Autor: Duque, Aquilino. 
   Símbolos     
 
 Informaciones.    27/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

SÍMBOLOS

RECIENTEMENTE han empezado a desaparecer de las fachadas de edificios públicos ciertos

símbolos que, entre otras virtualidades, tenían la de recordarnos una guerra civil que muchos no han

conocido y que algunos entre los que me cuento, deseaban poder olvidar. El gozo ha sido breve, por que

en espacio de días, por no decir de horas, han salido de las alcantarillas -como diría “El País” - o del

estercolero de la Historia -como hubiera dicho Trotsky-, y recorrido las calles en los utilitarios del

desarrollo, otros símbolos que, no por ser de signo opuesto, recuerdan menos las epopeyas fratricidas de

hace cuarenta años.

Me estoy refiriendo, claro esta, a legítimos alardes de júbilo con que los bolcheviques españoles han

festejado su legalización por el Ejecutivo. Mi enhorabuena a quien corresponda. Lo que es malo en

moral no tiene porqué serlo en política. La legalización del comunismo era una inmoralidad políticamente

inevitable, y lo más censurable en este pleito tal vez haya sido la pretensión de que lo sustanciase el

Poder judicial, pues la justicia, que es también una virtud teologal, deja de serlo cuando la moral se la

salta a la torera.

El comunismo, hablando bien y pronto, es la organización política de la lucha de clases para implantar la

dictadura del proletariado. Ya sé que el llamado eurocomunismo ha hecho pública renuncia de tan

siniestra finalidad, pero yo me hago una pregunta que no sé porqué no se han hecho aun sus exégetas. Y

es esta: si ya no interesa la dictadura del proletariado, ¿qué sentido tiene la lucha de clases?

Desgraciadamente, la contestación también me la sé, y es que el sentido de la lucha de clases es la

implantación de una sociedad socialista o, dicho de otro modo, la transformación igualitaria de la

sociedad, que es, en el lenguaje gaseoso de! comunismo mollar, lo que el comunismo duro, menos dado a

las sutilezas lingüísticas, sigue llamando de modo contundente dictadura del proletariado.

Llame a su meta dictadura del proletariado o sociedad igualitaria, la lucha de clases es la razón de ser del

comunismo. En el marco social de la democracia burguesa, esa lucha de clases, real o inducida, es un mal

social como el aborto o la prostitución, y si el aborto y la prostitución, por inmorales que sean, son

menos dañinos cuando están reglamentados, la lucha de clases, que no es menos inmoral, pierde también

peligrosidad cuando está sujeta a reglamentación. La lucha de clases es un mal social, porque es una

forma larvada de guerra civil; es un mal social que hay que reconocer, porque está adecuadamente

diagnosticado. .Ahora, una vez conocido el diagnóstico y reconocido el enfermo, caben dos actitudes ante

el mal: mitigarlo o fomentarlo. Yo pienso que el comunismo mollar que no va a renunciar a su

razón de ser porque yo lo diga, debería acaso buscar un eufemismo para la lucha de clases como ya lo ha

.buscado para la dictadura del proletariado.. De otro modo, va a ser difícil entender cómo se puede agitar

con una mano la bandera blanca de la reconciliación nacional y con la otra la bandera roja de la lucha de

clases. Porque los símbolos y ademanes que ahora resurgen tienen mucho que ver con lo último y nada en

absoluto con lo primero.

Ya que hablamos de símbolos, y ya que estamos en Andalucía, que busca también, como cualquier hija de

Celtiberia, su identidad en un trozo de bayeta, he dado en pensar que no hay derecho a que los vascos y

los catalanes tengan un término vernáculo para designar su respectiva enseña regional. Los andaluces,

que en nada cedemos ante las otras tribus celtibéricas, deberíamos disponer a nuestra vez de un vocablo

autóctono para designar nuestra flamante enseña. Yo propondría, pues, para la bandera andaluza una

palabra que tenga a la vez abolengo árabe y llaneza popular, la palabra aljofifa. Y a flamear nosotros

nuestra aljofífa como los otros flamean su ikurriña y su senyera.

Por Aquilino DUQUE

 

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