Peralta, ¿de qué me habla usted?     
 
 Diario 16.    11/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Peralta, ¿de qué me habla usted?

|Qué tragaderas las de estos franquistas! Llevados de su irremediable afán de servicio, olvidan con

obstinación los grandes "servicios" que nos han infligido a los españoles cuando detentaban el poder. Un

caso paradigmático de amnesia es el que ofreció ayer en las Cortes Luis Peralta España, procurador

familiar por Málaga y por Girón, a quien no le gusta que le recuerden —también lo dijo en las Cortes,

públicamente— su etapa de subsecretario de la Gobernación, con José García Hernández como ministro,

desde noviembre de 1974 hasta diciembre de 1975.

Decía ayer Peralta que nunca ha habido un Gobierno tan falto de autoridad, que no se puede salir a la

calle so pena de atracos, robos y atentados, que los delincuentes campan por sus respetos y se retrasa la

aplicación de la justicia y que "a más democracia debe haber más orden". En esto quizá tenga razón,

porque con él de subsecretario y García Hernández, hoy candidato de Alianza Popular a senador por

Guadalajara, de ministro, ní hubo democracia ni hubo orden público, que era, vaya por donde, uno de los

mitos del franquismo.

Con Peralta en la Subsecretaría murieron siete guardias civiles, seis policías armados, tres funcionarios

del Cuerpo General de Policía y otras cinco personas en atentados atribuidos a ETA o al FRAP. Durante

el estado de excepción que se declaró el 25 de abril de 1975 para Guipúzcoa y Vizcaya, las Fuerzas de

Orden Público dieron muerte a cuatro supuestos miembros de ETA, a un estudiante en Ondárroa y a una

alemana de sesenta y cinco años que no paró a tiempo en un control de carreteras.

Hay más ejemplos de la seguridad con que un ciudadano podía salir a la calle en aquellos días de

"Gobierno fuerte", como le gustan a Peralta, A finales de julio se podía desayunar el madrileño con

tiroteos callejeros en zonas tan céntricas como Clara del Rey o Fuente del Berro. Ya la plaza de toros de

"Bilbao, improvisado y grandioso calabozo para albergar "retenidos", oportuno eufemismo, y los cacheos

masivos a plena luz en el País Vasco llevaban, sin duda, la óptica peraltesca, una gran tranquilidad al

ciudadano.

Había un Gobierno fuerte que garantizaba la seguridad hasta tal punto que alguno de sus ministros, como

el del Ejército, podía ser zarandeado e increpado y abollado su coche oficial, como en el funeral por

algunos de los agentes de Orden Público.

La justicia no se retrasaba. El Gobierno firmaba cinco penas de muerte dictadas en juicios sumarísimos

sobre la base de un decreto-ley de medidas antiterrorismo, que Peralta quizá juzgue modélico, pero que

juristas más prestigiosos consideraron aberrante.

¡Qué decir de robos y atracos! El jefe de Peralta, García Hernández, hubo de dictar estrictas medidas de

seguridad para las oficinas bancarias, que a partir de entonces debían contar con un vigilante armado, para

detener la ola de fechorías.

Con todo, esto podrían ser simplemente anécdotas del franquismo frente a unos hechos sumamente más

graves y que todavía no han salido a la luz pública como sería deseable. Durante la etapa de Peralta al

servicio de sus conciudadanos desde el Ministerio de la Gobernación, a las órdenes de García Hernández,

surgieron, por ejemplo, los comandos anti-ETA, que actuaron contra vidas y haciendas en la más plena

impunidad; actuaron por toda España policías paralelas; se trasladaba a personas a Guipúzcoa y Vizcaya

durante el estado de excepción para poder aplicarles "el peso de la ley"; se interfirió la labor de la justicia,

como Peralta debe saber; se practicó la tortura, como denunció la prensa sin que hubiera desmentidos

oficiales y sí, en cambio, una declaración de materia reservada sobre esta actividad ilegal.

. Resultaría de sumo interés que el antiguo subsecretario de la Gobernación recobrase la memoria sobre la

seguridad de sus conciudadanos en aquellos días en que él era uno de los responsables de garantizarla. Y

que invitase también a tan sano ejercicio al que fue su ministro y hoy opta al Senado desde las filas de

Alianza Popular.

D16 colaboraría gustoso con Luis Peralta y puede aportar documentación que seguramente le refrescaría

algunos hechos de aquella época, no tan lejana por otra parte, pero üue quizá haya olvidado el ex

subsecretario.

 

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