"España ha vivido en estos años un evidente crecimiento económico, pero ese proceso no ha sido equitativamente distribuido"  :   
 La Comisión Episcopal de Apostolado Social, en una amplia nota, analiza el momento económico de nuestro país. 
 ABC.    20/09/1974.  Página: 25, 27-29. Páginas: 4. Párrafos: 66. 

ABC

Madrid, Viernes 20 de septiembre de 1974

Director: Torcuato de Tena

"ESPAÑA HA VIVIDO EN ESTOS ANOS UN EVIDENTE CRECIMIENTO ECONÓMICO, PERO ESE

PROCESO NO HA SIDO EQUITATIVAMENTE DISTRIBUIDO"

La Comisión Episcopal de Apostolado Social, en una amplia nota, analiza el

momento económico de nuestro país

LOS OBISPOS INSISTEN EN LA ORDENACIÓN JURÍDICA DEL DERECHO DE HUELGA, LA REFORMA

DEL SISTEMA FISCAL Y LA TRANSPARENCIA INFORMATIVA EN LA VIDA ECONÓMICA Y

POLÍTICA

EL FENÓMENO DE LA INFLACIÓN TIENDE A EMPEORAR LA DISTRIBUCIÓN DE LA RENTA EN

PERJUICIO DE LOS MAS DÉBILES

No están libres de responsabilidad moral quienes fomentan la carrera de precios,

la multiplicación de intermediarios o la especulación del suelo

ES INDISPENSABLE QUE SEPAMOS CORRER EL RIESGO DE LA LIBERTAD

El abuso del secreto en la vida económica y administrativa favorece la

irresponsabilidad y aun la corrupción

La Comisión permanente del Episcopado —que concluyó ayer sus sesiones en El

Escorial— conocía y dio vía libre al texto en el que la Comisión Episcopal de

Apostolado Social enjuicia y valora, desde el punto de vista cristiano, la

actual situación económica y social de nuestro país. El documentó es, por tanto,

de la Comisión de Apostolado Social (compuesta por los obispas Díaz Merchán —

Oviedo— como presidente, e Infantes Florido -Canarias—, Guix — Barcelona—

Montero —Sevilla—. Oses —Huesca— y Setién —San Sebastián— como miembros) con el

aval y autorización de la Permanente.

Dada la importancia ae esta nota, publicamos una amplísima selección de este

texto, suprimiendo únicamente aquellos párrafos que recogen una doctrina social

de la Iglesia ya más conocida o aquellos aspectos que, por teológicos, tienen un

carácter menos periodistico. Todo el resto es en versión literal como sigue:

1- ANTE LA ACTUAL SITUACIÓN ECONÓMICA: INQUIETUD Y ES PEPERANZA

Desde hace algunos meses, los problemas de la economía española y sus

repercusiones político-sociales han ocupado la atención de los ciudadanos y de

los oréanos de la Administración pública. Hay que constatar, ademas, que los

problemas planteados a nuestra economía no caen al mar gen de unos

planteamientos más generales de carácter internacional.

La llamada «crisis energética» ha jugado un papel Importante: son muchos los

países que han experimentado sobre si las consecuencias perniciosas de la

inflación; tos Gobiernos, por su parte, se han visto obligados a adoptar medidas

cuyas repercusiones se han dejado sentir más allá de tas propias fronteras y han

afectado a miembros de otras nacionalidades, particularmente en lo que se

refíere al trabajo de los emigrantes.

Existen otras roces que apartan su luz desde obras perspectivas; cumplen también

ellas un mandato divino que es al mismo tiempo, urgencia de solidaridad humana.

Pero no será Inútil que, junto a ellas haya también ana reflexión de la hecha en

alta voz, por la jerarquía de la Iglesia, con ánimo de servir a nuestro puebla

tanto a las esferas dirigentes cerno a las miembros y a los grupos del cuerpo

social. Tal es el propósito de la presente nota de la Comisión Episcopal de

apostolado Social, elaborada per encargo de la Permanente de la Conferencia

Episcopal Española.

2- ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN ECONOMICA

A) CRECIMIENTO ECONOMICO Y DESARROLLO

La sociedad española ha vivido unos años de evidente crecimiento economico y de

desarrollo; amplios sectores han superado las angustiosas carencias de décadas

pasadías, la actuación de la Administración pública, la iniciativa de las

particulares, el esfuerzo de la población trabajadora, tanto en la propia nación

como en el extranjero, los ingresos producidos por el turismo, junto con el

progreso técnico que ha suministrado los instrumentos necesarios, han hecho

posible esta realidad. Ello ha exigido duros esfuerzos a la sociedad española,

jornadas laborales prolongadas con horas extraordinarias, migraciones interiores

y exteriores.

El crecimiento económico ha supuesto la creación y acumulación de capitales,

provenientes en parte muy notable de un ahorro forzoso, que ha operado por

diversos mecanismos de los que no ha sido ajena la inflación.

Últimamente se ha acelerado el proceso de inversión de capitales extranjeros y

la presencia de empresas multinacionales, en nuestro país, lo que constituye

motivo de inquietud, descontento y hasta de división. Hay quienes estiman que

las inversiones extranjeras eran absolutamente necesarias y han contribuido en

buena parte a la creación de nuevos puestos de trabajo; otros ven en la entrada

de capitales extranjeros, en las condiciones en que se ha realizado, el comienzo

de un proceso de ´Pérdida de independencia económica que puede derivar, incluso,

hacia diversas formas de dependencia en el orden político, que gravarían

fuertemente la suerte del país en el futuro.

El desarrollo económico ha ido acompañado en nuestro país de un manifiesto

aumento cuantitativo de consumo, que es, de alguna manera, índice de progreso y

de bienestar humano; incluso cabe decir que, en sistemas económicos como el de

nuestro país, el crecimiento del consumo ha de acompañar al crecimiento

económico y al pleno empleo.

Pero el consumo no ha sido solamente fruto espontáneo del deseo de satisfacer

las propias necesidades; ha sido alentado, y fomentado por una fuerte presión

publicitaria, con profundas repercusiones en la jerarquía de los valores que

privan en nuestro medio social.

B) DESARROLLO Y EQUILIBRIO SOCIAL

Las metas logradas en el desarrollo cuantitativo no han de ocultar los objetivos

que debe alcanzar un desarrollo cualitativo más humano y comunitario. Todavía es

posible identificar en nuestro país grupos humanos y aún regiones, que no han

logrado salir de una situación de pobreza y de insuficiencia material. No todos

los sectores de la vida económica han seguido la misma tasa de crecimiento; la

agricultura constituye un sector deprimido comparativamente a las industrias de

transformación y al sector de los servicios, que han progresado notablemente.

Se echa de menos, por ello, un mayor equilibrio y equidad en la distribución de

la renta nacional entre las diversas regiones y entre los sectores de la

actividad económica. Refiriéndonos de modo particular a los ingresos de trabajo,

se ha de constatar une el crecimiento económico ha producido diferencias

desmesuradas entre los ingresos de quienes participan en el proceso de la

producción. Llega a hablarse entre nosotros de proporciones de uno a treinta,

cuando no de excesos superiores, en las rentas fijas de trabajo, aparte de los

beneficios del capital. En realidad, nos hallamos aquí ante un problema de

justicia que afecta a la estructura misma de nuestro sistema económico-social.

No debe reducirse la visión de esta realidad de las diferencias excesivas en la

distribución del producto nacional, solamente a las relaciones laborales. La

desproporción afecta también a quienes ejercen ciertas profesiones liberales. En

el origen de estas desigualdades puede existir una equivocada valoración del

servicio que dichas profesiones prestan a la comunidad. Pero cabe también

preguntarse si para la explicación de este fenómeno no hay que recurrir a la

existencia de unas posiciones sociales excluyentes, nacidas de la restricción de

plazas, impuesta por los cuerpos profesionales, o de una inadecuada legislación

fiscal.

No ha de extrañarnos que en este medio económico-social surja, en ocasiones, el

deseo de una eficaz reivindicación de parte de quienes participan, en

proporciones inferiores, de la renta nacional y particularmente por parte de los

trabajadores.

Los conflictos laborales y las huelgas se han ido multiplicando entre nosotros,

especialmente en algunas reglones. La inadecuada ordenación jurídica de esta

materia en nuestro país tiene consecuencias de diversas naturaleza,

perjudiciales para el bien común. Los conflictos laborales derivan fácilmente

hacia el logro de objetivos políticos diferentes de los que el mismo conflicto

originariamente pretendía; la búsqueda de unos modos de representatividad de los

trabajadores, distintos de los legalmente establecidas, crea fácilmente

situaciones ilegales que buscan la protección en la clandestinidad; una idea

estrecha de lo que ha de ser el orden público, que la autoridad debe tutelar,

Impulsa a la utilización de medidas coactivas que paralizan las acciones

ordenadas al logro de justas reivindicaciones laborales.

El crecimiento económico y la acumulación de capitales han producido también e]

hecho de la concentración del poder de decisión en pocas manos,

independientemente de la forma jurídica de que se revista la disponibilidad de

los medios de producción y el control sobre los mismos. Las decisiones adoptadas

por quienes detentan el poder económico comprometen seriamente la vida de la

comunidad entera, en sus diversos niveles, sin excluir el político. La mayoría

de la población ha de plegarse, más o menos silenciosamente, a las disposiciones

adoptadas por voluntades ajenas, en cuya elaboración na ha participado

eficazmente.

C) DESARROLLO E INFLACIÓN

Desde hace algún tiempo nuestra economía viene siendo afectada por un factor de

inquietud y de graves consecuencias sociales, cual es la inflación, reflejada

entre otras cosas, en una desmedida elevación del coste de la vida. A decir

verdad, no es éste un hecho del que quedan libres otras naciones que han

alcanzado incluso niveles superiores de desarrollo económico. El fenómeno de la

inflación, por su misma naturaleza, tiende a empeorar la distribución de las

rentas, en perjuicio precisamente de aquellos a quienes, por ser económicamente

más débiles, necesitan ser más favorecidos. Al subir los precios y perder el

dinero poder de compra, se ven afectados negativamente y de inmediato todos los

que tienen ingresos fijos, y más si éstos son bajos, como suele ocurrir con los

asalariados y, en mayor grado aún, con las clases pasivas.

La inflación erosiona también el valor de lo ahorrado, el dinero de las clases

medias y humildes que, con buena voluntad y en sumas cuantiosas, ponen a

disposición de la economía del país; en forma de cuentas corrientes y de

cartillas de ahorro. Al mismo tiempo que perjudica a los débiles, la inflación

ofrece la posibilidad de realizar acciones de índole especulativa, dando lugar a

diversas formas de enriquecimiento, en modo alguno justificado, por un

correlativo servicio al bien común.

La urgencia de poner remedio a la inflación, junto con las consecuencias que

directa o indirectamente sigue teniendo la crisis energética del petróleo, hacen

que en la presente coyuntura económica preocupe especialmente el peligro del

paro obrero. El peligro para España alcanza quizá una gravedad especial por el

hecho de que, a las dificultades internas, se suman tas que provienen de tas

consecuencias que el paro en otras naciones europeas puede tener en los

emigrantes españoles que trabajan en otros países.

El paro no se hace presente solamente cuando los obreros quedan sin trabajo; en

situaciones en que la economía de los trabajadores está, en parte importante,

apoyada en horas extraordinarias, la supresión de éstas repercutirá

inevitablemente en el equilibrio de los presupuestos familiares, en el pago de

deudas contraídas para su liquidación a plazas y. de otras múltiples maneras.

3- INTERVENCIÓN EPISCOPAL: SU JUSTIFICACIÓN Y ALCANCE

Los obispos miembros de la Comisión Episcopal de Apostolado Social creemos que

es una obligación de nuestro ministerio pastoral tratar de conocer la realidad

económico-social y de reflexionar sobre ella a la luz del Evangelio y de la

doctrina de la Iglesia. Sólo en este esfuerzo de iluminación de las situaciones

concretas en las une vivimos no sólo individuales, sino también comunitarias, es

posible comprender

la totalidad del contenido que tiene el misterio de salvación que nos ha sido

manifestado y dado en Jesucristo.

La preocupación que los obispos mostramos por los problemas humanos y en

particular, por las cuestiones económico-sociales, no debe ser Interpretada como

roa indebida intromisión en el campo de las actividades temporales o en el

ámbito & la competencia de la sociedad civil. Queremos ser delicadamente

respetuosos de la autonomía propia de las realidades temporales, en sus diversos

niveles, incluso políticos, en loa que tales realidades se desenvuelven, Pero,

al mismo tiempo, queremos también ser fieles cumplidores del mandato recibido de

Dios y de la Iglesia, de anunciar al Reino de Dios que es verdad, justicia,

libertad y amor.

Todo lo que es positiva aportación a la creación de una sociedad humana mas

fraternal es merecedor de parte de la Iglesia, de apoyo y de gozosa acogida. Al

mismo tiempo ella quiere estimular el esfuerzo de quienes, movidos por un deseo

sincero de realizar el bien común, buscan conocer y superar las raíces y las

manifestaciones de los males y las deficiencias sociales.

4-ACTITUDES CRISTIANAS ANTE LA SITUACIÓN ECONÓMICA

Desde Ja perspectiva del hombre nuevo configurado en Jesucristo y de la

Humanidad plenamente reconciliada a la que debe tender la sociedad, los

problemas y situaciones humanas adquieren una tus nueva, que permite la

corrección continuada y las transformaciones mas profundas.

A) LUCES Y SOMBRAS DEL DESARROLLO

Los cristianos valoramos positivamente todos los esfuerzos encaminados al

crecimiento económico. Dios ha entregado el mundo al hombre como vocación: la

transformación del mundo es la tarea propio del hombre y el medio de satisfacer

sus variadísimas necesidades. El crecimíento económico es necesario para una

liberación integral de la humanidad.

Esta liberación no puede medirse, sin embargo, con criterios cuantitativos de

consumo; la necesaria elevación del nivel de vida no puede confundirse con la

realízacíón integral del hombre.

El consumo no es un mal en sí; el mal está en el modo y medida en ave se

practica y se fomente. Las clases pudientes han establecido una carrera en pos

de los bienes de consumo, que oscurece el sentido moral y crea él vacío humano

en quienes colmaron sus aspiraciones materiales o nacieron en un ambiente de

abundancia; los que aún no han conquistado esos niveles, se torturan, caen en el

resentimiento o, en el mejor de los casos, se afanan tanto por ganar, que

olvidan otros valores de mayor calidad.

tas técnicas y tácticas publicitarias recurren a procedimientos que, no sólo

afectan a una auténtica jerarquía de valores, sino que llegan incluso a atentar

seriamente a la misma libertad humana.

El aumento del nivel de vida debe orientarse hacia un nuevo género de vida en el

que los valores culturales, espirituales y religiosos tengan la primacía sobre

los puramente materiales. Por ello, la publicidad que estimula por todos los

medios el consumo desenfrenado dé los bienes materiales, está denunciando, por

él mero hecho de existir, una deficiencia fundamental del sistema socio-

económico. No es el sistema el que sirve al hombre: es el hombre el que queda

sometido a las exigencias del funcionamiento del sistema.

La acumulación de capítol necesaria para el proceso de industrializacíón que

estamos experimentando plantea muy graves problemas a la conciencia cristiana.

La apropiación por parte de unos pocos de lo que es fruto del esfuerzo de la

comunidad, no puede justificarse moralmente aun cuando no existan dificultades

legales aqui se opongan a ello. Queremos recordar aqui la doctrina expuesta por

el Papa Juan XXIII sobre el autofinanciamiento, a la vez que lamentamos ta

escasa acogida práctica que na tenido entre nosotros.

Los cristianos que se benefician por este sistema de formación de capitanes

habrán de considerar su conciencia gravada en orden a la búsqueda de solución

para este espinoso problema. Las soluciones justas implican, con frecuencia,

serios sacrificios niara los poseedores de riquezas, pero llevan consigo el gozo

del trabajo por la creación de una comunidad más fraternal.

B) HACIA UNA DISTRIBUCIÓN MAS JUSTA DE LA RENTA

La aspiración a formar la gran familia de los hijos de Dios es incompatible con

las excesivas diferencias económicas que se dan entre nosotros. La dificultad se

agrava cuando son muchos los que todavía no llegan a percibir el mínimo vital

real, atendidas las circunstancias del país.

Sin pretender una distribución absolutamente Igualitaria, contraria a la

realización plena de cada hombre y a las exigencias de una verdadera comunidad,

hay que admitir que las diferencias han de tener un limite si se quiere

realmente que la igualdad fundamental de los hombres tenga una significación

social real.

Constituye por ello un deber de justicia y una exigencia de la conciencia

cristiana no sólo el perfeccionamiento y recta aplicación de un sistema fiscal,

apoyado más directa y proporcionadamente sobre las rentas reales, sino también

su cumplimiento en conciencia por parte de los contribuyentes. Ello no exime del

examen personal de los propios ingresos, en relación con los de aquellos que

ocupan un lugar inferior. Y nos preguntamos si no es el momento de plantearse la

revisión de los usos de los Colegios profesionales, en orden a una más perfecta

adecuación a las exigencias de la justicia y a la real aportación al bien común

de los servicios prestados.

El deseo eficaz de lograr una más justa distribución de la riqueza debe llevar a

analizar los mecanismos por los que opera si se quiere atajar el mal desde su

origen, implica la voluntad de suprimir las causas que la impiden, incluso

mediante transformaciones radicales en la medida en que se revelen necesarias.

En los sistemas socioeconómicos de signa capitalista, la determinación de las

condiciones laborales y, en particular, la retribución económica, dependen de

los ordenamientos legales, pero dependen también, más allá de dios, del poder de

negociación de empresarios y trabajadores. Los trabajadores acrecientan su poder

de negociación por la asociación, sobre todo sindical, y por el ejercicio del

derecho de huelga como medio de presión sobre los empresarios. Estos, por su

parte, además del poder que les concede la disposición de los medios de

producción, ejercen fuerte presión sobre los trabajadores con la amenaza del

despido, con la interrupción de la promoción profesional y con el cierre de las

empresas.

En estas condiciones, resulta inadecuada la legislación actual sobre los

conflictos laborales; su acertada adaptación a los condicionamientos del sistema

económico-social vigente, no sólo concedería los medios eficaces para la defensa

de los propios derechos y legítimos intereses, sino que evitaría los riesgos y

los peligros de actuaciones al margen de la ley.

Finalmente queremos llamar la atención sobre la situación en extremo dolorosa de

numerosos ancianos y ancianas que después de una vida de meritorio trabajo, por

no estar acogidos a ninguna fórmula de seguridad social, se encuentran en

situación de penuria.

C) ANTE LA INFLACIÓN Y EL PROBLEMA DEL FARO

Reconocidos unánimemente los perjuicios que te inflación acarrea para el sector

mayortíario y menos favorecido de la población, se ha de procurar poner los

remedios adecuados para detenerla o frenarla. Ella es producto de factores que

no siempre dependen de nuestra voluntad; pero hay oíros sobre los que se puede

actuar enérgica y eficazmente.

Ante todo se han de detectar tas causas verdaderas de este fenómeno no sólo en

su superficie, sino en su nivel más profundo. Si existen causas estructurales,

COMO roces autorizadas denuncian, quienes Quieran la verdadera solución de los

problemas apuntados deberán enfrentarse con ellas sin detenerse en lo varamente

coyuntural.

Ello, sin embargo, no podrá liberar de responsabilidad moral a quienes, ya en la

situación actual fomentando una desmesurada carrera de uredos, multiplicando los

intermediarios innecesarios, especulando con el suelo, particularmente en las

grandes concentraciones urbanas y de otras formas, acelerara el proceso

inflacionista o sacan, de él un provecho no justificado por forma alguna de

servicio a la comunidad.

Tales exigencias no se limitan únicamente a los que tienen en sus manos las

decisiones principales de la vida económica del país; a todos se las impone la

exigencia ineludible de adoptar un estilo de vida más sobrio, de resistir a tas

incitaciones de la sociedad consumista y de entrar por caminos de una mayor

austeridad.

Somos conscientes de las dificultades objetivas que surgen al enfrentarse con el

problema del paro.

Evitarlo o reducirlo a todo trance carita la conciencia de los empresarios o de

los poderes públicos. Y cuando se demuestre inevitable, es imperativo también

para la sociedad reducir al mínimo las consecuencias personales y familiares del

desempleo.

Además, salta a la vista el extraño régimen laboral que muchos trabajadores

viven. La práctica habitual de las horas extraordinarias es inadecuada a una

situación laboral normal y significa una considerable reducción de nuevos

puestos de trabajo que podrían aliviar pósibles situaciones de paro. Lo que

podría también aplicarse a la práctica del pluríempleo.

Parece también que de esta manera se pretenden reducir los costes de producción,

empeño en sí laudable, pero que no se podría aprobar si se basara en unes

salarios incapaces de permitir una vida humana digna, con Ja jornada laboral

legal. Los mismas, trabajadores han cedida a la tentación de trabajar horas

extraordinarias en perjuicio de su equilibrío personal, familiar y social, aun

en casos en que no eran indispensables. Múltiples factores han logrado así

neutralizar lo que tantos sacrificios costó a los trabaiadores de épocas

anteriores.

A) SOLUCIONES COYUNTURALES Y TRANSFORMACIONES ESTRUCTURALES

La amplitud de ía tarea a realizar no debe crear uno, actitud de desaliento e

impotencia. La esperanza, cristiana debe ser un estímulo y una garantía para la

construcción de un mundo más humano.

Cada vez qué nos enfrentamos con problemas particulares descubrimos unas causas

coyunturales y unas raices más profundas de orden estructural. Unas v otras

requieren nuestra atención y nuestra generosidad; cada una áe ellas tiene su

ritmo propio de actuación. Tan engañoso serla pretender la solución por medios

puramente coyunturales como refugiarse cómodamente en cambios radicales y no

previsibles, abandonando lo aue va desde ahora es posible.

Es preciso analizar, tantear y decidir a corto plazo, sin olvidar que las

verdaderas soluciones exigen transformaciones radicales. Cada ano de los

problemas debe ser tratado inmediatamente para lograr una solución mejor con los

medios inmediatos al alcance. Pero se exige algo más. Todos liemos de estar

dispuestos a sacrificar situaciones, privilegios y hasta lo que legítimamente

podríamos reclamar si la creación de una comunidad mas fraternal así lo

requiere. Por nuestra parte, los cristianos hemos de colocarnos en aquella

postura de disponibilidad, que sólo se consigue mediante una fe vivida, un amor

sin límites a Jesucristo y una entrega génerosa a los hermanos.

Las transformaciones económicas más profundas desbordan el cuadro de lo

simplemente económica para abarcar la estructura social en su conjunto y, muy

principalmente, la acción política. Hay cambios que solamente se pueden realizar

desde el poder político y desde él pueden ser comprendidos en su globalidad y en

sos repercusiones sobre la vida entera de la comunidad.

El reconocimiento explícito de la necesidad de la acción política no debe, en

ningún momento, ser motivo justificante de la inacción. La política es un campo

privilegiado de la actuación del cristiano.

desde el cual se puede ejercer la caridad en el más alto grado, por ser desde

ella desde donde se toman las decisiones coordinadoras de la acción de la

comunicad. Nada impide, por otra parte que las empresas realicen intentos a

favor de una real y progresiva participación de los trabajadores.

e) Actitudes de transformacion y cambio.

No hay posibilidad de cambios profundos sin la apertura de cauces para la

participación real, eficaz y libre de todos los que lo deseen. Los cambios

radicales sígnifican, en nuestra visión del hombre y de la sociedad, el acceso a

un tipo de hombre solidario, libre, responsable y con capacidad creativa en el

seno de un proyecto comunitario.

La verdadera eficacia de una sociedad y de su vida económica se mide por la

calidad de hombre que es capaz de producir. La realización personal v

comunitaria entraña la participación de todos los hombres en la elaboración y

ejecución de la tarea común. Es indispensable, para ello, que sepamos correr el

riesgo de la libertad, que no es anarquía, pera sí posibilidad de discutir,

oponer y presentar alternativas a los proyectos del poder económico o de la

autoridad política.

Una participación que merezca este nombre es imposible sin la adecuada

informacíón. La luz no puede hacer daño a la verdad y, ésto, debe ser el

cimiento sobre el que se asiente la vida social. Necesitamos urgentemente una

mayor transparencia de nuestra vida económica y política, mediante la

información que permita conocer a lo opinión pública los datos necesarios rara

formar su criterio y actuar consecuentemente. La Administración Pública y los

órganos de gobierno deben ser los primeros interesados en que la opinión pública

sea conocedora de los asuntos de su competencia. Sólo bienes pueden derivarse de

una acción de gobierno, en la que sea comprobable la recta gestión

administrativa: el secreto es indispensable en ciertas actuaciones, pero su

abuso permite y favorece la irresponsabilidad y aun la corrupción.

EL CONCLUSIÓN: RENOVACIÓN Y RECONCILIACIÓN

La solución de los problemas sociales no se logrará con las meras reformas

estructurales ni por medio de la pura eficacia técnica; se necesita un nuevo

tipo de hombre. El hombre nuevo que se ha liberado de la urania de sus egoísmos

y de las presiones y tentaciones del mundo en el que vive; un hombre que, a

semejanza de Jesús de Nazarét, se ha convertido en un hombre generosamente

entregado a los demás y que va alcanzando la verdadera libertad que se realiza

en la comunión con todos los hombres.

Nuestra fe nos asegura que Jesús fue el hombre para los demás porque era el Hijo

de Dios que se entregó plenamente a la voluntad del Padre. Con la misma firmeza

creemos que una auténtica conversión cristiana es el verdadero camino para la

aparición del hombre nuevo.

Por esto, nuestra sincera, exhortación a la conversión no es una frase ritual ni

se reduce a una transformación interior sin consecuencias sociales. Al

contrario, queremos expresar nuestra profunda fe en Jesucristo, que nos salva y

que abre posibilidades radiantes para que los hombres renovados creen sin

desmayo la humanidad reconciliada que se nos ha propuesto como objetivo de este

Año Santo de la renovación y de la reconciliación.

 

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