Exactamente     
 
 ABC.    27/07/1960.  Página: 36. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. MIÉRCOLES 27 DE JULIO DE 1960.

EXACTAMENTE

Diez mil jóvenes trabajadores han asistido a la asamblea general que clausuró el I Congreso Nacional de la Juventud Obrera Católica (J. O. C.). El acto fue brillante y alentador. La J. O. C. es un, fermento cristiano en un mundo envenenado por el materialismo marxis-ta. Su fundador es un benemérito sacerdote belga, monseñor Cardlin, que ha sido fervorosamente acogido por los jocistas españoles. Una idea se ha hecho desde ahora realidad: la. I. N. F. O. (Institución Nueva Familia Obrera), que trata de formar y preparar a los jóvenes para ]a institución familiar.

Como en cualquier otra manifestación jocista, el designio fundamental—amor, esperanza, alegría—parecerá a muchas almas una quimera. El mundo rezuma odio, desesperación y pesimismo. Por eso toda aspiración a la fraternidad se desdeña como cosa ilusoria, fantástica, irreaizable. Ilusos parecerán a muchos espíritus prácticos estos jóvenes que vibran conmovedoramente.ante los más,nobles y elevados estímulos humanos y sobrehumanos. Pero, ¿qué sería de los pueblos si no hubiese corazones dispuestos a embellecer la vida? Humano es quedarse a medio camino y no alcanzar la meta ideal, mas no por eso deja de ser admirable y eficaz toda actitud que la busca y la anhela. Como decía un inmenso poeta español, "las cosas basta intentallas —cuando son tan grandes ellas—que es imposible acaballas".

De esta risueña y nobilísima actividad social hizo un resumen el cardenal Pla y Deniel en el acto que comentamos. En su alocución se encuentra un perfecto consejo, formulado con sencillez en palabras lapidarias: "No seáis demagogos, porque la demagogia no, entra dentro de la doctrina social de la Iglesia; pero que nadie llame demagogia a lo que enseñan los Romanos Pontífices." Es difícil sintetizar con mayor claridad y concisión la actitud social auténticamente cristiana. De una parte hay gentes que nada quieren saber de reforma social, de mejoramiento y ascensión de las clases débiles. Toda idea reformadora les parece una audacia perturbadora y rechazable. Convengamos en que el número de los que así piensan es cada vez menor y, en cambio, el sentido social de carácter constructivo progresa alentadoramente. No obstante, se escuchan a veces, en grupos selectos, juicios que causan estupor. La lectura meditada del "Breviario Pastoral Social"—publicado hace pocos meses por la Comisión Episcopal de Doctrina y Orientación Social—bastaría para remediar muchas ignorancias y suprimir muchas injusticias.

De otra parte está la demagogia, lepra no exclusiva de los partidos izquierdistas y que ha contaminado incluso a espíritus de la mayor responsabilidad. La demagogia, como también señala el doctor Pla, no entra en la doctrina social de la Iglesia. No puede entrar, añadamos, aunque no fuese más que por una razón moral denunciada ya por ¡a más alta sabiduría clásica. Aristóteles ("Política", libro IV, cap. IV) compara al demagogo con él adulador, y cree que ambos acusan "el mismo carácter ético" Y añade este juicio inapelable: "Las decisiones arrancadas al pueblo por el demagogo equivalen a los decretos que el adulador arranca del tirano. El demagogo y el adulador son tal para cual; caña uno de ellos tiene el poder máximo entre los suyos: los aduladores entre los tiranos y los demagogos entre tales pueblos."

La fórmula del cardenal primado es feliz. Ninguno se atreva a llamar demagogia a la justicia; pero nadie se aventure a ser demagogo en nombre del cristianismo. Exactamente.

 

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