El concepto de servicio público     
 
 ABC.    23/04/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

EL CONCEPTO DE SERVICIO PUBLICO

Son abundantes, para incomodidad general, las tomas de posición drásticas y amenazadoras por parte de

distintos Cuerpos profesionales, de muy diversa índole, respecto a sus reivindicaciones económicas y

laborales. Cuando esos Cuerpos profesionales tienen de común el hecho de rendir un servicio público, sus

posturas inciden muy directamente sobre la sociedad, lo cual padece los efectos de una situación que no

está en su mano remediar.

Se está perdiendo, a marchas forzadas, el concepto primigenio del servicio público. Los bomberos,

algunos médicos, bastantes enfermeras y, ahora, los farmacéuticos sitúan entre la espada de sus

reivindicaciones, llevadas al extremo, y la pared de su negativa a seguir prestando sus servicios, tanto a

los organismos públicos, que representan funcionalmente a la sociedad, aunque todavía no pueda decirse

de sus rectores que han sido elegidos por ella, como a loa propios usuarios. Parece que el río,

relativamente revuelto, de la situación del país, en plena efervescencia política, facilita ciertas

especulaciones reivindicativas que, partiendo de bases justas, en la mayoría de los casos, se disparan

hacia extremismos que resultan siempre indeseables.

El tema de los farmacéuticos, como el de cualquier otro grupo profesional que tenga encomendadas

misiones de seguridad o de salud pública es, ciertamente, preocupante. No acaba de entenderse

qué razones de rentabilidad, en lo que no deja de ser un exclusivo monopolio comercial, aunque tal

monopolio lo sea por imperativo social de garantía, hayan llevado a sus representantes a la amenaza

sustancial de cerrar estos establecimientos, en apoyo de sus reivindicaciones, dejando tan solo abiertas las

farmacias de guardia. Parecen olvidarse de que la confianza, no ya sólo la seguridad, de la sociedad, no

puede ser defraudada, por muchas razones económicas que se esgriman, y, aunque todas ellas estén

fundamentadas en una inflación que padecemos todos. Porque la sociedad, si se quiere egoístamente, no

ha depositado esa confianza en quienes tienen a su cargo la dispensación de remedios, basándola en una

simple contraprestación de tipo financiero. Hay algo más, algo que la sociedad valora y seguirá valorando

siempre, y es el espíritu de entrega, y de sacrificio también, que esta dedicación comporta. Los

farmacéuticos no son, ni pueden serlo nunca, simples comerciantes que reaccionen como lo harían los de

cualquier otro ramo. Forman parte de las fuerzas que la sociedad ha destacado como guardianes de su

salud, complemento indispensable de la acción de los médicos.

Conviene, pues, que se serenen los ánimos. Y que no se llegue nunca a situaciones drásticas, extremistas,

que puedan sorprender a la sociedad en sus más íntimas necesidades y dejarla desasistida, si lo que se

desea es el respaldo de esa propia sociedad.

 

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