Vida oficial. Recepción real al Cuerpo Diplomático. 
 Don Juan Carlos: "España no se concibe encerrada en sí misma"     
 
 Informaciones.    12/01/1976.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

RECEPCIÓN REAL AL CUERPO DIPLOMÁTICO «ESPAÑA NO SE CONCIBE ENCERRADA EN SI MISMA»

NUNCA hemos gustado del aislamiento ni aprobado la discriminación. El pueblo español es universal por naturaleza y por vocación España no se concibe encerrada en si misma, sino abierta a los cuatro puntos cardinales, en dinámico impulso de participación en la construcción de un futuro mejor, no sólo para nosotros, sino para toda la Humanidad. Estas fueron algunas de las afirmaciones del Rey de España en la recepción que Sus Majestades ofrecieron ayer en el Palacio Real al Cuerpo diplomático acreditado en Madrid con motivo del año nuevo.

En nombre de los embajadores habló el nuncio de Su Santidad en España, monseñor Dadaglio, decano del Cuerpo Diplomático, quien dijo «Sabemos cuan importante es para la suerte de Europa y del mundo el que España encuentre, en paz y libertad, los caminos del futuro que busca en esta hora.

Don Juan Carlos y doña Sofia saludaron personalmente a todos los Invitados, que se hallaban en la cámara oficial y en el salón Azul. A continuación, el nuncio pronunció un discurso, que puede interpretarse como un claro respaldo del Vaticano a la política anunciada por el Rey en el mensaje de la Corona.

DISCURSO DEL NUNCIO

«Majestad: Es para mi un gran honor —dijo monseñor Dadaglio— presentaros, en nombre del Cuerpo Diplomático acreditado en Madrid, la más respetuosa felicitación para el año que comienza, al poco de tomar vos en vuestras manos la difícil y magnífica tarea de dirigir los destinos de España.

Todo es para nosotros, motivo de profundo interes en esta hora que nos ha tocado vivir. El mundo, que de algún modo nosotros aquí representamos, sabe muy bien que España no sólo ha prestado egregios servicios a la Humanidad en tantas épocas de la Historia pasada, sino que es aún hoy un país cuya suerte se sigue con apasionado ínteres en todos los rincones del planeta. Nosotros, que gozamos el privilegio de vivir entre vosotros, de disfrutar la hondura de vuestra cordialidad y vuestro alegre sentido de la vida, sabemos, quiza mejor que nadie, cuan importante es para la suerte de Europa y del mundo el que España encuentre, en paz y libertad, los caminos del futuro que busca en esta hora.

Vos sabéis, señor, y podemos decirlo sin adulación alguna, cuántas esperanzas ha levantado el nombre y el programa de Vuestra Majestad. Fue para nosotros una gran alegría escuchar vuestro discurso en las Cortes, lleno de mesura y de ilusionada voluntad de servicio a vuestro pueblo, a vuestra patria, en el respeto a la libertad y la justicia, en busca de la paz y el bien común.

Ojalá esa paz libre y justa que España desea construir día a día sea una gran contribución a la paz que el mundo tanto necesita. Hace aún muy poco, el Papa Pablo VI, a quien me honro en representar, recordaba como "la civilización camina en pos de esa paz cuya única arma es un ramo de olivo" y como la justicia sigue también ese sereno cortejo, pero no altanera y cruel, sino decidida a defender a los debiles, a castigar a los violentos, a asegurar un orden extremadamente difícil, pero el único que puede llevar, ese nombre divino el orden en la libertad y el deber responsable".

Y el mismo Pablo VI animaba a todos los hombres de buena voluntad a creer que ese cortejo—de la paz, aunque entorpecido por ataques obstinados y por incidentes inesperados, prosigue bajo nuestra mirada en este trágico tiempo nuestro, con paso quizá un poco lento, pero seguro y benéfico para e1 mundo entero".

Asi deseamos, señor, que crezca la paz en España, bajo la joven y sabia dirección de vuestra mano nunca es cosa fácil pero tampoco imposible. Y este ferviente deseo se hace para el creyente humilde invocación al Altísimo.»

DISCURSO DEL REY

El Rey contestó en los siguientes términos:

«Mucho agradecemos vuestra presencia hoy en este Palacio Real de la capital de España, así como vuestras amables manifestaciones y vuestra felicitación por el nuevo año. También la Reina y yo os deseamos la mayor prosperidad y ventura personales, en unión de vuestras familias.

Es la primera ocasión en que, como Rey, me es dado acogeros en cuanto dignos representantes de tantos nobles pueblos con los que España mantiene las mas amistosas relaciones. Quiero por ello aseguraros desde ahora la más cordial recepción por mi parte en el curso de vuestra importante misión, y mi más sincera disposición de facilitar y fomentar cuanto sea posible las relaciones entre vuestros Gobiernos y vuestros pueblos con el Gobierno español y con todos les estamentos de nuestra sociedad nacional.

El señor nuncio ha pronunciado unas cariñosas palabras hacia el pueblo de mi país que quiero agradecer con el mismo espíritu de afecto y consideración que las ha inspirado. Efectivamente, yo sé que el pueblo español os acoge con cordialidad y respeto, que vuestra presencia, y la de todos vuestros compatriotas, es muy grata entre nosotros. El pueblo español ha sido siempre hospitalario; nunca hemos gustado del aislamiento ni aprobado la discriminación.

El pueblo español es universal por naturaleza y por vocación, y uno de sus legítimos orgullos es ser a su vez raíz de un gran conjunto de pueblos hispanoamericanos, a los que quiero dedicar un familiar saludo, España no se concibe encerrada en sí misma, sino abierta a los cuatro puntos cardinales, en dinámico impulso de participación en la construcción de un futuro mejor, no sólo para nosotros, sino para toda la Humanidad. Tened por seguro, señores embajadores, y os ruego lo transmitáis así a vuestros Jefes de Estado, que se han acreditado ante el de España, que la Monarquia española hará de la paz interior e internacional y de la cooperación entre los pueblos objetivo primordial de sus esfuerzos.

Muchas gracias y feliz año nuevo a todos.»

RESPALDO DEL VATICANO A LA POLÍTICA DEL REY

Los Reyes ofrecieron una copa de vino español a todos 1os reunidos, con los que departieron cordialmente.

12 de enero de 1976

 

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