La derrota de la ruptura     
 
 Informaciones.    15/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

INFORMACIONES

La derrota de la ruptura

AL final de la primera sesión de las juntas preparatorias del Congreso de diputados y del Senado, los

informadores recogieron una serie de declaraciones, más o menos anecdóticas, de quienes habían

protagonizado esta jornada histórica. Pero en medio de estas opiniones, generalmente intrascendentes, el

líder socialista, don Felipe González, afirmó, en un tono entre jocoso y serio, que la fecha del 15 de junio

«había significado en cierto modo una ruptura democrática sin el sentido traumático que se le había

querido dar».

Aunque ni el lugar, ni el momento, ni la hora, ni el medio ambiente, son los más propicios para conceder

una mínima rigurosidad a este juicio -que no hemos visto reflejado en ninguna otra declaración-,

apunta en él una apreciación errónea sobre lo que ha ocurrido en el proceso de democratización de

nuestro país. El 15 de junio es el triunfo de la línea centrista-evolucionista, que partía de la premisa de

que el cambio debía iniciarse desde la anterior legalidad vigente y desde el mismo aparato estatal. Esta

hipótesis de ayer -claramente defendida por el diario INFORMACIONES a lo largo de los últimos cinco

años- es ya hoy una tesis política que confirma el rotundo fracaso de la vía rupturista.

Asombra, por otra parte, que el dirigente socialista emita tal opinión. Ni él mismo ni el partido que dirige

ocuparían en la actualidad la posición hegemónica que comparte con U.C.D, si un largo y evolutivo

proceso no hubiese creado las condiciones para que una organización política, que hasta hace poco era

poco más que un tampón, un sello y unas siglas, se transforme en cien semanas en la primera fuerza

política organizada del país. Ha sido justamente ese proceso lo que ha permitido anular otras

organizaciónes clandestinas, que monopolizaban el campo de la izquierda, y potenciar a los doce jóvenes

apóstoles del socialismo, que precisamente un año antes del atentado contra don Luis Carrero Blanco -

comienzo real del cambio de las formas políticas- efectuaban un hábil golpe de estado interno contra la

plana mayor, anciana y anquilosada, del socialismo en Toulouse.

Además, el mismo P.S.O.E. ha desarrollado en este crucial periodo una estrategia antirupturista evidente

para propios y extraños. Si la Junta Democrática fue bloqueada, se debe en gran medida al inteligente

trabajo socialista, que no deseaba potenciar ningún tipo de salida que beneficiara al comunismo y

convirtiese a éste en lo que hoy es el P.S.O.E. Fue su hábil negativa la que sirvió de precedente a los

demás grupos de la oposición democrática, para no incorporarse en un tren conducido por don Santiago

Carrillo, en compañía de unas sedicentes «personalidades», de absoluta irrelevancla política y de nula

representatividad social.

Los historiadores del mañana apuntarán en el haber del P.S.O.E. el mérito que les corresponde por haber

ayudado con su inteligente presión a que el camino centrista desembocase en un nuevo modelo de salida

de una situación de larga excepcionalidad. Realmente, esta salida era la única posible en un Estado

moderno. Sólo los ilusos y aventureros políticos podían pensar que un Estado se vacía de la noche a la

mañana para ser ocupado por el primer audaz de turno. Tal ignorancia científica de lo que realmente es

un Estado es la causa de la derrota de las posiciones rupturistas, que concebían infantilmente el

franquismo como una torre de marfil aislada de los bloques sociales.

Pero si 1a inmediata realidad nos dice que el Partido Socialista Obrero Español no pecó de ilusionismo

rupturista, ¿por qué ahora don Felipe González nos dice que ha triunfado la ruptura? Presentar con ropaje

rupturista lo que es una victoria evolucionista, aparte de ser una apreciación fundamentalmente errónea,

es tergiversar -y no solo en la forma- lo que realmente ha ocurrido. Sólo la histórica doble alma innata

del P.S.O.E., el gran partido de la izquierda, el pragmatismo «prietista» y el maximalismo

«largocaballerista», puede explicar esta pirueta del lenguaje destinada a contentar a todos.

Más, que quede claro, fuera de problemas de esta o aquella organización, que lo que el 15 de junio ha

Vencido de un modo tajante es la concepción democrática más moderada, conservadora, prudencial

antirrupturista posible. Precisemos los conceptos políticos, porque si no corremos el riesgo de perdernos

en un galimatías semántico análogo al habido durante estos cuarenta años. La democracia debe significar,

por lo menos, el final de la duplicidad semántica.

 

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