Autor: Onega López, Fernando. 
   El péndulo     
 
 Arriba.    11/03/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Fernando ONEGA

El péndulo

EXTREMADURA y Guipúz coa. Dos caras de la actualidad. Dos imágenes muy distintas de un mismo

día de esta España que camina pesadamente, lentamente, hacia una democracia plena. Dos rostros que

resumen de alguna forma el clima de tensiones, conflictos, pero también de esperanzas. En Extremadura

estuvo, por segundo día consecutivo, el acento social, en comunicación directa entre un Rey que

expresaba su propósito de estar cerca del pueblo, y un pueblo que expresaba con igual intensidad la

amargura por su postración y los términos de, una adhesión que, en cada viaje de los Monarcas, tiene

mucho de símbolo y plebiscito.

Guipúzcoa tiene, en cambio, otro acento. Ayer fue ei acento triste de fa violencia callejera, con barricadas

en las calles de San Sebastián, paros laborales e intentos de manifestación. Algo ha cambiado en los

poderes públicos: lo demuestra, simplemente, la rueda de Prensa mantenida en el Gobierno Civil, cuya

celebración debe abrir un nuevo estilo para que la información deshanque al rumor. Pero el fondo de la

cuestión es —y no hay por qué disimularlo— grave. Para entrar en su diagnóstico, habría que investigar

las causas de la solidaridad con los dos etarras muertos en enfrentamiento con la Fuerza Pública. Después

de despejar esa incógnita —no tan incógnita—, ses´á posible plantear y aplicar las soluciones políticas

que el País Vasco reclama. De lo contrarío, medidas tan bien intencionadas como la reciente restauración

de las Juntas Generales de Guipúzcoa y Vizcaya, pueden caer en lo peor: en el silencio.

Los hechos ocurridos ahora no constituyen ningún dato pora el tríunfalismo. Se podrá o no se podrá estar

de acuerdo con sus protagonistas e incitadores, de la misma forma que se puede disentir de los

procedimientos utilizados en alguna ocasión para reprimir la subversión. Pero, en todo caso, estamos ante

un hecho social que, según fuentes fidedignas, afectó a rojas de cincuenta mil obreros que llegaron a

paralizar sus actividades en señal de luto y protesta y a un número indeterminado de personas que salieron

a fa calle a manifestarse. Su actitud de solidaridad es, hoy, la nota política más importante de una jornada

muy difícil. La situación de tas Vascongadas no se puede dramatizar ya más. En este sentido, las acciones

del Gobierno, desde liberalizar el uso de la «ikurriña» a restaurar las Juntas Generales, merece un cálido

aplauso. Ahora hay que continuar en la corrección de los factores que pueden llegar, en un ambiente de

pasión, a alterar la paz pública. La amnistía, cuya ampliación debe llegar precisamente hoy. es un factor

para la normalidad. Es una pena que no llegue en un clima más sereno.

— oOo —

Aparte de estos hechos, el precalentamiento electoral sigue siendo, en vísperas de normas, el gran asunto

informativo. No hay novedades, pero sí rumores. Ei primero es la recomposición de Centro Democrático,

que puede pasar a ser, en breve plazo, el lugar de cita de toda la democracia cristiana, como varias veces

hemos aventurado en esta crónica. La prepotencia «DC» tendría estas consecuencias iniciales: una salida

del equipo del ala izquierda que representa el Partido Socialdemócrata de Fernández Ordóñez, que pasaría

a militar por obligación en el todavía inconcreto Centro-Izquierda, que sigue siendo más deseado que real.

Ante todo este corrimiento de tierras y otros que le seguirán, el Gobierno mantiene —ai menos de puertas

afuera— una escrupulosa neutralidad, que espera su definitiva confirmación como principio de las

normas electorales.

La clase política tiene, ante todo, un único problema: la posible —todavía no probable— concurrencia del

Presidente Suárez a los comicios. Son tan grandes los temores ante esta posibilidad, que se ha llegado a

presionar ante el Gobierno de los Estados Unidos para que sea aplazado el rumoreado viaje del Presidente

a Washington. Teme la oposición que esta visita contribuya a aumentar la aceptación de Adolfo Suárez,

que las últimas encuestas sitúan en un setenta y tres por 100 de la población española. Sobre el papel

personal del Presidente en las elecciones todavía no hay ni una sola luz. Todo lo que usted pueda leer son

rumores. Únicamente destacó la declaración de Alfonso Osorio a «A B C: «En cualquier país del mundo,

con una democracia establecida, el Gobierno no sólo puede, sino que debe comparecer ante los electores

para que éstos juzguen el acierto o desacierto de su gestión.» Esto es tan efemential, que incluso se dijo

alguna vez en esta columna. Lo que ocurre es que la democracia española no es todavía una «democracia

establecida», sino en trance de establecerse. Yo creo que la decisión del Gobierno debiera supeditarse

exclusivamente a esto: a que la ley Electoral dé tales garar&as de objetividad que el Gobierno sea ante las

urnas un adVersarío más y no un competidor desleal.

 

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