Lo que el interés general exige     
 
 Ya.    27/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

27-IV-77 YA EDITORIAL

LO QUE EL INTERÉS GENERAL EXIGE

El presidente del Gobierno ha anunciado que se presentará a las elecciones. Esperamos que, a su

vuelta a España, aclare de qué forma.

HEMOS defendido su presentación siempre que fuese necesaria para salvar la presencia de un

centro moderado, sin el que no vemos se podrá establecer en España una convivencia estable. No

han sido consideraciones personales las que han determinado nuestra actitud, sino exclusivamente el

interés general, tal como lo vemos. Ahora bien: el interés general exige que el presidente sirva como polo

de atracción para que el centro o su inmensa mayoría participe unido en las elecciones. Una presentación

que solamente sirviera para asegurar al presidente un acta o un equipo. Incluso nutrido, de seguidores,

pero que no sólo no diese unidad al centro, sino que introdujera en él un nuevo factor de desunión, no

sería lo que hemos pedido.

La figura del presidente puede ser la última posibilidad de que el centro se una: no hay más que repasar

la triste crónica de personalismos y pequeñeces de los pasados meses. Abandonado a lo que hoy es, el

centro tiene poco que hacer.

PERO, sobre todo, hay otra consideración a favor de la presencia de don Adolfo Suárez. Todo hace

prever que en las próximas elecciones las personas de los candidatos van a tener una importancia

decisiva. Esto no nos parece un ideal; el ideal es que se vote los partidos por su programa. Pero hay que

ser realistas: ¿dónde están estos programas?, ¿dónde están esos partidos? Existen, en cambio, unas

tendencias sociales que los electores podrán votar a condición de que las encarnen hombros en quienes

puedan reconocerlas; así pasa ya en la derecha y en la izquierda, pero no en el centro. Eso es lo que puede

significar la persona del presidente, con el prestigio suprapartidista que lo da por añadidura haber sido

el hombre de la transición, que está sacando adelante con maestría política que el país puede juzgar.

NO se nos oculta que su presentación puede significar un riesgo, y no sólo para él. Evidentemente, su

descenso a la arena política pondrá muchas cosas importantes en juego. Pero el riesgo de una Cámara

escindida en dos bloques extremos irreconciliables sin nadie en medio que los temple, aproxime y

continúe la delicada operación de transición iniciada, nos parece mucho mayor.

ENTRE los dos riesgos hace falta optar. Nosotros lo hacemos a favor del riesgo menor. De la sabiduría

política del presidente esperamos que su presentación a las elecciones produzca todos los beneficios que

son previsibles sin ninguno de los inconvenientes que nos ha parecido obligado exponer.

 

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