Autor: Sánchez Agesta, Luis. 
   Monarquía, justicia social y libertad política     
 
 ABC.    23/10/1963.  Página: 48. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

MONARQUÍA, JUSTICIA SOCIAL Y LIBERTAD POLÍTICA

"Ya" La publicado ayer, con este lítalo, un artículo de su colaborador don Luis

Sánchez Agesta, que por. la importancia del tema y claridad de exposición nos

complacemos en reproducir a continuación.

"Hace unos días he leído unas graves y atinadas observaciones sobre el porvenir

de la monarquía europea en el discreto comentario de una obra teatral (y bueno

será confesar que por razones personales estoy hace tiempo ausenta de las salas

de espectáculos, para Que nadie piense que estas líneas no son glosa de la

alosa, sino de la obra comentada). España es así. Y nos salen al paso tinas

reflexiones que hacen meditar en lo que podría parecer una crónica

intrascendente, alternando con frivolidades demagógicas en los textos que

Parecen escritos en la línea de fuego de la vida política.

El autor de la glosa pondera las posibilidades históricas y sociales de la

monarquía europea y fija las condiciones sobre las que es posible—¿dónde?, ¿en

España?—una restauración. Esa restauración?—según el autor de la glosa—sólo

alcanzará estabilidad suficiente si logra aunar una firmé, institucionalizada y

progresiva justicia social con un amplio ejercicio de la libertad política. Me

parece que el autor está más "comprometido" con la justicia social y la libertad

política que con la monarquía y que en cierta manera pretende tasar el Precio de

una restauración. Pero también me parece que los monárquicos de sentimiento o de

razón, los monárquicos doctrinarios o de convicción ocasional, esto es, quienes

están más "comprometidos" con la monarquía que con la justicia social y la

libertad política, es fácil que esten, convencidos de que ésas son no las

condiciones, sino las consecuencias naturales de una restauración estable.

Quisa convenga hacer una recapitulación de hechos. Las grandes monarquías

europeas del siglo XX no cayeron como consecuencia de un choque con quienes

representaban la justicia social o la libertad política, sino en los asares de

una desafortunada guerra exterior o envueltas en la liquidación de una

oligarquía de partidos que no había acertado a institucionalisar la justicia

social ni a asegurar un pasable ejercicio de la libertad política.

Otro hecho digno de subrayarse es que sólo hay verdadera libertad, política,

aunada con una justicia social progresiva, allí donde la monarquía europea ha

sobrevivido a los embates de las dos pasadas guerras mundiales. Para no

aventurar conclusiones y situarnos en un terreno plenamente objetivo, no

trataremos de deducir consecuencias, sino de constatar simplemente tina relación

de hechos que nadie podrá negar. Hay monarquía allí donde la libertad política

está aunada con una justicia social progresiva y hay justicial social y libertad

política alli donde hay monarquía. El paralelismo es tan sorprendente, que creo

voledla pena de que mediten sobre su significado los "compromeíidos" con la

monarquía y los "comprometidos" con la justicia social y la libertad política.

Habrá que subrayar que la "y" copulativa que vincula a la justicia social con la

libertad política tiene aguí una especial trascendencia. No se trata, de

"comprometerse" con la justicia social 0 la libertad política, sino con las dos

juntas, aunque muchas veces en una apreciación superficial puedan parecer

contradictorias. Porque la justicia social pide muchas veces una acción extensa

y profunda del. poder público para compensar desigualdades, y la libertad

política exige respetar iniciativas, garantizar derechos y contener Poderes. Las

dos se modelan v se limitan reciprocamente, como están descubriendo los

neoliberales y los neo socialistas europeos. Y las dos se encuentran en esa

profunda idea cristiana de la dignidad del hombre, que unas veces exige del

Poder público contención y límite y otras ayuda y servicio.

Este no es más que uno, aunque quisa el más importante en la hora actual, de

esos complejos equilibrios en que se funda un orden político estable.

Equilibrios que son posibles cuando la vida Política no es rebatiña o guerra

civil de partidos y grupos, sino que está centrada en un eje de poder que

trasciende los intereses circunstanciales de banderías, grupos oligárquicos y

clases, para vincularse con la historia de un pueblo y la idea Pura de un poder

público al servicio del bien común.—Luis SÁNCHEZ AGESTA."

 

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