Autor: Onega López, Fernando. 
   El péndulo     
 
 Arriba.    31/03/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

NUNCA tonta expectación se concentró sobre el cielo político español. Las últimas semanas de

la recta finaf se hon vuelto especialmente tensas y especialmente confusas, sin que nadie

tenga exactamente la culpa, de k> que pasa. Los corrillos de las Cortes de ayer tuvieron más

puesta su atención en lo que ocurría en otras instituciones que en id propia ley que se toa a

aprobar. Quizá por eso fue posMe que la ley de Asociación Sindical, que Enrique de la Mata

calificó como la «ley de la libertad», haya pasado con una mayoría muy sobrada. Tan sobrada,

que pareció por momentos que, estábamos en otros tiempos en tos que no había ninguna

aposición parlamentaria.

Perp vayamos al grano. En cuanto a la legalización del Partido Comunista, todo k> que hay

basta el momento es esto: rumores sobre rumores. El ambiente, se mire por donde se mire, es

pesimista. A cualquier zona de la clase política a donde se llame, la respuesta es única: las

impresiones son de que la sentencia puede resultar negativa. Naturalmente, entre la

declaración de ilicitud penal y la aprobación absoluta, pueden caber términos medios. Por

ejemplo, una devolución d« papeles al Gobierno. Esta es la gran salida por la que, a última

hora, suspiran muchos políticos, como mal menor en este momento. El caso es que casi todos

nos hemos comprometido a aceptar el veredicto del Alto Tribunal y, aunque nos pueda

disgustar, así hemos de hacerlo.

No voy a plantear en este comentario, por tanto1, un razonamiento jurídico que sólo podrá

estar en la sentencia cuando ésta se haga pública. Pero sí es obligado plantear una

consideración puramente política: ¿existe o no existe el PCE? Evidentemente, la respuesta es

afirmativa. ¿Tiene o no tiene afiliados, activistas y base organizada? ¿Van a seguir participando

en la vida pública, como lo hicieron a lo largo de tos últimos cuarenta apos? ¿Tienen o no

tienen sus miembros una aceptación social en los tugares donde viven, trabajan o desarrollan

cualquier tipo de actividad? Las respuestas, también en estos casos, son afirmativas. Por eso,

la posJbiHdad de no legalizar el partido abre un período de mcertidumbre, que empieza por

saber cuál será el tratamiento administrativo de sus miembros. Para ellos, situados fuera de la

(ey, sólo se abriría una posbilidad: la represión. Y habría, puestos en términos de gobierno, una

excepción en la gran norma de chacer normal I» que a nivel de caUe es normal». Pero repito

que estamos sobre rumores, y nada de esto está confirmado.

Lo que sí está confirmado es que hemos ganado un nuevo techo de libertad sindical, aunque

no sea el úWtno ni el definitivo. El propio Enrique de la Mata se preocupó de señalar que el

paso dado ayer en las Cortes no es todavía la gran reforma. Queda abierta, sin embargo, la

posibilidad de organizar asociaciones sindicales, aunque queden ceñidas al ámbito de rama de

actividad, y aunque persistan, como se preocupan de señalar tas centrales, los Consejos

Nacionales de Trabajadores y Empresarios. Es casi el fin del smdícaJi|smo vertical. Se acaba

de remover una pieza muy Importan*» en el susténla del Régimen, para dar paso a una

estructura basada en el pluralismo de la democracia. A efectos prácticos hay algo importante,

que «sta ley se aprobó en el Pleno de las Cortes llamadas «franquistas», y no hubo necesidad

de decreto-ley. Hay mucha gente en este país que se pregunta si no habrían desaparecido

muchas de las dificultades presentes si en todo el proceso legislativo se hubiese seguido el

mismo procedknlenftK

Y eJ gran secreto que sigue ocupando todos tos escritos políticos ha sido desvelado ayer por

su propio protagonista, Adolfo Suárez. Cuando los periodistas le preguntaron en el Pleno cuál

era su posición electoral. respondió sin ningún rodeo: «Obtener deducciones. * No hace falta

traducir estas dos palabra», pero algo queda claro: que «f Presidente está auscultando la

opinión para decidir lo que debe hacer. Nada «tí escrito, pues, y el Presidente más popular de

un Gobierno español desea también el veredicto popular, una gran solicitud, para decidirse. Asi

quedan los grandes temas cuando terminan los idus de. marzo, que vinieron mjSs cargados de

«suspense* que de buenas noticias.

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