Autor: Alós, Juan Domingo. 
   Los jóvenes prefieren la justicia     
 
 Madrid.    29/04/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

1969

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ENERO

MARZO

LOS JÓVENES

PREFIEREN

LA JUSTICIA

Por Juan Domingo Alós

UNA encuesta entre la juventud española ha de tener en estos momentos, aparte de su interés sociológico intrínseco, el interés político que se desprende de la falta de participación electoral de nuestro censo juvenil.

La reciente encuesta realizada por el Instituto de la Opinión Pública ha de ofrecer, por eso, muchos temas a la consideración. Por el momento la Prensa se ha apresurado a dar una noticia importante: el 36 por 100 de los preguntados cree que entre las posibles metas de la política española de los próximos años lo más importante es que haya Justicia, y sotó el 22 por 100 que haya desarrollo.

LA RAZÓN DEL OPTIMISMO

Lo primero que se le ocurre a uno pensar es que no hay demasiado motivo para el pesimismo que se apodera de los mayores cuando piensan en los jóvenes. El resultado de la encuesta revela claramente que bajo, las melenas y las patillas se encierra un sentido ético que asegura un elevado punto de mira en la política del futuro.

Surge en seguida el deseo estadístico de la comparación: ¿qué opinarían y en qué porcentaje los hombres de edad madera? Habría que repetir en ellos la encuesta y no hay por qué pensar "a priori" que teóricamente su sentido de lo justo alcance índices inferiores al de los jóvenes.

Pero si tal hipótesis se confirmase o si otro cualquier resultado de la muestra adulta se promediase con la juvenil, no sería lícito afirmar, como se hace alegremente y por escrito, que lo que los ciudadanos piden hoy al Estado es eficacia. Lo que dicho en esta forma equivale, por lo menos, a afirmar que el éxito político, aunque venga por la vía técnica, se antepone a toda consideración deontológica. El paso siguiente.es fácil de dar cualquier operación política puede proyectarse con arreglo a motivaciones éticamente neutralizadas.

LA EXPLICACIÓN DE MUCHAS COSAS

Pero si seguimos en el terreno de las hipótesis, vamos a plantear la opuesta: ¡a de que los mayores efectivamente prefirieran el desarrollo a la justicia, la eficacia a la ética.

Nada se opone a que podamos pensar en otro supuesto mixto: el de que los adultos piensen teóricamente como los jóvenes, pero no sean consecuentes con su pensamiento. O, al menos, así lo parezca.

Estaríamos entonces en posición de comprender el descontento, la inquietud y la rebeldía de la denostaba juventud de hoy. Posición que se habría de radicalizar necesariamente por una doble consideración. Porque si se confirmase la tesis de la amoralidad política ráctica, la misma dialéctica de la situación llevaría consigo el cierre de las posibilidades de participación para los jóvenes. Y perqué, la larga, prescindir en política de la justicia es condenarse a la ineficacia.

 

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