En el aniversario del Carmelo del Cerro de los Ángeles. 
 Nos hemos empeñado, cediendo a una infernal tentación, en extender sobre España una nube sombría de defectos  :   
 Necesitamos volver a las fuentes más puras y que el sentido religioso no se extinga de las familias. 
 ABC.    30/05/1974.  Página: 47. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

ABC. JUEVES 30 DE MAYO DE 1974.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY

EN EL ANIVERSARIO DEL CARMELO DEL CERRO DE LOS ANGELES NOS HEMOS EMPEÑADO,

CEDIENDO A UNA INFERNAL TENTACIÓN, EN EXTENDER SOBRE ESPAÑA UNA NUBE SOMBRÍA DE

DEFECTOS

El porvenir de nuestra nación será lo que queramos todos cuantos amamos a Dios y

a nuestra Patria, dijo también el cardenal primado

NECESITAMOS VOLVER A LAS FUENTES MAS PURAS Y QUE EL SENTIDO RELIGIOSO NO SE

EXTINGA DE LAS FAMILIAS

Toledo 29. «Hoy, como ayer, hay defectos en todos y virtudes también. Los

defectos que aparezcan en nuestra vida nacional, los reconocimos con humildad, y

en lugar de que nos sirvan de incentivo para la protesta amarga, deben servirnos

de estímulo para la corrección digna de los mismos», afirma monseñor Marcelo

Martín, Cardenal arzobispo de Toledo y primado de España, en una homilía

pronunciada con motivo del L aniversario de la fundación del Carmelo del Cerro

de los Angeles.

¿Las virtudes —signe diciendo el primado— existen también. ¿Cómo no han de

existir? en cada español, en cada hijo de la Iglesia de España y en el conjunto

de la vida nacional. A pesar de que, cediendo a no sé qué infernal tentación,

parece que nos hemos empeñado todos, en que se extienda sobre toda España una

nube sombría que únicamente nos obligara a reconocer limitaciones y defectos.

Esto no solamente es una injuria al orden nacional, es una inexactitud absoluta

en el orden religioso. No se trata de presumir de nada. Sencillamente se trata

de reconocer lo que haya de fidelidad en aquellos que porque Dios se lo da

quieren seguir cumpliendo con ese tributo, del obsequio de ser fieles a Dios

nuestro Señor. Hay familias cristianas, hay instituciones hermosas, hay juventud

sana, todavía: hay muchas comunidades religiosas santas, hay sacerdotes a

millares que trabajan por la causa de Dios y sirven dignamente a la Iglesia y a

su Patria. Hay un conjunto inmenso de virtudes nacionales, las cuales no las

invocamos para ninguna clase de manifestación arrogante, que sería incompatible

con la humildad evangélica. Simplemente lo hacemos para ser justos y para poder

dar una palabra de ánimo, a quienes, igual que nosotros, necesitan encontrar ya

en las fuentes puras de la convivencia religiosa y en la identificación en los

propósitos de vida nacional, en orden a conseguir siempre un futuro mejor. Ese

futuro, sea el que sea, no nos dispensa de seguir manifestando nuestra adhesión,

nuestro respeto, nuestro amor y nuestra veneración a todas las grandes

realidades del pasado.»

«Nadie puede conocer el porvenir de nuestra nación —afirma más adelante—, pero

será en gran parte lo que queramos que sea todos cuantos amamos a Dios y a

nuestra Patria. Necesitamos volver a las fuentes más puras y otra vez hacer que

nuestras calles, las de nuestras ciudades y nuestros pueblos, respiren la paz de

las conciencias, como exigencia anterior para la convivencia de la paz social.

Necesitamos que el sentido religioso no se extinga, no desaparezca dé nuestras

familias. Tiene que haber manifestaciones públicas también no por triunfalismos

exterioristas. sino sencillamente para reconocer en justicia el triunfo a que

Cristo tiene derecho.»

«Es un error muy torpe —concluye— invocar el Concilio Vaticano II para querer

justificar con él silenciosas neutralidades en el servicio a Dios, como si a

partir de ese momento, únicamente tuviéramos que cumplir con la obligación del

silencio. Ese silencio, siempre será debido como obsequio a Dios y en ese

silencio se levanta nuestra fe, pero con ese silencio vienen también las

palabras y las proclamaciones públicas.»

Cifra.

 

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