Solís vamos a abrir las puertas  :   
 Pronunció un discurso sobre la reforma política. Pero ninguna que permita la entrada de la violencia y el caos. 
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AYER, o los siete menos cuarto de la. tarde, con un discurso del vicepresidente aet Consejo y secretario general del Movimiento, don José Solis Ruiz, se clausuró el Pleno del Consejo Nacional para el debate y estudio del Estatuto Orgánico del Movimiento Nacional.

La sesión había comenzado a las cinco y tuvo como primer orador a don Cruz Martínez Esteruelas que, en nombre de la sección, hizo de defensa del texto aprobado 0n los debates, respondiente a, las enmiendas que se habían presentado en la sesión de la mañana.

A continuación comenzaron Tas votaciones, en las que se puso de manifiesto el espíritu independiente con que los consejeros se produccían. El señor Solís, que presidía, aplicó el Reglamento con una gran flexibilidad, que permitió en todo momento la intervención de los consejeros para proponer cuestiones de procedimiento y sugerencias acerca de matices en la votación.

Hubo nueve votos en contra de la totalidad del Estatuto, a cargo de consejeros 40 loa más dispares tendencias, Y luego, en la votación de los artículos que habían sido objeto de enmienda durante la sesión de la mañana, la mayoría de la Cámara se produjo, unas veces a favor y otras en contra, con entera espontaneidad.

Ha sido, en resumen, una apasionada sesión parlamentaria. Quisa ningún Pleno de una Alta Cámara ha presenciado desde hace años en España una exposición tan abierta de Tas actitudes de sus miembros.

La sesión terminó con la lectura de un emotivo mensaje que los ex consejeros guineanos enviaban a sus compañeros españoles. Dio lectura al mensaje el señor Solís, y la Cámara lo escuchó en pie y lo aplaudió largamente.

SESIÓN DE LA TARDE

A las cinco se reanudó la sesión plenaria del Consejo Nacional, bajo la presidencia del señor Solis, que concedió la palabra a don Cruz Martínez Esteruelas. «Quizá el Reglamento del Consejo no me ampare ahora —comenzó diciendo— en esta actuación ante el Pleno, que hago teniendo a la vista el informe de la Ponencia y el dictamen de la seción, y teniendo en cuenta las intervenciones de los enmendantes de esta mañana.» Advirtió que su Juicio se apoyaría en el de la sección, aunque pensaba añadirle por su parte

ciertas «inflexiones».

EQUILIBRIO REALISTA

«Hay una palabra que define mejor que ninguna otra la mentalidad del nuevo Estatuto; es la palabra equilibrio. Un equilibrio que ha eliminado todo riesgo de eclecticismo y la tentación de situarse en un fácil término medio; un equilibrio que nace de la contemplación de la realidad y de la Historia.

Dos han sido las preocupaciones principales de los hombres que han hecho el Estatuto: evitar el desgarro político a que conduciría el partidismo, y evitar que cayera en el vacío político, sin eco en la sociedad española. Naturalmente, esta obra puede frnstarse, como todas las obras humanas; pero no olvidemos que el Derecho no ha sido nunca suficiente en si. sino nada más una premisa necesaria para que luego lo llenen con su acción los hombres.»

TEMA FUNDAMENTAL: PARTICIPACIÓN

¿jos temas fundamentales en el debate del Estatuto han sido la participación en el Movimiento, el asociacionismo y la representatividad. Al tema de la participación han presentado enmiendas e´i el Pleno los señores Ballarín (pidiendo que desapareciera la fórmula «voluntad expresa») y Valero Bermejo (pidiendo que esa fórmula figurase en cabeza de la relación de las formas de participación en el Movimiento). «Al señor Bailarín respondo que, ciertamente, no queremos imponer que el asociacionismo sea el cauce úníco de participación, ya que no podemos reducirnos a mirar al futuro: la realidad nos dice que hay hombres, muchos miles de hombres, que han hecho esa "declaración expresa". Pero he de advertir igualmente al señor Bailarín que esa declaración no constituye privilegio alguno dentro de este Estatuto, cuya característica asociacionista es, junto a la pluralidad de opinión, la pluralidad de posibilidades de participación.» Igualmente se opuso a la petición del señor Valero, afirmando que

cualquier medio de participación es igualmente licito y digno. «Recuerdo al señor Valero que la idea de participación desborda en nuestro tiempo a la de pertenencia.» Asimismo, se opuso a la sugerencia de este consejero acerca de las responsabilidades de los cargos administrativos de confianza y de los miembros de las fuerzas armadas, alegando que el Estatuto estaba obligado a evitar tropiezos de jurisdicción con reglamentos de otras instituciones.

ASOCIACIONISMO

Respecto al segundo tema fundamental, el asociacionismo, dijo que es en él donde se centran los riesgos políticos cara al futuro, y que al desgarro por partidismo y a la amenaza de vacio hay que añadir la no menos peligrosa de quedarse en un mero nominalismo. «Porque, efectivamente, hay que impedir, y con el Estatuto hemos tratado de hacerlo, que bajo el nombre de asociaciones pasen a existir en la ´realidad verdaderos partidos.»

Pero no existe una política sin riesgos. A los que nos preguntan, ¿qué va a ocurrir ahora?, sólo puedo responderles que ni lo sabemos ni es posible saberlo. «Eso sí, hemos establecido un sistema de garantías en triple vertiente: garantías para el futuro político de España, garantías para las asociaciones y garantías para los asociados.» Garantías que convergen en el Consejo Nacional. La instancia y el arbitrio no son, pues, meramente judiciales, cosa ésta que sería impracticable, tratándose de enjuiciar una casuística política.: El señor Ballarín ha objetado el término «presunción fundada», apoyándose en que de esa forma se excluyen todas las pruebas jurídicas. «Recuerdo al señor Ballarín que el criterio en política no puede establecerse de la misma manera que en Derecho». Así, se ha establecido como garantía la posibilidad de denegación; pero al mismo tiempo se ha establecido el recurso al Consejo Nacional ante esta denegación.

Nuestro criterio ha sido que la decisión, para ser flexible y ajustada a los hechos, recayera siempre sobre órganos colegiados y representati vos. Difícilmente puede ofrecerse una mayor garantía real en materia política.

REPRESENTATIVIDAD

El tercer gran tema de este grupo es la representatividad, centrada en la composición de los Consejos. Las cifras a este respecto son elocuentes: se ha pasado de un 84 por 100 de designación y un 16 por 100 de elección, a un 86 por 100 de elección y un 14 por 100 de designación.

Uno de los puntos más debatidos fue el apartado h) del artículo 28. El acuerdo resultó en la sección más formal que real. La verdadera preocupación de los consejeros era que el Frente de Juventudes y la Sección Femenina estuvieran representados, en consideración a la ejecutoria política que los prestigia ante todo el país y, sobre todo, en atención a las misiones fundamentales que para el futuro les confía la Ley Orgánica del Movimiento. «Creo que cualquiera de las fórmulas propuestas en este sentido por los señores Fueyo, Labadíe y Cabello de Alba pueden prosperar en las votaciones que van a realizarse a continuación.» Aceptó asimismo las sugerencias al respecto del señor Espinosa Poveda, quien habíapropuesto que, en vez de considerarse miembros natos a los presidentes de los Consejos de Empresarios y Trabajadores, se estableciera esta representación electoralmente, y que los Sindicatos quedaran en libertad de reglamentar esta designación de sus representantes.

Acerca del tema de la presidencia de los Consejos Provinciales, el señor Cabello de Alba ha puesto el dedo en la llaga al hablar de una institución tripartita, que abarcaría al gobernador civil, al jefe de] Movimiento y al presidente del Consejo

en la provincia. «Posiblemente tenga razón el señor Cabello y sea cierto que nos hemos ocupado mucho del jefe provincial, sin preocuparnos lo suficiente del gobernador. La figura del gobernador no ha sido todavía lo bastante estudiada. Es preciso que se sepa a dónde va en su definición; si ha de volver a la estampa de jefe político que tuvo en el pasado siglo, o si en adelante se ceñirá al tipo de prefecto. Pero a mi juicio no podemos tomar las mismas previsiones para el gobernador que para el jefe provincial.»

Propone el señor Ballarín que los Consejos provinciales sean presididos por el consejero nacional correspondiente. Recordó los debates sostenidos no hace mucho en las Cortes acerca de la figura del consejero nacional, y preguntó: «¿Qué pasaría entonces con el requisito de la residencia, que allí se estableció tan liberalmente? Porque es lo cierto que un consejero nacional puede residir en Madrid; pero el presidente del Consejo de la provincia parece obligado, desde todos los puntos de vista, que resida en la provincia.»

Vio compatibles políticamente el cargo del jefe provincial con la misión del presidente del Consejo, dada la intensa representatividad de éstos, ya que con ello ganará de seguro la provincia en la certidumbre de que sus problemas son perfectamente conocidos por los mandos políticos.

Se refirió por último a la propuesta del señor Labadíe de que en el Estatuto se declarase d e r ogado expresamente el decreto de Unificación, y se sostuvo en so actitud de no hacerlo. «Por. que, ¿cuál es el rango de ese decreto, nacido en circunstancias de excepción y en el que, por una parte, se actuaba en nombre del Movimiento y, por otra, en nombre del Estado?» Desde otro punto de vista, dijo que ya esa derogación estaba hecha por partes en las Leyes Fundamentales.

Terminó pidiendo el voto en bloque para el Estatuto, a excepción de los artículos objeto de enmienda que deberían votarse seguidamente.

VOTACIÓN: TOTALIDAD

El vicepresidente del Consejo Nacional pone a votación el proyecto en bloque (salvo los artículos 8, 10, 19, 28, 37, 46, 51, 52. 53, 54 y disposición final primera). Es aprobado con nueve votos en contra, correspondientes a los consejeros nacionales don Agatángelo Soler, Rodríguez Esteban, Rafael Salgado Torres, Mateu de Ros, García Ibáñez García Hernández, Blas Pinar, Moso Goizueta, Almagro y Montes de Oca.

POR ARTÍCULOS

A continuación se votan los artículos a los que se habían presentado sugerencias. El octavo, referente a la participación de los españoles en las tareas del Movimiento Nacional, es aprobado con quince votos en contra, rechazándose, en consecuencia, las sugerencias de los señores Ballarín y Valero Bermejo. El artículo décimo se aprueba con seis votos en contra. El artículo 19 es aprobado con dos votos en contra, rechazándose la s u g erencia del señor Ballarín. Finalmente, el artículo 28 se vota apartado por apartado:

El a) se aprueba con cinco votos en contra; en el c) se acepta la supresión del párrafo final sugerida por el señor Espinosa, que hace referencia a que los presidentes de los Consejos provinciales de Empresarios y Trabajadores sean consejeros provinciales sin necesidad de que lo soliciten los interesados. El d) se aprueba con nueve votos en contra, y se llega al apartado h), que había dado, origen a diversas sugerencias de los señores Fueyo. Labadíe, Cabello de Alba y Espinosa. Estas sugerencias, como a la que se une el señor Valero, que flexiona la suya en este sentido, solicitan que este apartado se divida en dos y quede redactado así:

h) Seis consejeros designados por el secretario general del Movimiento, a propuesta del presidente del Consejo Provincial y oido dicho Consejo, de entre quienes presten o hayan prestado relevantes servicios a los fines del Movimiento.

i) Los titulares de los órganos provinciales de gestión de la Sección Femenina y de Juventudes, en razón de las funciones a ellos atribuidas en el apartado d) del artículo séptimo y en el artículo octavo de la Ley Orgánica del Movimiento y de su Consejo Nacional.

Esta fórmula es aprobada con un voto en contra. Loa últimos párrafos del artículo 28 se aprueban con 19 votos en contra.

Y acto seguido se aprueban, conforme al texto del dictamen, rechazándose enmiendas de los señores Espinosa, Labadíe y Ballarín, los artículos 46 (con cuatro votos en contra), 51 (con nueve en contra), 52 (con seis en centra. 53 (con 11 en contra), 54 (con siete en contra) y final primera (con dos en contra).

Queda, en consecuencia, aprobado el Estatuto Orgánico del Movimiento y, seguidamente, cerró el acto el señor Solía con el discurso que publicamos al comienzo de la información.

Al finalizar su discurso, el señor Solis ofreció al Caudillo, en el día de m cumpleaños, las tareas y trabajos del Consejo, como homenaje a su persona. Sus palabras fueron acogidas coa grandes aplausos.

DE LOS PROCURADORES GUINEANOS

A continuación, la Cámara, puestf en pie, escuchó la lectura del mensaje que loa ex c o n s e j eros nacionales guineanos han dirigido al vicepresidente del Consejo, y cuyo texto es el siguiente:

«.Los consejeros nacionales que suscriben, Andrés Moisés Mba y Alfredo Jones Niger, se honran dirigiéndose a V. E. para despedirse de esa Alta Cámara al cesar en sus funciones como consejeros por haber advenido nuestro país, al que representábamos, a la independencia por concesión de la Madre Patria.

En el Pleno especial que celebraron el martes en las Cortes Españolas, hemos expresado el reconocimiento de todos hacia España por cuanto hizo y continúa haciendo por nuestra nación, que figura en el concierta mundial con el nombre da Guinea Ecuatorial. Nosotros queremos, aparte y por nuestra condición de consejeros nacionales, expresarte todo nuestro agradecimiento y rogarle lo haga llegar a todos los consejeros en la primera sesión que celebre, por las atenciones y delicadezas con que nos han distinguido durante el tiempo de nuestro mandato. También queremos, a través de V. E., expresar este reconocimiento a todo el personal de ese alto organismo, por las ayudas que en todo momento nos han prestado.

Estamos seguros, señor vicepresidente, que nuestras relaciones continuarán por los mismos derroteros que hasta ahora, pues aunque pertenezcamos a países distintos, nunca olvidaremos los guineanos cuanto España hizo por todos nosotros y que seguimos perteneciendo a la falange de países de raíz hispana.

Permítanos, señor vicepresidente, reiterarle nuestro agradecimiento y ofrecernos incondicionalmente como amigos y´servidores.*

Una larga ovación acogió las últimas palabras del mensaje.

La libertad tiene que ser un mecanismo de precisión y no una bandera para irresponsables

A ABRIR PUERTAS

Ayer, ante el Pleno del Consejo Nacional, e! ministro secretario general del Movimiento y vicepresidente del Consejo, don José Solís Ruiz, pronunció el siguiente discurso:

Señores consejeros:

En 1943, cuando España se encontraba en uno de los momentos más difíciles de su reconstrucción, Francisco Franco afirmaba que «nuestro Movimiento ha de demostrar su capacidad y su lozanía para renovarse y transformarse de día en día*. Ya en aquella fecha, que subrayo como especialmente significativa para mejor valorar la falsedad de toda imputación de inmovilismo, se marcaba, por nuestro Jefe Nacional, la naturaleza esencialmente dinámica del Movimiento, como fórmula original española.

En ese camino estoy seguro que hoy es uno de sus días más trascendentes, con la culminación por el Pleno del Consejo Nacional de los Estatutos del Movimiento, con lo que se da la respuesta jurídica a la problemática de la convivencia nacional en esta hora. Lo que ha realizarlo el Consejo ha sido, pues, la actualización del Movimiento en orden e las necesidades politicas de la sociedad española, a la experiencia acumulada en estos años y el desarrollo del proceso constitucional planteado por la Ley Orgánica del Estado y, tras ella, por la ley del Movimiento y de su Consejo Nacional.

Hay que decir claramente que no habríamos podido llegar hasta aquí si no hubiera existido un dinamismo de actividades y de opiniones que han transformado, positivamente, las condiciones de España desde la fecha legitimadora del 18 de julio de 1936.

APORTACIONES Df LAS QUE SOMOS HEREDEROS

La labor del Consejo Nacional, formalizada en esta solemne sesión, es la puesta al día de unas aportaciones de las que nos sentimos herederos, desde la doctrina de la Tradición, concebida por sus más preclaras figuras coiro enseñanza de futuro. hasta la aportación inigualable de José Antonio, que impregna hoy, hasta más allá de lo imaginable, la vida nacional y la mentalidad de sus hombres, incluso de las nuevas generaciones, y que constituye el más claro ejemplo de negativa a una rigidez de posiciones. Fue él mismo, fundacionalmente, quien concibió a la Falange con un sentido permanente ante la Historia y anje Ja, vida, pero destacando ojje ese propío sentido es él único que da las soluciones ante lo concreto.

Durante todos estos años ha existido una canalización de sugerencias y hasta de disentimientos cuyo artífice principal ha sido el Movimiento Nacional, ni exclusivo ni exclusivista, que ha crfiado, primero, una realidad nacional que desbordaría las viejas leyes y. consecuentemente, por ello, ha estimulado una actitud política nueva, que nos ha llevado a la situación actual, de una mayor apertura en aquella concurrencia y de una resuelta Invitación de compromiso general de los españoles en las responsabilidades políticas.

EVOLUCIÓN Y CONTINUIDAD DEL MOVIMIENTO

Podríamos decir que el Movimiento no ha tenido ni puede tener hoy fractura, sino evolución y continuidad. La configuración fíe su estructura y le mayor o menor actividad de sus órganos ha tenido siempre una justificación en la realidad política que condiciona, en cada caso, sus actos como sistema.

A la España combatiente juvenil de la etapa fundacional le fue bien una estructura de unidad como punto de partida, frente al peligro de ía heterogeneidad de los diferentes sectores políticos que se sumaron al

Alzamiento de julio.

La etapa de la reconstrucción, en todos sus aspectos, de la vida del país, necesitaba, principalmente, las vocaciones políticas de vanguardia para intentar conseguir, en lo posible, los programas entrañables de la primera hora. Era, ciertamente, un tiempo de acción y de marcha, más que de deliberación y sosiego político. Lo que teníamos en le mano era una España deshecha y había que dar en seguida el orgullo de la Patria, el Pan y la Justicia. Cuando los pueblos pasan por trances como éste hay siempre una minoría inasequible al desaliento, que se adentra en 1a Historia gloriosamente, y así ha de hacerlo, aunque se la critique, se la acuse injustamente o incluso con el tiempo se olvide su servicio.

Los hombres que habían estado en las Banderas de Falange, en los Tercios de Roquetes, en las unidarfes gloriosas de nuestros Ejércitos, fueron los mismos que se hallaron siempre en los momentos difíciles del cerco exterior, en las luchas de tantos pueblos de !a Patria frente al bandolerismo apoyado rtesde fuera, en la creación en cada hogar y en cada calle del necesario clima de moral, de entusiasmo, de fe y de lealtad. Pero, al lado de esto, todas esas generaciones y las que con las primeras se fueron soldando no se conformaban con el milagro de una defensa de valores espirituales Estos mismos hombres se encontraron, también, en la lucha contra la pobreza económica de un país como el nuestro, que. metido en el segundo tercio de nuestro siglo, tenía una industria aislada y balbuciente, una población obrera carente de Seguridad Social y derechos efectivamente defendibles, una agricultura rudimentaria y un mecanismo político establecido sobre un sistema de corruptelas. Todo esto hay que recordarlo siempre para las conciencias olvidadizas y principalmente para los jóvenes que no conocieron lo que era aquélla España, una Patria srloriosa, colmada de querella? ron un vergonzoso índice de analfabetismo, desmoralizada y con una falsa fachada externa de libertades que ocultaba tas tristes realidades de la miseria, de la coacción y de la opresión.

Esta es la historia, en pocas palabras, del comportamiento de nuestros hombres, acaudillados por Franco, en las funciones o en tas horas de responsabilidad que les fueron encomendadas. Ahí está España, en la realidad de su presente y de su evolución. Nada parecido pueden invocar los de la palabrería fácil y el consumo gratuito de ideas al plácido recreo de las tertulias.

EL DESARROLO POLÍTICO

Cuando, como consecuencia de todo ello, logramos poner en pie una España distinta, la Patria de los nuevos jóvenes, de las generaciones recién llegadas, estábamos delante del progreso económico y social.

Entonces el Movimiento Nacional tenia que abrir una nueva gran etapa, y ya el fruto de las anteriores le permitía moverse, aunque con nuestras peculiaridades, dentro de las grandes lineas de nuestro tiempo, qut no son otras que libertad dentro de un orden y justicia social.

Ello entrañaba, forzosamente, un despliegue de nuestras instituciones políticas, con vista al desarrollo positivo de auténticas libertades públicas.

Los que afirman que vamos a la zaga de los acontecimientos desconocen o niegan unos hechos cuyo conocimiento está al alcance de cualquiera. Precisamente hace ya cuatro años dijimos en Vigo, en un Consejo de la Sección Femenina, que el pueblo español demandaba, desde luego, un desarrollo económico y social; pero que aún con más vigor reclamaba incluso como obligada consecuencia, un desarrollo político. Por ello, entonces solicitábamos autorización y colaboraciones para emprender ese desarrollo. En aquel tiempo intuímos ya lo que seria la España de ahora mismo, y quisimos adelantarnos precisamente a los acontecimientos, sugiriendo que debíamos actualizar las leyes fundamentales en aquellos aspectos que merecían perfeccionamiento, y completar el cuadro constituyente con las dos leyes importantes que, a nuestro juicio, faltaban: la del Estado y la del Movimiento Nacional.

Desde entonces empezamos esta tarea trascendental, aunque estas actividades se imputaban, por algunos, como innecesarias o temerarias. Unos cte buena fe, pero con falta de visión cara al futuro, y otros porque sabían que actualizar y perfeccionar es renovarse, y en realidad lo que deseaban era el mantenimiento de un basamento legal por el tiempo desactualizado, ya que. sin atreverse a confesarlo, aspiraban a sustituir al Movimiento por viejas fórmulas políticas fracasadas en España.

En este Pleno del Consejo Nacional hay personas que comenzaron a trabajar en tales temas desde aquella fecha y fueron los movilizadores de ios materiales principales que se acumularían después para la redacción de los grandes textos políticos de la nueva época. No exageramos, por ello, ni nos vestimos con plumas ajenas, cuando decimos que. desde el Movimiento Nacional, con el estimulo de Franco, partió la idea y se trabajó en la iniciativa de perfeccionar y completar nuestras Leyes Fundamentales; como decimos igualmente una verdad irrefutable, al señalar que el Sindicalismo estableció la nueva mentalidad de promoción económica, con la fundación de los Consejos Económicos Sindicales, recabando y globalizando todos los estudios de las provincias y de los diferentes sectores.

EL MOVIMIENTO Y LA LEY ORGÁNICA

Cuando todos estos estudios se concretaron en la Ley Orgánica y el Jefe del Estado decidió fuera sometida a Referéndum del pueblo español, fuimos también los hombres del .Movimiento Nacional los que, a lo largo de toda la Patria, hicimos mayor aportación de actividad para hacerlo llegar al conocimiento de todos los españoles y permitir así su más acertado Juicio a la hora de la emisión del voto.

Estuvimos en las minas, en las fábricas y en los poblados de pescadores, en las grandes concentraciones urbanas y en los centros de labradores. Todo esto es perfectamente conocidOi perqué lo ha vivido el pueblo español, que es el primero en valorar las conductas auténticas. Ahora no faltan interpretaciones para aquel Referéndum; pero en sus vísperas, Franco, en primer lugar, y el Movimiento Nacional con todos sus hombres, puso su fe. como siempre, en la voluntad de los españoles. Y porque eso se sabe y es también irrebatible, lo invoco aquí, pues por sí solo denuncia como inconcebible que alguien piense que los hombres de ese Movimiento, que tan decisiva participación tuvimos en apoyar aquella Ley Orgánica del Estado, vayamos a ser ahora los que busquen un retroceso.

Por todo ello, a nivel institucional, en el Movimiento no ha habido inmovilismo, sino dinamismo; y mucho menos va a haber regresividad, cuando somos los libres y conscientes autores de la apertura.

Dada esa activa presencia en la construcción de una nueva sociedad que permitiera actuales formas de convivencia, no cabe duda que nos habíamos percatado de la convivencia de dar una respuesta política al pluralismo de soluciones concretas y de actitudes consecuentes con ese dinamismo del Movimiento Nacional. Naturalmente, sabemos que estamos delante de una sociedad pluralista, tanto de intereses como de opiniones: pero que deben resolverse en la sintesis superior que es la Patria.

NI PARTIDO ÚNICO Ni SISTEMAS DE PARTIDOS

ral ningún momento se nos ha pasado por la imaginación construir un partido único regimentando las ideas, dejando sin audiencia los intereses y configurando un aparato de poder inabordable e infalible. Esto es un viejo «clisé» que nos adjudican aquellos a quienes les falta imaginación y son sordos a la información para hacernos la crítica verdadera y honesta en nuestros fallos y errores, que tendremos como personas capaces de acertar o equivocarse, y en la que, por qué no decirlo, también había de examinarse una linea de conducta encaminada, siempre, a construir las instituciones sobre las realidades. Pero al ropio tiempo debe quedar buena constancia de que no hemos querido en ningún momento que esta respuesta que deseábamos dar al pluralismo estuviera unida ai restablecimiento del partidismo político, que fue una de las causas de nuestras pasadas desgracias nacionales. Ya sé que muchas mentes simplistas aseguran que el pluralismo obliga a la creación de un sistema de partidos. Pero nosotros decimos resueltamente que no; esto sería la restauración de la democracia demoliberal, cuya crisis comienza a producirse desde su mismo planteamiento y que tan atinadamente fustigó con su verbo cálido José Antonio Primo de Rivera. Nos asombra que mentes obligadas a tener buen juicio, no vean que ese inútil esfuerzo de resurrección de formas caducas constituye precisamente la más incuestionable expresión del peor inmovilismo. No tienen más que observar lo que está pasando por ahí fuera. Ha terminado en el mundo la época del minifundio político, de los partidos, y nuevas fuerzas más auténticas tratan de representar a la sociedad actual. Paralelamente a esta transformación aparece el nuevo Sindicalismo, que es una fuerza social cuya presencia activa no puede desconocerse en determinados asuntos básicos del proceso político. El auge de las doctrinas socializadoras, las nuevas realidades del derecho social, el prestigio del Sindicalismo y el progreso técnico, han hecho trizas el viejo orden individualista. Por eso, ciertos liberales y demócratas históricos, sin anteojeras en cuanto a ésta realidad a escala social, reconocen que la fuerza de los acontecimientos exige la construcción de una nueva democracia, de una democracia social.

Esta es la situación y aquí es donde nosotros ofrecemos, en actualización de nuestras Leyes Fundamentales, un camino que no se aparta de tee exigencias politicas e ideologicas de nuestro tiempo.

En este caso, la Ley Orgánica del Estado, aprobada aplástantemente por el pueblo español en 1966, es un verdadero ejemplo. De acuerdo con ella, nace la Ley Orgánica del Movimiento y de su Consejo Nacional, se han elaborado ahora estos estatutos y tendremos muy pronto nueva ley Sindical

UNA NUEVA DEMOCRACIA

Una democracia se manifiesta cuando tes bases populares se mueven y se organizan y toman parte en todos los asuntos que afectan a la comunidad; y cuando los representantes de la nación en los altos organismos legislativos o consultivos pueden tener la iniciativa de hacer las leyes o de intervenir con sus opiniones en la modificación de los proyectos de ley ofrecidos por los Gobiernos. Nosotros hemos hecho algo más decisivo y capital. Hemos instalado, mediante la familia, el Municipio y el Sindicato, a los propios ciudadanos en las áreas de la responsabilidad política: en los Ayuntamientos, en las Diputaciones en las Cortes y en este Consejo Nacional. Las representaciones económicas y sociales, e través de sus Sindicatos, administran la Seguridad Social y participan en la planificación del desarrollo. Hemos creado una democracia de origen popular y de ejercicio a gran nivel, y no exclusivamente de minorías llamadas al servicio político para ser intermediarios del pueblo. Y todo ello, naturalmente, para estar a buen rendimiento respecto a las nuevas corrientes doctrinales de una auténtica nueva democracia. Hemos abierto un despliegue de libertades dentro de la lealtad a los principios del Movimiento Nacional, para que no ocurra el viejo hecho atroz de los regímenes antiguos, que abrían la puerta de la concurrencia a los que no tenían otro propósito que destruir el orden constituido, en lugar de pretender sumar los esfuerzos de todos para crear un país próspero, justo y feliz. La experiencia no nos puede hacor caer en Jos mismos errores del pasado. Los Principios del Movimiento son tan amplios, están tan vigentes respecto a las aspiraciones del tiempo en que vivimos, sirven por igual de absoluta manera a la libertad individual, que dan cabida a todos en e! Régimen para una tarea de interés común, de respeto mutuo y de unidad de los españoles. Aquellos que no quieren aceptarlo es porque se proponen acabar con el Régimen mismo, porque son de verdad contrarios a toda posibilidad de evolución y sólo deseen volver al triste destino de siglo y medio de luchas intestinas, de discordias civiles y de atraso político, económico, social y cultural.

Ha costado demasiado caro este vaivén trágico para que nosotros, por irresponsabilidad, por vanidad o por cobardía, vayamos a colaborar en su restablecimiento.

Con la reforma política del Movimiento que acabamos de proponer y con la reforma sindical que está en puertas vamos a ofrecer una posibilidad de libertad política dentro de una unidad de principios y de objetivos. Un moderno semblante de democracia social que anime a los españoles a la convivencia en la paz y 0 cerrar el paso aJ vacío o al enfrentamiento violento.

EL ESTATUTO SIGNIFICA APERTURA

Vamos a abrir todas las puertas y ventanas que sean necesarias, y en estos estatutos está bien clara esa apertura. Pero ninguna que permita la entrada de la violencia y del caos. Fieles a este principio, los estatutos que habéis aprobado encierran, con serenidad y con eficacia, grandes novedades. El Movimiento permite la participación de todo el pueblo español y «e constituye un sistema, una constelación, de asociaciones, de organizaciones y de otras entidades, dentro del orden constitucional que enmarcan los Principios del Movimiento.

Las dos coordenadas fundamentales son el incremento de la representatívidad y el asociacionismo dentro de un orden político.

En el primer aspecto somos conscientes de que la verdadera libertad política reside en instrumentar con toda amplitud tai participación. En esta línea, les Consejos Provinciales y Locales tienen no ya una base representativa, sino, lo que es más importante, una representación de base, como lo demuestra el que en los Consejos Locales nos adelantemos, incluso sobre muchos países, a ofrecer un sector de sus componentes a la elección directa por tos españoles de ambos sexos, mayores de dieciocho años.

En el ámbito del asociacionismo no soto se admiten los fines profesionales no encuadrados sindicalmente, los culturales y doctrinales, sino que se alcanza la constitución de entidades para contribuir a la formulación de las opiniones en orden * la posibilidad de un análisis crítico de las soluciones concretas de Gobierno y la formulación ordenada de medidas y programas que se orienten al servicio de la comunidad nacional. Tal asociacionismo puede recoger la pluralidad de opciones legítimas con una eficacia superior a los viejos partidos en cuanto éstos se tranformaron en plataformas organizadas para la ocupación personal del Poder, sin que esas soluciones tuvieran en ellos más valor que el propagandístico para el momento de las elecciones.

Con todo ello se constituyen unas estructuras cuya utilidad máxima reside en el equilibrio con que han sido concebidas, y de cuya orientación y garantía se encarga el supremo órgano colegiado, esto es, el Consejo Nacional, al que corresponde por ley fundamental.

Este equilibrio, logrado mediante la composición representativa de los Consejos, Impide, por á mismo, cualquier abuso o desigualdad. Un sistema político de hrhfbfcía es aquel que tiene dentro poder de promoción. Ahora es preciso qne en las disposiciones internas que desarrollen lo aprobado, no se desvirtúe el espirita de lo obtenido y se tenga en la acción nn admirable tacto para hacer posible, en dosis parecidas, encada y tolerancia. La libertad tiene que ser un mecanismo de precisión y no una mera bandera para irresponsables.

NO HAY BORRÓN Y CUENTA HUEVA

Habéis tenido el acierto de conservar todo aquello que está justificado por sus obras, y por la esperanza que se deposita en ello. o que se refrenda en sus intenciones. Aquí no hay borrón y cuenta nueva.

Venimos del dieciocho de Julio y no toleraremos ningún fraude de fechas. Y estos orígenes nos obligan a varias cosas: a mantener la lealtad a Franco mientras viva y a la obra de Franco más allá de su existencia.

A evolucionar, actualizando; y no actualizar demoliendo.

A no tener complejo respecto al pasado, ano asumiendo su responsabilidad.

A no preocuparnos de la. critica de minoría alguna, si nos mantenemos entregados al servicio de nuestro pueblo, de nuestra doctrina y de nuestra Patria.

Creo, en verdad, que ofrecemos un instrumento útil a los españoles y, para ello, hay que ponerlo en marcha con toda la autenticidad con que fue elaborado en largas deliberaciones por este Consejo Nacional.

Ninguna institución tiene otro fin que el servicio de la comunidad de hombres que la componen, y en tal sentido los memos que ofrecemos son aptos en cuanto que hemos introducido la mayor cantidad de porvenir, sin desconocer el presente ni el pasado. Nadie puede negar honradamente que ofrecemos posibilidades auténticas para contraste de pareceres, para todo el que quiera dialogar, incluso sin intermedianos, sobre los problemas vivos de la Patria, que son los de sus hombres, los de sus mujeres, toe de sus veteranos y los de los jóvenes.

PARTICIPACIÓN DE TODOS

Nos hemos esforzado en construir an terreno y unas reglas de juego, y como lo hemos realizado como culminación de un desarrollo político en el que creemos sinceramente, estoy seguro que los españoles sabrán apreciarlo, utilizarlo y hasta mejorarlo de la única forma que esto puede hacerse, y es con la participación de todos.

Los textos políticos que, como éste, se proponen dar satisfacción a una realidad concreta, no son inmodificables. Pero, como vicepresidente de este Consejo Nacional y ministro secretario general del

Movimiento, confío mucho en su eficacia para España.

Mi felicitación más entusiasta a la sección que ha tenido este encargo, a la Ponencia que con tanta brillantez lo ha llevado adelante, y a todos los que, con sus sugerencias o su apoyo, han hecho posible esta gozosa realidad que estamos viviendo.

Yo, como secretario general, como hombre del dieciocho de Julio, tengo la conciencia tranquila ante ej deber cumplido, al haber entregado medía vida en defensa de nuestra doctrina, al servicio de nuestro pueblo, con lealtad a Franco y a nuestra Patria. ¡Arriba España!

 

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