La carta de la juventud     
 
 ABC.    15/07/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Arriba 15-VII-1977

LA CARTA DE LA JUVENTUD

La declaración programática del Gobierno comenta, en su tramo final, una especie de seguro de olvidos y

de reconocimiento de IM limitaciones propias de un documento de su género, «que impidan incluir en ta

presente la referencia a un conjunto de temas cuya ausencia no significa que estén fuera de las

preocupaciones del Gobierno».

Por supuesto, en la declaración brillaban por su ausencia algunos asuntos indudablemente importantes.

Pero acaso ninguno fuese tan grave y de tanta trascendencla como el de la juventud. La juventud en

general y, ya más específicamente, su proyección al campo de la Enseñanza, y su dete&blft inserción

laboral.

El Gobierno juega sus cartas políticas —hacia la Constitución, primordialmente— y sus cartas

económicas, dispuesto a sentarse, con la Oposición y las oposiciones, para acordar una estrategia de

mutua tolerancia y de necesaria convivencia. Sin embargo, las cartas de una parte sustancial de la

juventud, las que a ella corresponderían, no aparecen por ninguna parte.

Sin embargo, no solamente sigue abierto el tema de los profesores no numerarios, ya con implicaciones y

con inquietudes en los establecimientos de Ensenanza Media, sino que. además, continúan,

magnificándose, la masificación, los desequilibrios regionales y las medidas «antiinflacionarias»

adoptadas para la descongestión de las aulas y el logro de una mejor calidad de enseñanza.

Foco tiempo queda antes de que comience el próximo curso para establecer anos cauces que, sin duda,

deberían estar establecidos desde años atrás. La democracia ha llegado al país sin que su estructura

docente, y de modo más particular, la universitaria, haya tomado sus medidas para democratizarse, Y las

autonomías regionales, que tan directamente deberán de estar implicadas en la solución de estos temas de

Enseñanza y Universidad, están aún reducidas, por su novísimo planteamiento, a unos principios

generales, insuflados, eso sí, de buenos deseos y de positiva voluntad de consecución.

En un tiempo en que el paro se considera, con todo fundamento, cuestión fundamental a resolver, y

mientras de la Universidad y sus aledaños no parten caminos secundarios que puedan considerarse

opcionalmeríte efectivos al ingreso y permanencia en las aulas, se produce un masivo alud de solicitudes

de matrícula y una auténtica avalancha de alumnos que aspiran a superar las pruebas de selectividad. Este,

sin duda, es otro de los •i pee tos del asunto. ¿Cuántos, de entre todo» los aspirantes, irán a engrosar las

fUas de los parados de antemano, de aquellos que, por unas u otras circunstancias, no pueden proseguir

sus estudios jr ñau dt encontrar su primer tí abajo?

El porcentaje de estos aspirantes laborales quíxá sea despreciable en relación con «I total de la masa

trabajadora, pero ^o pot tUo cabe oVÁdarlo. Toda» la» n\tdidas adoptadas —incluida la devaluación o

desvalorización de_la peseta—, toda la declaración programática, en suma, afirman su propósito de que

los «pifióles recorramos un camino hacia ese futuro de bienestar, de justicia y de libertad que es lógica

ambición nacional Pero no hay una sola referencia a la juventud. Lo que no deja de constituir una

significativa ausencia. Si la juventud es el futuro, mal representado « encutirtt» «te en »\ primer programa

del Gobierno,

 

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