Carta del cardenal Tarancón:. 
 "El silencio es ahora para los obispos un deber"  :   
 "Nuestra iglesia está pasando horas de tribulación". 
 Informaciones.     Páginas: 1. Párrafos: 6. 

CARTA DEL CARDENAL TARANCON.

«El silencio es ahora para los obispos un deber»

«NUESTRA IGLESIA ESTA PASANDO HORAS DE TRIBULACIÓN»

MADRID, 17.

(INFORMACIONES.)

Muestra Iglesia, nacional y diocesana, está pasando horas de tribulación. Y en

estos momentos la palabra del obispo es, a la vez, necesaria y peligrosa.

Necesaria, porque todos esperan una orientación que ilumine en estos Instantes

difíciles. Peligrosa, porque aun la palabra más medida puede sembrar, sin

quererlo, división.»

Esto dice el cardenal arzobispo de Madrid, Enrique y Tarancón, en una carta

dirigida a los fieles de la diocesis de Madrid, con la que reanuda su contacto

semanal, realizado a través de la desaparecida revista "Iglesia en Madrid".

Añade el cardenal que «hay momentos en que el silencio puede ser la mejor de las

palabras» y luego escribe:

«Creo sinceramente que este es uno de esos momentos. Quienes me piden en esta

hora una orientación para Interpretar los problemas que España padece, ya tienen

en realidad, esa orientación. Recientemente todos los obispos qne componemos la

Comisión Permanente del Episcopado dijimos, unidos y unánimes, palabras muy

concretas para iluminar las conciencias. Palabras muy claras ha dicho también en

varias ocasiones el Santo Padre. Quien desee una orientación moral tiene

suficiente luz expuesta por las voces más autorizadas. La conciencia cristiana

de cada uno deberá ahora aplicar esas orientaciones a los problemas concretos

que vivimos. Pedir más a la jerarquía de la Iglesia me parece que sería esperar

de nosotros una opción política concreta que escapa de nuestra competencia en

cuanto obispos.»

«El silencio es ahora para nosotros —«Igne diciendo— no sólo un derecho, sino

hasta un deber. Los obispos traicionaríamos nuestra misión si negásemos nuestra

orientación evangélica. Pero creo que faltaríamos también a nuestra prudencia

pastoral si, entrando en el campo de lo opcionable, nos convirtiéramos en

elementos de división dé nuestra comunidad."

A continuación, el cardenal dice.: «Estei me parece, es uno de esos momentos en

los que todos deberíamos prestar mucha más atención a las vigas qne hay en

nuestros ojos que a las pajas, que hay a puede haber en los del prójimo. Todos

tenemos vigas de violencia; de odio, de incomprensión, de Intransigencia en

nuestros ojos. Hagamos un poco de silencio, ana pausa de reflexión para quitar

esas manchas de nuestros ojos y todo el país será menos violento, menos

incomprendido y menos Intransigente.»

Termina refiriéndose al caso de monseñor Iniesta, uno de sus obispos auxiliares,

y manifiesta que sobre ese tema debe guardar también silencio, por el momento, y

pide que «nadie juzgue a su prójimo, qne se respete la exclusiva competencia

que, en lo eclesiástico, tengo sobre problemas como éste, que todos hagáis un

esfuerzo por comprender que mi silencio de ahora no es ni cobardía ni afanes de

alejar un problema, sino deseos y obligación de mantener la caridad sobre todo».

 

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