tenemos que ser otra vez, o seguir siéndolo, ese movimiento encaminado a obtener coincidencias esenciales o fundamentales de todos ios españoles; y de tejas abajo, hallar una democracia nueva, social, popular, donde sean posibles diferencias de opinión respecto al comportamiento de los gobernantes a todos los niveles, y a poner al pueblo en condiciones de elegir a esos gobernantes libremente.

Pero no vamos a incurrir en el error de participar en la reconstrucción de una democracia liberal, apoyada en los partidos políticos y en la variedad sindical, porque esto sería replantear otra vez el clima de la guerra civil, aparte de ser ya una fórmula que empieza a ser superada en todos los países de tradición democrática. La Familia, el Municipio y el Sindicato como esquemas principales de representación están vigentes, y el Movimiento debe ofrecer el marcto necesario para que, a través de organizaciones y de asociaciones de varia índole, el pueblo español encuentre todas las fórmulas d e representación política.

LA HORA DE LA CONFUSIÓN

No os desvelaré ningún secreto si os digo que estamos viviendo una hora, no sé hasta qué punto, grave de confusión. Reina esa confusión en muchas mentes y en mu-

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5 de junio de 1967

PUEBLO

MOTA DEL CUERVO

rfws corseones de españoles. Yo he pensado largamente en la imagen que se Je ofrecería a ñu español que hubiera partido de viaje al extranjero IOB primeros días de junio de 1966 y a su regreso en ios primeros días de junio de 1967.,. Apenas conocería a España. Ponqué en ese periodo de tiempo múltiples agentes dinámicos de la sociedad han entrado en acción —entre ellos él de nna nueva ley de Prensa—, y nna serie de medidas de Gobierno han puesto si descubierto algunas zonas opacas de nuestro contorno político.

Grupo*, (Trúpitas y pequeñas alianzas, que han vivido por otra parte de, las prebendas del Régimen y que han alcanzado sonoridad pública, social y económica gracias a el, comienzan a hacerse notar especialmente a través de la Prensa, pretendiendo asumir la representación de no sé cuáles sectores de españoles, en basca de no sé exactamente tampoco cuáles objetivos ideales. Si analizáis el fenómeno con cierto detenimiento, sacaréis la conclusión d« que no constituyen una fuerza peligrosa. Pero, sin embargo, justo es advertir que enrarecen; !a atmosfera, enturbian el ambiente y, sobre todo, crean un clima de confusión a la hora de tomar decisiones históricas y a la hora de poner en marcha un nuevo dispositivo político.

Ya os dais cuenta cómo se presentan las fuerzas políticas que levantan Ja cabeza. lo* derecha sigue siendo suicida y vuelve a entontecerse. con la democracia liberal v el regañen de partido»; y los comunistas siguen con su viejo empeño en saldar cuentas, creando su Vietcong al norte de los Pirineos.

Solamente nosotros seguimos atenúo esa fuerza que responde a un deseo de convivencia nacional, corrigiendo los extremismos de las derechas asustadas, que «•tnpiezan a enlregsn una parte de sos haciendas, y las izquierdas envalentonadas que aceptan el donativo antes de llevarse el resto. Por eso, natía de complejo de proscritos, ni aceptar 1» trampa de constituirnos en na sector politico intransigente o radical.

Nosotros somos algo más que un partido, que un grupo o 4ue un sector. Somos una actitud española respecto a los problema» actuales, y tenemos que seguir siendo la fuerza contra la que se estrenen todos los que aspiren, a. la derecha o a la izquierda, a comrolizar España.

R*t» confusión política, nacida principalmente del hecho de que, siendo tuerzas integrado-ras en el Régimen, parecen estar disparando constantemente contra él, se ve agravada pin la íncertídumbre que preside nuestra política social y económica, que no ha conseguido todavía, en la medida que deseamos, aquel perfil enérgico, contundente y limpio que exigían los textos fundacionales. ¿Estamos en mejor disposición a.hora para desmontar >•! tinglado llamado capitalista que hace treinta años? ¿Contamos con supuestos económicos y sociológicos suficientes para devolver a la Patria la imagen de un» sociedad más justa, más cristiana y más coherente? ¿Se desenvuelve jnuestro desarrollo en el mareo de unas estructuras precisas, exactas y armoniosas? ;No echarán por tierra, en un momento determinado, las pasiones política» desordenadas y las deficiencias estructurates, no superadas ni corregidas, toda la otra formidable de crecimiento y de reconstrucción realizada por oí pueblo español en estos últimos decenios, del mismo modo que esas mismas eimsas demolieron en un santiamén la obra fecunda de siete años del Gobierno del general Primo de Rivera?

• CONTRASTE DE PARECERES Y DEMOCRACIA ECONÓMICA

Porque coincide que esos grupos que están hostilizando desde las mismas orillas que les ha permitido el Régimen son a la vea los que con más brío se oponen a esas reformas económicas y sociales, sin las que todo desarrollo económico quedará, como se dice vulgarmente, en agua de borrajas.

A nri me parece muy bien lo que ahora se- denomina un contraste de pareceres. Nadie está obligado a participar en las ideas de otro. Todos estamos comprometidos a respetar los intereses del vecino. Pero si el contraste de pareceres de los diversos elementos que , constituyen la sociedad va a desembocar en la organización de los pareceres de los demás por una minoría- de falsos listos, entonces yo os digo que eso no conduciría más que a la desintegración y a la anarquía, que es lo que no permitiremos jamás.

Contó me demuestren que es» organización o sistema de organización que son los partidos políticos puedan eliminar, en plazo válido, los restos de miseria que existen, principalmente en el campo y en otros sectores de la vida socioeconómica del país, yo me haré democrático a la usanza comúnmente conocida.

íjo malo es que el pueblo español no puede permitirse, en estos momentos de acelerada carrera económica, y técnica, caprichosas experiencias de esta índole, y sería además una burla sangrienta caer nuevamente en Ja ley del bandazo, mientras un repertorio cíe problemas urgentísimos están pendientes de que se les ponga remedio eficaz y positivo.

Porque el 14 de diciembre los pareceres en cuanto a las lineas fundaméntalos de lo míe debe ser el futuro político español no parece que estuvieran tan divididos a juzgar por los resultados del Referéndum, ¿Es que en el curso de estos meses últimos un porcentaje elevado de españoles han cambiado de parecer para hacerlo múltiple?

íjo que ocurre, a mí modestísimo juicio, es que frente a los grupos y grupitos que se vieron inesperada y desagradablemente sorprendidos con la convocatoria del Referéndum y el proyecte de Ley Orgánica del

Estado, el pueblo que ama la paz, la conciliación y el respeto mutuo, ese pueblo honesto, claro y sufrido, no puede oponer su parecer, porque nosotros, que somos los que mejor hemos interpretado sus necesidades y sus deseos, estamos anclado) «HM en la nostalgia y otros eo lia división. Unos en el pasado y «tros en el egoísmo. Unos en la gaita y otros en la flauta.

Pues mirad por dónde sólo se aprecia en el panorama el más universal, joven y válido de los pareceres españoles que es el joseantoniano, pero eso sí, no retrotrayendo a España al año 1936, sino situando & José Antonio en linea, de flotación en el año 1967.

No basta con exhibir credenciales cronológicas ni airear biografía* brillantes. Todo eso está muy bien y yo rindo el máximo respeto a l« que representan y a lo que simbolizan. Pero la Patria es algo más y el futuro algo todavia más complejo, dilícil y arriesgado que las confrontaciones bélicas.

Y yo os pregunto: ¿tiene la doctrina de José Antonio capacidad de convocatoria, para que esos más y mejores se empeñen en el propósito de dotar a España, de una manera definitiva, de esa estructura jurídico-política que barra la confusión y disipe la incertidumbre? Pues si la tiene, y yo creo fírmente en ello, vamos a ponernos a trabajar, vamos a- poner las manos en la tarea> primero, de unir a los hombres de buena voluntad, forjarlos, prepararlos y adiestrarlos; vamos a acabar con las banderías mezquinas y chiquitas, los individualismos y Jos fcaifismos, los encasillamientos regionales y Jos lateralismos extremistas. Vamos a recobrar el ritmo de unidad, perdido en los azares de una paz pigmentada de comodidad, pero sin exclusivismos; porque el que no está contra nosotros, con nosotros está. Vamos a restaurar la voluntad de ser y vamos a la conquista del Poder, que es3 en definitiva, la aspiración de toda política.

Nosotros somos democráticos, claro que los somos; pero entiendo que ests^sentido democrático se halla más en el espíritu de la sociedad aue en el color del Estado. Soy, por ejemplo, partidario de una radical democracia económica y de una enérgica democracia social. Porque de ambas democracias surgirá la

auténtica, 1» insobornable, to luminosa democracia política que no se deje amedrentar por la faena de las pistolas o de las bayonetas, ni corromper por tos granjerias de Jos puestos de gobierno, ni por las nropinas de los grupos de presión.

A nú me parece que no es preciso que un determinado sector político esté pendiente de lo que pide el pueblo, abstractatnenie configurado, porque debe anticiparse a él. ¡Desgraciado el político o los políticos que esperan hasta última hora para dar lo que les pide el pueblo! Porque puede resultar que en una de esas petickmes se incluye la del exterminio de su propio partido y entonces no tendrían más remedio que arrojar sus propias cabezas sobre te multitud...

ESPAÑA Y EL PUEBLO ESPAÑOL

Y creedme que una de mis mayores preocupaciones reside en la. distonía que sigue existiendo entre el concepto pueblo y el concepto Patria. Es dedr, a mi me parece que el pueblo español no está identificado con la Patria y que la Patria tampoco ha sabido fundirse con el pueblo.

Para el pueblo. la Patria es un estamento compuesto por lo qne pudiéramos llamar los dignos dirigentes, del Dinero, de la Iglesia, de la Milicia, de la Autoridad y del Poder. Para la Patria, el pueblo es un conglomerado de elementos que hay que vigilar para que no se desmanden. Es como si cada uno, pueblo y Patria, caminaran indefinidamente por su propia acera, mirándose unas veces con hostilidad y otras veces, en el mejor de los casos, con indiferencia. ¿No intuyó José Antonio este terrible y dramático fenómeno, y cayó al disponerse a atravesar la calzada que hubiera fundido pueblo y Patria, Patria y pueblo ?

Imaginaos la hermosa tarea que nos espera, la gran aventura a que nuevamente nos convoca la Historia, la tremenda y trascendental obra que Dios nos ha destinado.-. Este sería, indudablemente, e I tributo máximo que podríamos ofrendar a Dios y a España. Entregarle la Patria y el pueblo indisolublemente unidos en un abrazo fraterno y amoroso, entrañable y cordial, para realizar esa unidad de destino en lo universal, que es la clave histórica de los españoles a lo largo del tiempo y j»aflí» más. Porque, a pesar de que algunos serán desilusionados, pues creerían encontrar a tj-u í programa» concretos y cifras matemáticas que, -A semejanza de amuleto, limpiara sus mentes >ta esa confusión, vueívo a repetir: ¡No me importa que nos acusen de teólogos más que de políticos prácticos´; pues hoy comenzaremos unidos «•sos programas, cada uno en. su parcela y sin regatear esfuerio & la tarea que se no* encomiende.

Vamos a enfrentarnos con el futuro, conscientes de nuestras responsabilidades, sin arrogancias, pero sin complejos de inferioridad. Vamos a Intentar poner nuestro mecanismo, nuestro dispositivo de pensamiento y iir acción at punto para tes etapas que se nos avecinan. El mañana será del que lo conquisto, no de quien ostente el pasado. Nosotros, que somos tan antiguos en la fe como el que nías, pero más jóvenes de corazón y de mente que. ninguno, nos comprometemos sagradamente a cumplir con el deber. Yo, personalmente, ofrezco mi persona y mi apellido. No o* puede- ofrecer nada más quien humildemente espera aprender todos los. chas algo de cada uno de vosotros. ¡Arriba España! ¡Viva Franco!

A lo largo de su discurso, Miguel Primo de Rivera fue interrumpido varias veces con grandes aplausos y una vez finalizadas sus palabras escuchó una impresionante ovación.

EJ gobernador civil de Cuenca cerró el acto con un breve discurso en el que glosó el significado del Movimiento en la hora presente.

 

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