Autor: Páez, Cristóbal. 
   De la convivencia     
 
 Arriba.    13/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

DE LA CONVIVENCIA

SOSPECHO, que algunos procurarán que el vino electoral sea peleón, recio, espeso; más que

vino, licor saltaparapetos, para que quienes lo beban se deien de cumplidos con el enemigo

político (lo de adversario está todavía tan verde como las uvas en mayo), y se entreguen con

saña a una guerra de exterminio mutuo.

Se dice por ahí que todo lo ordo hasta ahora es un puro y simple movimiento de aproximación

a ios oblativos previstos por los estados mayores de las distintas fuerzas que van a batirse el

15 de junio próximo. La que más y !a que menos ha hecho acopio de munición en su Santa

Bárbara particular, y no precisamente a lo loco, sino con arreglo a las más depuradas técnicas

del «marketing», cuya regla de oro puede resumirse así: vender con éxito la Imagen propio y

anlquir lar la del contrario.

v

Se sospecha que los fdoseiersi, cual potros sálvales atados y enloquecidos, llevan no sabemos

cuánto tiempo en la osurídad de las cajas fuertes, soltando espuma y ensayando coces.

Podrían salir en estampida a la hora fijada, aunque el tiempo tratara de impedirlo y, por

supuesto, sin permiso de la autoridad. En la contienda política se desconoce el significado de la

palabra piedad, y quien entra en ella ya sabe a lo que se expone. Truman lo advertía con un

eufenismo de perragorda, pero que no por ello de|a lugar a dudas: tAI que no le guste el fuego

que no entre en la cocina.t

De momento se han producido las primeras y ya clásicas torpezas o meteduras de pata, que

dice el buen pueblo. Si un líder de la izquierda marxista afirma que ni él ni los suyos ni, madre

mía, el pueblo aceptarían que un determinado partido de la derecha ganara las elecciones, es

como para echarse las manos a la cabeza. O sea, que las urnas tienen que estar programadas

de antemano para que de ellas saiga una democracia equis y no la democracia hache o zeta,

que, voto o voto, desee la mayoría de los españoles. Tat postulación es demencial y

ásperamente tiránica.

SI otro líder de la izquierda afirma que su partido, sus ideas y sus hombres son los mismos de

hace cincuenta años, es como paro echarse a llorar. Tales palabras constituyen un clamoroso

certificado de petrificación, involución, reaccionarlsmo. Para regresar a donde estábamos

medio siglo atrás no necesitábamos alforjas. Si el rumbo y la altura de ese partido es cual

acaba de notificar su timonel, de poco servirá pintar el casco de la nave y empavesarla con

banderita tu eres roja, tu eres gualda. Y la sentenciosa sabiduría popular, siempre al quite de la

faramalla, no se andará remisa para decretar lo que es de razón y todos sabemos: «Aunque la

mona se vista de seda, mona se queda.»

Y, si finalmente, un líder de la derecha se aligera un tanto rambalescamente, de la pesada,

aunque placentera carga de la carne mortal y trata de presentarse como el único y exclusivo

espíritu puro del patriotismo, es como para empezar a temblar. Eso de meter a los amigos en

una supuesta España y a los enemigos en una llamada anti-España y o los indiferentes

aplicarles la legislación vigente, es algo que me recuerda una regla de oro que antaño presidió

el comportamiento de los partidos turnantes, resabiados y de colmillo retorcido ellos, y en !a

aue todo el juego de simpntías v antipatías, afirmaciones y negociaciones, recompenso/i y

sanciones, giraba en torno a ese lugar donde la espa! da pierde su honesto nombre.

Creo que las próximas elecciones ni nos convocan c la astracanada ni a la traqedia. la

indolencia o 3a críst pación Tampoco a la frase de grueso calibre Tamoo* co a la frivolidad Nos

convidan, creo, a la moderación Y, sí por desoracia, no son las elecciones rie la convivencia,

del tirar todos para adelante, uncidos o este cosa seria, superior y la más importante entre

todas las importantes que es España, pues apaga y vámo nos...

Cristóbal PAEZ

 

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