Autor: Castro Zafra, Antonio. 
   Cambiando de estrategia     
 
 Arriba.    27/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Política Arriba 27-IV-77

CAMBIANDO DE ESTRATEGIA

Los obispos españoles han decidido no apoyar a los partidos cristianos -o partidos de la

Iglesia como se les llama vulgarmente- de cara a las próximas elecciones. Esta es la

consecuencia de la negativa de la Comisión Permanente del Episcopado a redactar un

documento nuevo que oriente a los católicos para la convocatoria del 15 de Junio.

La decisión parece que no ha sido fácil, y suponemos que será criticada por ciertos sectores del

propio Episcopado que aguardaban alguna referencia a la participación oficial del PC en la

competición electoral. Otros obispos hubieran preferido «cierto respaldo» a los partidos

cristianos. En estas circunstancias la redacción de un nuevo documento habría resultado

extremadamente laboriosa y los obispos da la citada comisión han preferido el silencio. (Circuló

además el fundado temor de que se reavivaran viejas fronteras.)

Sin embargo -y como apuntábamos la semana pasada- esta decisión de los obispos

españoles no es sorprendente, y encaja en la estrategia política vaticana que, de un tiempo e esta parte,

busca en el horizonte -sin verlos aparecer aún- los nuevos líderes carismáticos que conduzcan al

pueblo de Dios, como Moisés, hacia un nuevo partido.

El equipo vaticano que capitanea monseñor Benelli ha conseguido congelar al intenso trafico

DC-Santa Sede. Ya no habrá más declaraciones colectivas de la Conferencia Episcopal Italiana

a favor da la Democracia Cristiana, ni mucho menos el Papa manifestará sus simpatías por

este partido. (Lo que también quiere decir que ya no habrá más derrotas vaticanas.)

Naturalmente no estamos ante una neutralidad «de por vida» Hablamos de política y en ella,

Incluso a nivel de la Iglesia, no hay ni dogmas ni verdades Invariables. Según enseña

puntualmente toda la historia.

La nueva estrategia fue adoptada en el Vaticano a raíz de las últimas elecciones generales

italianas, el 15 de junio. Pocas horas después de conocerse el resultado da loa escrutinios,

Fanfani enviaba una durísima carta da protesta a «las supremas autoridades eclesiásticas» por

la falta del apoyo acordado a la DC. Con esta carta, el hábil Fanfani cargaba sobre las

espaldas de la Jerarquía católica la crisis en que entraba su propio liderazgo, una estratagema

que había funcionado muy bien hasta ahora. (Cosa que no iba a suceder ya en adelante.)

Cuando Pablo VI leyó la carta de Fanfani se sintió solidario con el líder democristiano, tomó la

pluma y escribió de su puño y letra una amplia nota de comentario a los resultados

electorales. El texto reflejaba la huella que había dejado en el Papa aquella campaña electoral. Con

palabras atormentadas, Pablo VI exponía dos «dolorosas percepciones». Primera, que el

electorado católico italiano había dejado atrás aquel ejemplar «comune sentire» de las décadas

40 y 50. Segunda, el deprimente testimonio de aquellos sacerdotes que «habían colocado sus

esperanzas en perspectivas culturales y en fuerzas políticas inspiradas por la ideología

marxista». (El Papa Montini quería manifestar de alguna forma publica su indignación por los

curas que fueron a las elecciones en las listas de candidatos del PCI.) Esos clérigos tenían que

regresar cuanto antes a las posiciones ortodoxas, «o tomar conciencia de haberse situado,

ellos mismos, fuera de la comunión de la Iglesia».

Pero la nota redactada por Pablo VI fue retirada, literalmente, de las linotipias de «L´Osservatore

Romano», en contra de los deseos de su secretario particular, monseñor Macchi, y del cardenal con quien

se siente más unido el Papa Montini, Giovanni Colombo, arzobispo de Milán. Ni Macchi (habitual enlace

entra la DC fanfaniana y el Vaticano) ni Colombo consiguieron alejar a Pablo VI de la persuasión a que le

había llevado el poderoso sustituto de la Secretaría de Estado, monseñor Benelli. La DC se

había distanciado tanto da sus orígenes «sacros» -aseguraba al Papa Monseñor Benelli-

que ya no representaba al electorado católico italiano.

Ahora, loa fieles evolucionaban hacia compromisos más profundos para la reforma de la

sociedad; pero adoptaban esas actitudes desde una libertad también mucho mayor con

relación a los partidos cristianos, la táctica de la Iglesia -concluía Giovanni Benelli- era,

pues, abandonar sus posiciones solidarias con las opciones políticas tradicionales y salir al

encuentro de las avanzadillas del nuevo movimiento católico. Comenzaba, pues, una época de

silencio y neutralidad oficial, previa a otra de desvincularon. (Algo semejante a 1a trayectoria

iniciada por 1a Iglesia Jerárquica española en la segunda mitad de loe años cincuenta.)

-¿Se trata de una alternativa a la DC italiana? -han preguntado a uno da los consultoras más

cualificados del Vaticano, en materia política, el Jesuita Bartolomeo Sorge, director de «La

Civilitá Cattolica».

-Creo que sí -responde-. Estamos trabajando ya en ese sentido, y temo que vayamos con

retraso.

Antonio CASTRO ZAFRA

 

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