Autor: Rodríguez, Pedro. 
   Actas del tiempo que llaman de la Reforma     
 
 Arriba.    20/02/1977.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 13. 

Pedro RODRÍGUEZ

Actas del tiempo que llaman de la Reforma

1. Alguien voló sobre el nido del GRAPO: Conesa y sus boys. El día que me ponga a escribir un libro

sobre el año Siete Siete lo titularé así: «Grupo especial». Cincuenta y tantos muchachos increíbles, a

veces desarmados, a veces en coches «K», o sea, camuflados; uno, con el pelo «afrikaner»; otro, que se

llama «Billy el Niño»; «El Pelos», que entra sin más arma que su carné de identidad a rescatar a Oriol;

otros, procedentes de la Universidad. Y, además, tranquilos: que nadie puede decir, una vez detenido,

que tiene un hematoma del «Grupo especial». Supongo que habría que contar al país cómo son sus

nuevos supermanes, su nueva Policía, pero, que yo sepa, don Mariano Nicolás es un político

incomunicable. Al menos, mientras tiene cargo oficial. Luego está Conesa. La burguesía ha quedado muy

agradecida a la Virgen de Lourdes, pero Conesa, que yo sepa, ha estado digno de un «te deum». Cuando

secuestraron al director del Banco de Bilbao, en París. Conesa se cayó -creo- de incógnito, con otro

pequeño «Grupo especial», por Francia, y resolvió el tema sin decir ni amén. Con el canónigo Usía, en

Roma, lo mismo. Lenguas viperinas dicen que, hace años, creó un supuesto grupo de izquierdas para

acabar con un auténtico grupo de izquierdas. Tengo que ponerme a escribir «Grupo especial». Porque hay

mucho rabo por desollar. Sospecho -muy fundadamente- que el GRAPO preparaba inmediatamente

una alucinante operación que hubiera hecho temblar todo el ajedrez político del país: el asesinato de

Felipe González.

2. Lo que hacen estos días Estado, Gobierno y partidos políticos es repasar y evaluar los daños que el

«affaire» GRAPO ha dejado en sus quillas. Comercialmente, el perdedor se llama Pecé. Para la

sociedad española, el bombardeo durante dos meses de las siglas PC y una «erre», asociadas al

secuestro y al asesinato, ha sido demoledor. El GRAPO le ha hecho la puñeta a nuestro

hispanocomunismo. Podía haber escogido otras siglas.

En cuanto empiece la campaña electoral, a los carteles, pancartas y letreros del Pecé les van a añadir,

furtivamente, una «erre» minúscula y un «Acuérdate de Oriol» que les van a hacer polvo. Para el

Gobierno, el gran quebradero es el juicio al GRAPO. No podemos -pienso-, como sociedad, montar un

dispositivo con fusilamientos al amanecer. No quisiera patinar de indocumentado, pero me parece, por

otra parte, que la jurisdicción militar interviene cuando en un delito, el militar es el sujeto activo. No el

pasivo, como en el caso del teniente general Villaescusa. Para el Estado, el tema es concienciar a la nueva

sociedad española que quizá tengamos que vivir con nuestra banda Meinhof a cuestas. Que habrá otro

GRAPO, u otro FRAP, u otra ETA u otra pesadilla varios años más. Y para la izquierda, prepararse,

porque cuando llegue al Poder -en alguna medida-, tras las elecciones, tendrá que utilizar «fuerzas

represivas» y meter gente en la cárcel y conservar el orden. De alguna manera, con alguna cuota de poder

a partir de mayo, la oposición democrática «tendrá prisioneros» Ahí nos vemos.

3. Quizá no aparezcan nunca los asesinos de aquel estudiante, Carlos, en la calle Barquillo.

Ni

-o quizá sí- los de Arturo Riuz. Pero en el despacho de los laboralistas de la calle de Atocha se

encenderá la luz. Muy probablemente con sorpresas. A partir de unos modestos datos, defendí

la tesis de unos asesinos mercenarios y superprofesionalizados. Aún tengo un escalofrío en la

nuca con esta otra y reciente hipótesis: Atocha fue un crimen artesanal y de calderilla. Muy

probablemente, los heridos no fueron rematados por falta de balas. Olvídense de las «Marietas».

4. Ojo al «Guernica». Hace un par de años, José Mario Armero -que podría ser el Cyrus Vance

privado del Estado español, si el Estado español se decidiera a probar la fórmula de los Cyrus Vance

privados- empezó a maniobrar para la reconquista del «Guernica». El cuadro maldito del

almirante Carrero venía a ser un poco como el trofeo fin de curso de la reconciliación.

Recuperarlo era recuperar el Santo Grial de la democracia. Armero propuso que el profesor Duverger nos

analizara -estábamos aún en la edad de piedra del 12 de febrero- y decidiera ante el mundo si

podíamos homologarnos ya. Picasso previno que el «Guernica» fuera para la «República Española», pero

el espíritu de la letra era que fuera para una España democrática, porque, claro, también puede haber

repúblicas fascistas y monarquías democráticas. Bien. De lo que se trataba era de que Jacqueline Picasso

escribiera una carta al Museo de Arte Moderno de Nueva York, diciéndoles que, please, devuelvan el

cuadro al Estado español. Hemos pisado el acelerador democrático de tal manera, la Corona ha

conseguido tal fiabilidad en el extranjero, que la carta de Jacqueline está a punto de ser escrita. Sospecho

que en la operación ha intervenido Alberti y otras luminarias de nuestra hasta ahora -¡ay!- perdida

intelectualidad en el exilio.

El problema es que el Museo de Arte Moderno de Nueva York se resiste y va a decir que narices, que el

«Guernica» es el «Guernica y que a ver si proclamamos la República a la hora del té. Entonces, creo que

es el momento de que se toque el timbre de llamar a Pepe Armero y se saque un documento secreto del

que, probablemente, no tiene constancia ni Asuntos Exteriores: la República pagó el «Guernica» en

dinero contante y sonante. Por tanto, el cuadro es propiedad del Estado español. Lo que se busca es el

recibo de salida del dinero, que no aparece, de momento, en los archivos de Hacienda, quizá porque el

Gobierno, con toda la tela que tiene para cortar en la mesa, no le ha hecho ni caso al asunto del

«Guernica». Y el Guernica» en el Museo del Prado podría ser uno de los grandes goles del Gabinete

Suárez. Aviso: si Carriles no encuentra el recibo en el sótano, con el trabajo que tiene, busquen una carta

de Max Aub, que puede valer a efectos legales.

La tienen, claro, Pepe Armero. Pero, ¿llaman a Armero o qué, hombre?

5. A marchas forzadas, el Estado termina sus obras de blindaje. Para la sociedad española del

Siete Siete, como para la europea, la oferta ya no es «Paz idílica», sino «Protección». Tenemos

que acostumbrarnos a que yo soy yo y mi policía. En una operación relámpago de los Servicios de

Seguridad, miles de matrículas «PMM» han caído, como en un vendaval de otoño, y se han sustituido

por matrículas de todas las provincias, corrientes, molientes y discretas.

6. La batalla de Madrid ha comenzado. La electoral. Ríos de carteles, pancartas, calumnias, panfletos,

periódicos, cheques, programas, relaciones públicas, «slogans», asambleas, visitas puerta a puerta,

avanzan sobre Madrid. Hace semanas advertí que la lucha iba a ser cruel y cuerpo a cuerpo. Conseguir el

acta por Madrid es para los partidos como desembarcar en lwo Jima. Quisiera equivocarme, pero, por

ejemplo, Pío Cabanillas es, si no maniobra rápidamente, hombre muerto, politicamente. Una gigantesca

campaña -parte de ella en la imprenta ya- se dispone a saltar sobre su yugular. Y no es más que un

ejemplo. A pesar de que el Centro Democrático, que es como el «Mayflower» que debe llegar a la playa

de la nueva Constitución, ha podido recibir la oferta bancaria de 3000 millones de pesetas, porque los

Bancos saben con quién se juegan los cuartos. (Me llama José María Areilza, a la europea. Yo dije el

domingo que Areilza no iba a exponer un duro. Digamos que fue una visión por mi parte. El conde de

Motrico, que lo sé yo, ha puesto dinero en la política y, probablemente, lo seguirá poniendo o

exponiendo en «tan enojosa cuestión».)

Bueno, pues entonces, el panorama es este: la izquierda clava alfileres en plan vudú sobre la figurilla de

Pío. Y más. Fraga mantiene a los suyos a raya. En el local de Alianza Popular los partidos del «holding»

no han recibido despachos, sino módulos. La «batalla de los módulos» ha sido épica, y Fraga ha

mantenido la autoridad distribuyéndolos. En un módulo se ve a Silva, triste; a Thomas, apenas con

espacio vital, y a Laureano, agarrado a su mesa como a una balsa. El campamento del Pecé vivaquea

esperando que los magistrados del Supremo se pronuncien, caso que el Gobierno le pida su resolución.

Dios me librará de prejuzgar el diclamen de una institución tan respetada; pero si el Gobierno pasa la

pelota al Supremo y el Pecé está reconocido de facto en le calle, será difícil que se les lance, otra vez, a

los infiernos de la clandestinidad. Pero Madrid va a ser una plaza muy dura, y los grandes espadas, tras

cuidadosísimos estudios de marketing se van a alejar hacia urnas más fáciles en teoría. Don José María

Gil-Robles, creo, se presentará en Salamanca, Calvo Serer se tirará al ruedo en Alicante. Pío,

probablemente, se vaya a Orense; Fraga, a Lugo, Tierno, sí, se presentará en Madrid, y puede ser uno de

los «hits». También Felipe, que -no hago juicios de valor- no tiene nada que hacer en Sevilla. Un

Madrid lleno de Felipes. Felipe en vallas gigantescas, Felipe haciendo la uve de la victoria. Felipe en las

estaciones. Felipe en páginas enteras en los periódicos, enormes Felipes en caravanas con altavoces,

puede ser -va a ser- uno de los mayores espectáculos del mundo, tras el estreno de «Kíng-Kong» y

ante el que hombres serios, como Arespacofraga -que dicen- tendrán que atarse los machos. Las

previsiones, sin embargo, es que Fraga va a barrer, claramente, los votos del franquismo sociológico,

ofreciendo «Seguridad, españoles», y parte de la alta burguesía. Los barrios serán repartidos entre

socialismo -en buena parte, de Murillo- y Pecé. Salvo sorpresas. Aunque Pecé va a volcarse con los

estudiantes con el cebo de los populares: Ana Belén, Víctor, etcéteras. Listas de 25 nombres -a base de

alianzas- van a ser normales, y una inversión de 500 millones para sacar dos escaños será considerada

como «muy rentable».

La incógnita más cerrada es la de los obreros. Puede haber sorpresas alucinantes. En muchos barrios se va

a prolongar la sangrienta -es un decir- batalla de los dos socialismos. El de Murillo hizo cola con su

pólizas para ganarle las siglas a Felipe y fue rechazado por el Poder Ahora, el PSOE (histórico) -que se

da cuenta a estas alturas que el «histórico» pesa actualmente como una losa en este país- eleva los ojos a

Martín Villa, y pregunta: «hemos pescado toda la noche, ¿por qué nos has abandonado?» La cuestión es

que, si los tribunales no dicen otra cosa, Felipe se ha quedado en propiedad con la patente «Psoe», que

está ya acreditada en la calle. Si se la dieran a Murillo, Felipe tendría que cambiar de nombre y se le iría

todo el gas. La batalla sigue en «El Socialista»: Felipe está sacando el suyo, y Murillo, otro, Murillo le

llevo 8.000 números de ventaja, pero como «El Socialista» se va a poner en los quioscos -y «Mundo

Obrero», que acaba de salir en plan serio y profesionalizado-, entonces el pleito lo ha de resolver

Reguera. Murillo se levanta y se va cuando ve a un pecé, y Felipe, en cambio, cierra el puño. Murillo se

inventa el social-suarismo. y, como se siga cabreando, puede ser el primero y único partido que vuelva a

las catacumbas.

Pero bueno: desde el balcón del Estado español, las reyertas de tribu a tribu sólo son episodios. Un

pequeño seísmo recorre el espinazo de la Administración: muchos cargos oficiales deben decidir -han

sido consultados- entre quedarse a bordo del barco gubernamental o bajarse a la arena electoral. La gran

cuestión política del país es ésta: en el verano habrá Parlamento. El Parlamento habrá de darle al Estado

una Constitución. ¿Quiénes van a ser los redactores de esa Constitución? Supuesto que el Gobierno

garantiza la libertad e imparcialidad de la elección democrática, ¿el Parlamento constituyente va a estar

dominado por la moderación o por la revolución?

Como todos los periódicos del mundo están a la cuarta pregunto, el Poder Político, aviso, le está

perdiendo el respeto a! Cuarto Poder. Las secretarias de los señores que escriben en el «Boletin Oficial»,

ni caso, vamos. Ya vendrán las elecciones, ya vendrán los míos, que dice el Ramón. Ahora, la mimada es,

claro, la Oposición. En este país, la Oposición democrática -y a mucha honra- ha pasado del cero al

infinito, de la catacumba a la moqueta. Enrique de la Mata invitó el otro día a comer a Marcelino

Camacho. Mi buen y respetado amigo Marcelino, que lleva años pleno de hambre y sed de justicia social,

consiguió uno de los mayores triunfos del proletariado: ser el primer comensal al que «Jockey», uno de

los restaurantes preferidos de la oporbiosa dictadura, no obligó a poner corbata.

Domingo 20 febrero 1977

 

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