Autor: Montes, Eugenio. 
 ABC en Roma. 
 La huelga italiana restó resonancia a la visita de López Bravo al Papa  :   
 No se descarta la posibilidad de que el ministro haya entregado a Pablo VI un mensaje personal de Franco. 
 ABC.    14/01/1973.  Página: 25. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

ABC. DOMINGO 14 DE ENERO DE 1973. EDICIÓN DE

ABC EN ROMA

LA HUELGA ITALIANA RESTO RESONANCIA A LA VISITA DE LÓPEZ BRAVO AL PAPA

No se desearla la posibilidad de que el ministro haya entregado a Pablo VI un mensaje personal de Franco

Roma 13. (Crónica telefónica de nuestro corresponsal.) La audiencia privada que concedió Su Santidad a don Gregorio Lopes Bravo habría tenido gran resonancia en la Prensa italiana si ayer este país no ss hubiese encontrado, como se encontró, paralizado por la huelga general.

Esa huelga aún colea, pues pasarán cuarenta y ocho> horas antes de que se normalicen el correo, el telégrafo y la Prensa, Por lo demás, ya en tos últimos días de 1972 el "Mensajero Romano" publicó un largo articulo comentando ta priori» la entrevista.

Articulo con algunos errores, suscitados por el ajan de dramatizar.

El señor López Bravo llegó a Roma y volvió a España en un avión llamado «Misterio´». Pero la entrevista con Su Santidad no tanto fue misteriosa cuanto sigilosa. Sigilosa, aunque después de celebrada el ministro declaró que haba sido cordial y positiva. Por añadidura, el contento de su rostro era más elocuente que todos Tos posibles comunicados.

Salió don Gregorio López Bravo del Palacio de la plana de España a las once y media. Al Jilo ¿el mediodía llegó -en un coche «Mercedes» a la plaza de San Pedro, acompañado por su jefe de Gabinete y por el ministro encargado de Negocios, señor Martínez Mata.

Entró en el Palacio Vaticano por la puerta de la Campana. Sus acompañantes se quedaron en una antecámara penumbrosa, pasando él a la biblioteca privada del Pontífice, donde permaneció una hora y cuarto.

Esa conversación sólo tuvo testigos mudos: los volúmenes de la librería. Yo no puedo asegurar que el ministro haya sido portador de un mensaje del Jefe del Estado. No puedo asegurarla, pero así lo creo. Sé creer lo que uno no ha visto, según nos enseñaba el viejo padre Asíeíe.

La vtsita de López Bravo no es la primera que hace a Su Santidad desde que es ministro d¡e Asuntos Exteriores. Tampoco la carta del Generalísimo Franco —sí la hubo— seria la primera que le envía a Pablo VI sobre problemas de la iglesia y del Estado.

Decía el Vaticano que renuncie al privilegio de la presentación de obispos. Entiende el Gobierno que el pueblo español no vería con buenos ojos esa renuncia unilateral. Quisa eí Concordato de Í953 se haya quedado anticuado. Hay veces en que la historia adquiere gran velocidad, y ahora estamos en un tiempo así. El Estado español ´no discute esa afirmación. Precisamente por eso, porque admite que quisa el proceso histórico haya superado al Concordato, se ofrece a celebrar conversaciones que no se limiten a la reforma de un solo punto, sino que pretendan una reforma total.

Podrá el espíritu del Concilio postular que el Estado renuncie a privilegios, pero a quien más le pidió el Concilio- renuncia a sus privilegios fue a la propia Iglesia.

Mas sí llevamos esta deducción a sus últimas consecuencias, entonces no resuUa fácil sostener la idea e institución concordataria, pues en definitiva, todo Concordato es un privilegio para la Iglesia,

Al pensar en cambios en la relación entre Iglesia y Estado se plantea con aran relieve el problema del clero rural.

Quisa en los últimos dio* no sólo hayan negado al Vaticano opiniones episcopales, sino también las preocupaciones personales dttot curas de aldea, que, sin el Estado, podrían encontrarse en difícil situación para su sustento. No creo ave eco baya sido evocfído. en la audiencia que Pablo VI le concedió a nuestro ministro de Asuntos Exteriores, pero el problema no puede menos de presentarse al ánimo del Sumo Pontífice.

De que esta entrevis-ta Tiaya sido cordial y positiva, tenemos que alegramos todos. Y no dramatizar demasiado nunca en estos problemas de Iglesia y Estado, pues momentos mucho más graves han pasado en las épocas más felices de toda la historia europea.—Eugenio MONTES.

 

< Volver