Contra la provocación     
 
 El País.    15/04/1977.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Contra la provocación

EXISTE UN A correlación estrecha entre la mentalidad democrática y la utilización del lenguaje racional.

Dada la claridad de los objetivos que persiguen los demócratas —una sociedad en la que tas decisiones

sean tomadas por acuerdos mayoritarios, sin perjuicio de que las minorías sean respetadas y protegidas—

y de los medios de que están dispuestos a valerse para organizar la convivencia el imperio de la ley y el

Estado de Derecho—, nada les empuja a enturbiar con pasiones y emociones la defensa de sus privilegios.

Pueden permitirse una completa transparencia en sus programas y proponer como metas las que

realmente están resueltos a alcanzar. De esta forma, su lenguaje estará al servicio del convencimiento

racional.

La exacerbación de tas pasiones y la agitación emocional son, en cambio, los instrumentos preferidos por

los reducidos sectores minoritarios que, incapaces de conseguir mediante procedimientos racionales el

apoyo de las mayorías necesitan recurrir a otras motivaciones para lograrlo. Las metas que esos grupos se

proponen, tales como restablecer un sistema totalitario que les permita perpetuarse en el poder, son tan

intrínsecamente impopulares que ni siquiera pueden exponerse como taíes. Se ven obligados, así, a

montar un gigantesco frapde. Los verdaderos intereses que defienden desaparecerfde la escena y son

sustituidos por valores abstractos en los que todo el mundo coincide(desde la salvación de la patria ala,

civilización occiden) En la economía de esa estafa ideológica, desempeñará un papel de primer orden el

invento, como en el cuento, de un maniquep al que poder endilgar todos los males y desgracias de la vida

cotidiana.

Naturalmente, este edificio de ficción no se mantiene en pie cuando es sometido a la crítica racional. Por

eso nuestros autoritarios gritan, golpean y tratan de reducir al silencio a los discrepantes. Para reclutar su

clientela, necesitan despertar emociones y pasiones.

En esa estrategia, la utilización de los símbolos ocupa un lugar importante. El enarbolamiento de la

bandera nacional para encauzar todas las emociones patrióticas hacia molino* más que sospechosos,

prueba, una vez más, la flaqueza de la imaginación y la tendencia hacia la reiteración de la extrema

derecha de nuestro país. Ese flamear de banderas trata burdamente de llevar al convencimiento de

nuestros conciudadanos que sólo son verdaderos españoles ios que impúdicamente envuelven su

desnudez política con una enseña que por derecho nos pertenece a todos.

Quienes defienden la democracia y el pluralismo no pueden limitarse a denunciar esa apropiación

indebida, verdadero delito de lesa patria. También deben cuidar de no caer en la trampa y de no permitir

las provocaciones. Tal vez uno de los errores más graves que cometieron los republicanos en el pasado

fue modificar el símbolo de unión de todos los españoles y añadir una franja morada —de dudosos títulos

históricos y de sospechoso carácter centralista a la bandera nacional.. Porque la bandera roja y gualda no

es la bandera de ninguna facción política y ni siquiera de la monarquía borbónica, sino la enseña de la

unidad del Estado consagrada como tal por un rey ilustrar do, Carlos III, en la época en que toda Europa

se regía por el sistema monárquico.

El enarbolamiento de la bandera tricolor es el mejor regalo que puede hacerse a los fanáticos que desean

apropiarse del símbolo rojo y gualda, que para la gran mayoría de españoles posee, como es lógico, un

elevado contenido emotivo. Como constituye también un inmerecido obsequio para esos aspirantes a

monopolistas de los sentimientos patrióticos que las enseñas de las comunidades catalana, vasca, andaluza

o gallega no flameen junto a la bandera de la comunidad más amplia que las incluye. Quienes aspiren a la

edificación de una España democrática, a salvo de la involución hacia la dictadura, no deben sólo

subrayar fundamentalmente el contenido racional de sus propuestas; también tienen que saber que sus

enemigos desean arrastrarles al terreno de las pasiones porque sólo a través de la provocación podrán

derrotarles.

 

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