Diagnóstico sereno y esperanzador del actual momento de la fe en España, según el informe presentado al Sínodo por nuestra Conferencia Episcopal  :   
 "Creemos que el camono emprendido es de gran esperanza y que como balance total ha aumentado la credibilidad de la iglesia". 
 ABC.    02/10/1974.  Página: 45-46. Páginas: 2. Párrafos: 17. 

DE OCTUBRE DE 1974.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY

DIAGNOSTICO SERENO Y ESPERANZADOR DEL ACTUAL MOMENTO DE LA FE EN ESPAÑA, SEGÚN

EL INFORME PRESENTADO AL SÍNODO POR NUESTRA CONFERENCIA EPISCOPAL

La intervención, leída por el cárdenal Tarancón, dibuja las luces y sombras de

los últimos años de nuestra vida religiosa

«CREEMOS QUE EL CAMINO EMPRENDIDO ES DE GRAN ESPERANZA Y QUE COMO BALANCE TOTAL

HA AUMENTADO LA CREDIBILIDAD DE LA IGLESIA»

¿Cuál es el panorama de la acción evangelizadora en la España de hoy? Esta es la

pregunta a la que ha tratado de responder la intervención que ayer leyó en el

aula sinodal el cardenal Tarancón en nombre de nuestra Conferencia Episcopal. La

intervención fue preparada el pasado día 26 en una reunión que en el Colegio

Español celebraron los cuatro representantes de nuestro Episcopado en el Sínodo.

La intervención tiene por ello un carácter colectivo y es un resumen del

documento que nuestros obispos elaboraron y votaron tras la asamblea que hace

meses dedicaron al tema que hoy estudia el. Sínodo. Puede incluso percibirse que

muchos de sus párrafos están tomados literalmente de documentos como el de

«Iglesia y comunidad política» v el dedicado al apostolado de los seglares.

No encierra por todo ello grandes novedades, pero puede considerarse un

interesante resumen —los ocho minutos concedidos como máximo a cada intervención

obligaban a abreviar—del momento actual de la fe en España y como es

diagnosticado por nuestros obispos, representados en Roma por los cardenales

Tarancón, Jubany y González Martín, a los que se añade —éste por nombramiento

pontificio— monseñor Dorado.

Un texto medido, que habrá que leer con atención. Los ambientes periodísticos

romanos (a los que se añade algún ingenuo español) se habrán decepcionado si

esperaban un mitin revolucionario en las palabras leídas por el presidente de

nuestra Conferencia. Pero no.es el Sínodo un lugar apto para discursos y menos

para mítines. Se trataba de resumir en breves folios un diagnóstico del momento

de la fe en nuestra Patria, y quien sepa leer encontrará ese medido y agudo

diagnóstico en el texto que en casi su totalidad reproducimos.

P. Martín DESCALZO.

TEXTO DE LA INTERVENCIÓN DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA

«Los cristianos españoles están divididos profundamente a la hora de juzgar la

situación religiosa en España. Para unos, España es un país católico, en el que

pueden darse problemas morales y de práctica dominical, pero que no afectan a la

fe de su existencia más profunda. Para otros, en cambio es una sociedad

descristianizada, en la que apenas hay quien haya sido evangelizado, aunque la

mayoría haya sido educada en cristiano. Ante esas dos versiones parciales los

obispos reconocemos que España es una nación tradicional y masivamente católica.

El catolicismo hasta tal punto se encarnó en las costumbre del pueblo y en la

estructura nacional, que muchos se consideran católicos por el mero hecho de ser

españoles.»

«Algunos de estos valores perduran y deben conservarse en nuestro país, pero no

podemos ignorar que España, sobre todo desde la última década, está

experimentando una evolución acelerada de cambios sociales que inciden

directamente en la vida de nuestro pueblo.»

«En esta situación de cambio es fácil encontrar en nuestro país bautizados sin

una formacion adecuada en la vida de la fe, mientras otros viven de hecho al

margen de la Iglesia.»

«El Episcopado español, consciente de este cambio, ha asumido la tarea de

impulsar decididamente la renovación pastoral en una línea evangelizadora. Esto

ha producido traumas notables que todavía perduran y que, si por una parte eran

inevitables, por la otra han polarizado la atención y el esfuerzo en luchas

internas en la misma Iglesia, que comienzan a ser superadas, pero que han

restado al empeño propiamente evangelizador.

Con sus luces y sus sombras, creemos que el camino emprendido es de gran

esperanza, porque la Iglesia se ha acercado más a los pobres y a los oprimidos;

porque se ha robustecido, aunque no suficientemente el sentido comunitario de la

fe y su compromiso con la justicia; porque se ha abierto la participación en la

vida de la Iglesia a muchos sectores, sobre todo en lo que se refiere al ámbito

de la renovación lituúrgica y porque, como balance tota?, creemos que ha

aumentado la creditibilidad de la Iglesia.»

«Toda esta problemática se presenta con mayor agudeza en los tres grupos humanos

más vivos de nuestra sociedad; jóvenes, intelectuales y obreros.

JÓVENES.

La juventud española que participa en toda la problemática de la juventud

mundial, presenta entre nosotros la característica de una acentuación de su

espíritu crítico ante la postura de la Iglesia en el campo socio-político de las

décadas pasadas. De ahí que sea entre ellos mucho más honda la crisis de

confianza en la Iglesia que la crisis de fe. De ahí también que el esfuerzo de

aproximación de los problemas de los jóvenes sea más necesario entre nosotros,

teniendo en cuenta que la juventud española más allá de su espíritu

contestatario está cargada de grandes valores. Conocemos las dificultades de ese

diálogo, especialmente porque no contamos para el mismo con un lenguaje común.

Pero estamos dispuestos a artibuír con carácter de urgencia a la pastoral de la

juventud que nos facilita el hecho feliz de contar con un clero que está entre

los más jóvenes del mundo.

Los pasos dados por los obispos al aceptar el riesgo del cambio al intentar

vivir con mayor libertad y pobreza evangélica, creemos que han sido comprendidos

por los jóvenes y les ha predispuesto favorablemente a la aceptación del

Mensaje.

INTELECTUALES.

un sector muy importante en la vida de nuestro país es el mundo de la cultura. A

los datos que son comunes con todos los demás pueblos nos parece que se añaden

en el nuestro cuatro características: el vertiginoso aumento de jóvenes

universitarios en muy pocos años, el alejamiento de la Iglesia por parte de

grandes sectores de intelectuales debido no sólo a razones ideológicas, sino

también sociopolíticas; un cierto descenso en el último siglo de nuestro nivel

teológico, y él fracaso, en gran parte, de la presencia institucional de la

Iglesia en las aulas universitarias. Frente a este cuádruple fenómeno nuestra

Iglesia, con pasos humildes, está tratando de revisar su acción a través de los

colegios religiosos, abriéndolos a todas las clases sociales y convirtiéndolos

en verdaderas comunidades de fe; de reorganizar sus estudios eclesiásticos

superiores, fomentando las vocaciones teológicas entre sacerdotes y religiosos y

entablando el diálogo con los intelectuales mejor preparados.

OBREROS.

Son válidas también para nosotros las palabras del Santo Padre: «En su conjunto,

el mundo obrero permanece demasiado lejos» (2 de octubre de 1972).

Nos angustia el pensamiento de que haya podido ser la Iglesia —personas,

instituciones y estilo pastoral— la que ha permanecido lejos del mundo obrero,

de que no hayan sido estimados y asumidos por ella los problemas y necesidades,

las aspiraciones y valores, la mentalidad y cultura de la clase obrera, ´que

adquiere cada día una conciencia más viva de su condición de dependencia y de

sus posibilidades. Y que pugna en solidaridad por participar en la marcha del

progreso del género humano.»

Elogió la.labor de los movimientos apostólicos obreros, «que a pesar de las

muchas dificultades encontradas, se han mantenido como signo de la voluntad de

presencia de la Iglesia en este mundo.

También con dificultades y un poco inorgánicamente existen entre nosotros

sacerdotes que comparten la vida de los obreros. Sobre esta difícil, y no

siempre feliz, experiencia desearíamos que el Sínodo dijera alguna palabra».

Hizo una serie de propuestas concretas el cardenal Tarancón sobre los modos y

cauces de la evangelización: a) La reestructuración de la parroquia tradicional

que deberá ser facilitada y agilizada por el nuevo código; b) el catecumenado Se

adultos, entendido como una verdadera experiencia comunitaria de educación, en

la fe; c) la cuidadosa atención a las llamadas "pequeñas comunidades" para que,

sin perder su espíritu creativo, mantengan una verdadera comunión eclesial; d)

la actualización, a la luz del Concilio, de nuestros movimientos apostólicos,

especialmente aquellos que son más representativos del medio ambiente al que se

dirigen y que más acentúan un verdadero carácter misionero y evangelízador; e)

una presencia efectiva en los medios de comunicación social, que no siempre

transmiten el verdadero rostro de la Iglesia».

Planteando, a continuación, dos exigencías fundamentales para la acción

evangelizadora señaló las siguientes: Un testimonio de reconciliación y de

unidad entre los creyentes, un testimonio de justicia y de caridad en el

interior de la Iglesia fidelidad a la integridad de la revelacion y «ser

fermento y alma de la sociedad «Esta condición —ha subrayado el cardenal—

comporta hoy para las iglesias los siguientes deberes: iluminar, con la luz con

su denuncia profética, las situaciones concretas que obstaculizan la realización

plena de los derechos fundamentales de 1a persona» y «el compromiso por la

justicia en el mundo —el amor cristiano al prójimo—, al que convoca para la

acción evangelizadora, va unido a un sincero deseo de justicia social y

liberación de los oprimidos».

 

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