La modernización de la industria carbonera es imposible sin la ayuda del Estado  :   
 La nacionalización de Francia e Inglaterra y las subvenciones de Bélgica y Alemania. El ejemplo del Mercado Común. 
 ABC.    27/05/1964.  Página: 63. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA MODERNIZACIÓN DE LA INDUSTRIA CARBONERA ES IMPOSIBLE SIN LA AYUDA DEL ESTADO

La nacionalización de Francia e Inglaterra y las subvenciones de Bélgica y

Alemania.

EL EJEMPLO DEL MERCADO COMÚN

Madrid. (De nuestra Redacción,) La crisis actual del carbón en Asturias no

pertenece a los episodios coyunturales que alborotan cíclicamente cualquier tipo

de producción industrial, sino al agotamiento físico de un estatuto anticuado y

cuya reforma debe abarcar desde la necesaria renovación material, de los bienes

de equipo empleados en las operaciones de extracción, hasta la racionalización,

concentración de las empresas menores y cierre de las minas antieconómicas (se

entiende que "sólo" las claramente antieconómicas} que son auténticas "fábricas

de pobreza", pasando por una reforma del régimen comercial, tributario, fiscal y

arancelario. Es decir, un Plan de reestructuración global de la minería, que

puede adoptar cualquier fórmula, a condición de que sea enteramente nueva. Lo

único claro es que la minería asturiana ha vivido durante veinte años sin apoyos

estatales de ninguna clase, en el interior de un cuadro de propiedad privada, y

descapitalizándose hasta llegar a su actual estado de crisis definitiva.

AYUDA ESTATAL

La comparación de los sistemas empleados en diversos países europeos con la

industria del carbón y el sistema español puede resultar útil cuando se

comprende hasta qué punto la actual estructura económica, de la minería

asturiana resulta incompatible con su supervivencia. La racionalización que

Francia e Inglaterra han adoptado como fórmulas de salvación no ha sido seguida

por Alemania y Bélgica, que prefirieran subvencionar con cantidades importantes

su industria carbonera. Pero en ninguno de estos grandes países el Estado se

declaraba ausente de la cuestión. Y esta realidad es la que más nos interesa

recalcar. Que en Europa la modernización de esta industria vital es irrealizable

sin el apoyo estatal.

En Bélgica, donde las minas son de propiedad privada, las subvenciones han

tenido muchos motivos y no escasas fuentes. Ha habido subvenciones para

compensar subidas salariales, enseñanza que no es de desperdiciar, dicho sea

entre paréntesis, pero también las minas han recibido las ayudas dispensadas por

la C. E. C. A. para su modernización y el Estado ha garantizado determinados

créditos concedidos a las empresas para compra de bienes de equipo. Las minas

marginales, el paro parcial colectivo, log avales del Estado, todo esto que ba

representado una ayuda gubernamental a la miseria belga del orden de 27.496

millones de francos belgas (que equivalen a 32.923 millones cíe pesetas). Por

cada tonelada de carbón producida en Bélgica, el Estado aportaba una ayuda de 73

pesetas, que representa nna interesante cantidad. En Inglaterra, el Estado ha

invertido en las minas nacionalizadas 167.000 millones de pesetas.

LA HISTORIA DE FRANCIA

En Francia, la nacionalización de las minas de carbón, decretada en el momento

de la Liberación, ha permitido a "Charbonnages de France" batir simultáneamente,

como ha dicho Gilbert Mathieu, dos "records" paradójicos: el de la producción y

el de los déficits. Lo cual, en empresas nacionalizadas, resulta casi la regla.

En 1961, el déficit fue de 360 millones de nuevos francos. En 1962, de 510

millones de nuevos francos, y la tendencia es al aumento, ya que sólo los

salarios constituyen el 66 por ciento del precio de venta. Pero la

nacionalización no ha evitado las subvenciones—lo que debía hacernos meditar—,

sino todo lo contrario. En 1960, el Estado francés ha subvencionado a las minas

previamente nacionalizadas con 11 millones de dólares; en 1961, con 30, y en

1962, según nuestras informaciones, están previstos otros 30. Pero antes habían

hecho falta 750 millones de dólares para realizar la reorganización de la

industria, cosechados en un empréstito, que se sumaron a los 40 millones de

dólares pagados por el Gobierno a "Charbonneges de France" en compensación a las

restricciones del precio del carbón mantenido durante muchos años

artificialmente bajo, para que el índice general de precios no aumentase su

cotización desencadenando las correspondientes alzas de salarios. Pero en cada

tonelada el Estado perdía el equivalente de unas 164 pesetas, según datos de

1962.

En Alemania, aparte de establecer un dére0 cho de aduana de 20 DM. por tonelada

importada, el Gobierno ha establecido un impuesto e1 consumo del "fuel" con trae

alimenta una .Caja de Ayuda a la minería, que se repite en Bélgica, donde tanto

la gasolina como el gasoil sufren un gravamen destinado a aliviar la situación

carbonera.

EL MERCADO COMUN Las medidas son muy variadas, y cada país ha adoptado las más

convenientes, que han quedado, sin embargo, unificadas en el Protocolo -da

acuerdo «obre la política energética de los seis países del Mercado Común recién

aprobado en Bruselas, que prepara la creación del mercado de la energía en

Europa, objetivo final del Acuerdo, pasando por un periodo transitorio donde se

autoriza la continuación de las subvenciones a las respectivas industrias

carboneras nacionales. El Protocolo considera necesario "apoyar con ayudas del

Estado las medidas de racionalización tomadas por la industria carbonera para

adaptarse a las condiciones del mercado". Que esta ayuda sea degresiva, como

pretendían alemanes y holandeses, o simplemente adaptadas a la realidad, como

decían belgas y franceses, no quiere decir que nadie en el Mercado Común

considere posible la racionalización y modernización d« las minas de carbón sin

ayuda estatal. El fondo de sostén o la subvención pura y simple constituyen la

regla general en toda política carbonera, hasta el punto que la Comunidad

Económica Europea, concebida a escala intercomunitaria como un mercado de libre

competencia, admite, cuando llega la hora de ua asunto tan delicado, que existen

subvencione» y ayudas capaces de salvar esa "ciudadela del carbón nacional", de

la que ningún país está dispuesto a prescindir. M. Marjolin, uno do los miembros

del Ejecutivo del Mercado Común, lo ha dicho inmejorablemente: "Siendo la

protección que debe darse al carbón más de orden político que económico, parece

lógico qua la carga que de ello resulte sea soportada por el conjunto de la

economía, y no sólo por los consumidores de energía. Esta ayuda debería tomar la

forma de subvenciones directas o indirectas, que permitiesen pasar

progresivamente desde una situación de mercado protegido a la de un mercado más

abierto sobre la concurrencia exterior." Y M. Marjolin es todo lo contrario de

un dirigista.

Pero es evidente que sin una nacionalización donde el Estado asuma toda la

carga, o de una subvención, ayuda o crédito de alguna especie que sea capaz de

modernizar y racionalizar la industria hullera asturiana, España no contará

nunca con un combustible sólida a precios asequibles. Nunca ha sido más urgente

tomar una decisión.

 

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