Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   Pablo VI inaugura el Sínodo de los Obispos  :   
 Cardenales, prelados y religiosos de España asisten a la Asamblea; Dos teólogos españoles, Díez-Alegría y González Ruiz, hablarán en el "contrasínodo" de Dom Franzoni. 
 Informaciones.    27/09/1974.  Páginas: 2. Párrafos: 10. 

PABLO VI INAUGURA EL SÍNODO DE LOS OBISPOS CARDENALES, PRELADOS Y RELIGIOSOS DE

ESPAÑA ASISTEN A LA ASAMBLEA

DOS TEÓLOGOS ESPAÑOLES, DIEZ-ALEGRÍA Y GONZÁLEZ RU1Z, HABLABAN EN EL

«CONTRASINODO» DE DOM FRANZONI

Por Abel HERNÁNDEZ (Enviado especial de INFORMACIONES.)

CIUDAD DEL VATICANO, 27.

(INFORMACIONES.)

Está mañana ha comenzado el Sínodo de Obispos. Se ha abierto solemnemente en la

Capilla Sixtina con una misa celebrada por 207 padres sinodales, presidida por

Pablo VI. El Papa ha pronunciado una homilía en forma de oración: «Señor Jesús —

ha dicho—, danos pronto tu protección para anunciar una vez más tu Evangelio al

mundo.» El Papa ha pedido en su oración confianza, valentía, iniciativa y

perseverancia, «por encima de cálculos oportunísticos», y sobre todo esperanza.

En este Sínodo, que acaba de abrirse y que se presenta conflictivo, el tema

central es el de «la evangelización en el mundo contemporáneo». El problema

fundamental es, en resumidas cuentas, cómo llevar el Evangelio de siempre a un

mundo distinto, cómo anunciar el mensaje cristianó al hombre de hoy.

Se trata del cuarto Sínodo Los anteriores tuvieron lugar los años 1967, 69 y 71,

y en ellos se trató habitualmente de dar con la ley fundamental de la Iglesia,

de buscar la identidad de los sacerdotes y de comprometerse con la justicia como

parte constitutiva de la misión de la Iglesia.

CIERTO PESIMISMO

Por el ambiente que se respira aquí en Roma, da la impresión de que la Iglesia

Católica, tras el impulso del Concilio Vaticano II y la crisis posterior, en la

que aún está embarcada, y su evidente dificultad para adaptarse a un tiempo

vertiginosamente cambiante —la Iglesia siempre ha sido partidaria de «tiempos

lentos»—, no encuentra su lugar en el mundo actual. Al mismo tiempo —y lo acaba

de subrayar el vaticanista Fabrizio de Santis en «II Corriere della Sera»—, se

siente en el final de un pontificado. Pablo VI cumplía ayer mismo setenta y

siete años. Aparece como un hombre preocupado y atormentado por las dudas. Da la

impresión de no atreverse a señalar con firmeza el rumbo que debe seguir la

Iglesia.

Su puesto es ciertamente difícil en esta hora dé profunda convulsión. Muchos

creen aquí, en Roma, que habrá que esperar definitivamente al próximo Papa.

En este marco, la Iglesia (obispos representantes de todas las naciones) va a

debatir abiertamente, en auténtico contraste de pareceres, sobre cuál es el

camino que se debe seguir, cuál el método que hay que utilizar para llevar el

Evangelio al hombre ¿e nuestro tiempo y cómo conectar su lenguaje con el de la

calle. Y todo esto con la Conciencia cierta de que está en Juego en el empeño la

salvación total del hombre. De cualquier forma, se subraya aquí que el Sínodo no

tiene carácter decisorio, sino simplemente deliberante. No es un concilio, ni

siquiera un parlamento. Es el Papa el que, en última instancia, con la

aportación del Sínodo, puede decir la última palabra.

EL DOCUMENTO-BASE

El documento-base de discusión va a ser un «dossier» de 3.000 páginas, en el que

se recogen las aportaciones de las diversas Iglesias nacionales a un informe-

base preparado en Roma. Por cierto que, según monseñor Rubín, secretario del

Sínodo, los pareceres sobre este documento «van desde los más negativos hasta

los claramente positivos». Algunos obispos —continúa «han manifestado dudas

sobre la formulación y se han preguntado si el estilo y la forma con que se

presentaba el tema podían tener alguna validez o fundamento».

Entre los problemas que van a debatirse figuran:

— La vuelta a la vida religiosa contemplativa.

— El problema de las pequeñas comunidades de base.

— El tema de la liberación en la Iglesia y en la sociedad.

— El papel de los seglares y de los jóvenes; y

— El diálogo con los cristianos separados, los creyentes de otras religiones

cristianas y los ateos.

La aportación española al Sínodo en hombres es la siguiente: cardenales Enrique

y Tarancón, Yubani, González Martín y Tabera (de la curia), además de monseñor

Dorado, obispo de Cádiz, y el padre Arrupe, general de los Jesuitas. La

aportación en material, es un documento de la Conferencia Episcopal sobre la

predicación, en el que los obispos españoles hacen hincapié en la necesidad de

la liberación humana.

Ya se anuncian «contrasínodos». Esta misma tarde, en el «garaje» de Dom

Franzoni, de la vía Ostiense, unos 140 sacerdotes y seglares de la comunidad que

sigue al antiguo abad de San Pablo Extramuros (que, por cierto, lleva justamente

seis meses con prohibición de poder celebrar misa), se reúnen para cambial

Impresiones sobre el tema de la comunión y la comunidad en la Iglesia. Anoche

pude estar con uno de los dirigentes. Van a dialogar sobre cómo funcionan

realmente las comunidades y cómo se vive en la práctica la comunión en la

Iglesia. Ellos creen que en el Sínodo no hay más que discursos vacíos de

contenido y que la vida real discurre de otra forma. Hablarán en esta reunión,

esta tarde, los teólogos españoles José María Díez-Alegria y José María González

Ruiz. Y para él lunes se anuncia ya una conferencia de Prensa en la que grupos

progresistas de diversos movimientos europeos manifestarán su opinión «para que

llegue su voz al aula sinodal».

 

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