Los obispos, como siempre     
 
 Ya.    27/04/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 5. 

"LOS OBISPOS, COMO SIEMPRE"

CON este título, un diario madrileño de la tarde se irrita contra el último comunicado de la Comisión

Permanente de Obispos: "Los obispos, como siempre; la Iglesia apoyará a los demócrata-cristianos y,

simultáneamente, prohibe a sus fíeles... que voten a los comunistas. Si esto es imparcialidad, venga

Dios y lo vea."

Lo que dicen los obispos españoles es que el cristiano puede apoyar cualquier partido político que no

pretenda precisamente destruirle como cristiano. Afirman que entre los valoren esenciales al

cristianismo están "la libertad, la moralidad, la estabilidad de la familia, el derecho a la vida aun antes de

nacer, el pleno respeto a la conciencia religiosa de toda persona humana, tanto en lo que se refiere al culto

debido a Dios como a la educación de los hijos, la Justicia social y, en especial, los derechos de los más

pobres". Deducen con implacable lógica que el cristiano no podrá votar por quienes "niegan los derechos

y las libertades fundamentales del hombre", ni colaborará con "los que emplean la violencia, el odio y la

mentira para conseguir sus fines". Avisan que el cristiano deberá rebuscar por debajo de la música de

los bellos programas electorales hay una letra menuda incompatible con la fe religiosa. En salvándose

las exigencias de esa fe, que le ata a la ley de Dios, el español católico puede votar a quien quiera, y

nadie podrá "arrogante en exclusiva, a favor de su parecer político, la autoridad de la Iglesia".

OBLIGAR a los obispos, para que se les pueda llamar de verdad apolíticos, a prescindir de todas esas

cautelas, equivaldría a exigirles que digan : "Vuestra fe no os impide votar a quienes nieguen la libertad,

la moralidad, la estabilidad de 1a familia, el derecho a la vida, el culto debido a Dios, la justicia social,

los derechos de los más pobres; no importa que empleen la violencia, el odio y la mentira."

Si esto se deduce de la "lectura atenta y desapasionada del comunicado" episcopal, que el vespertido

afirma haber hecho, venga Dios y lo vea. Desde Moisés, la civilización judeo-cristiana tiene escrito el

precepto natural de no matar; desde el Evangelio, con la poligamia y el adulterio va prohibido el divorcio;

ninguna religión empieza por otro principio que por el de la fe en Dios. Nos parece dialécticamente torpe

que la reacción de un periódico en 1977 sea: déjense de entrar en política.

A no ser que en el editorial haya implícita la confesión de que, en efecto, hay partidos cuyo

"programa no traduzca su verdadero proyecto, bien por estrategia, bien por referirse sólo a una fase de tal

proyecto". En ese caso es cuando adquieren todo su grave sentido las advertencias de los obispos: el

comunicado episcopal no menciona al eurocomunismo; el vespertino madrileño lo cree aludido. Él sabrá

el proceso psicoanalítico por el que incluye al eurocomunismo en la alusión de los obispos a los

programas estratégicamente camuflados, que llevan por dentro una trampa a la fe.

 

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