Pureza de sangre     
 
 Diario 16.    28/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Pureza de sangre

En este curioso país nos hemos pasado cuatro o cinco siglos analizando con lupa los árboles genealógicos

de las personas —curricula vitae de la época— para demostrar que no teníamos sangre mora ni judía, y

poder así acceder a prebendas y monopolios diversos. Déle usted la vuelta a esta costumbre y se dará

cuenta de que, en realidad, de lo que se trataba era de inventar pretextos esotéricos que impidieran, la

competencia en plano de igualdad entre los ciudadanos. Felipe y Diego, al pareoer iguales, podían

parecerse tan poco como una gota de agua a un melón tan pronto como en una de las ramas lejanas J^j

del árbol genealógico hiciera su aparición una sultana o un O> rabino inteligente de Toledo. Al saco

la sangre sucia y Diego *r"~" o Felipe a emigrar si encontraban barco. . 3 Como los tiempos

han cambiado, ahora ya no importa tanto

LU la pureza de sangre, sino que nos da por los curricula vitae Kn la escena política española

estamos asistiendo a una verc^> gonzante operación de descalificación de los unos por los otros, ´

recurriendo a historias antiguas y biografías personales. "Yo con éste no me siento porque en el 36 me dio

dos tiros; o yo con éste no me hablo porque en el 54 trabajó en la Administración del general Franco."

Cuanto más gruesa es la alfombra donde la discusión se plantea, más estrictos son los criterios que

permiten descalificar a medio mundo porque, de una manera o de otra, habiendo vivido cuarenta años

sometidos al mismo régimen, muchos españoles tienen la sangre manchada. Va a haber que montar aquí

tin tribunal de pureza de sangre democrática para avergonzarnos a todos de golpe sobre costumbre tan

indignante.

Unos fueron en el 39 fervientes fascistas, otros anduvieron por la guerra con pistola colorada. Pero ahora

vivimos todos aquí, y entre todos nos toca levantar este país de las angarillas de hospital donde nos

depositó el general Franco. Lo que importa de la gente no es de dónde viene, sino adonde va, no lo que

hizo alguna vez, sino lo que quiere hacer ahora. Y salvo casos de «n oportunismo exagerado, hay que

aceptar que fa gente vale por lo que dice ahora y no por lo que pensó hairc treinta años. En el mismo

barco debemos ir todos los que queremos una España democrática y mejor, dejando de lado los curricula

y las críticas de intención. Si Carrillo dice que es demócrata, lo será. Y si los políticos del franquismo

afirman ahora que quieren acompañamos en la construcción do la demoiracia, hay que tomar sus palabras

por lo que valen y avanzar junios. A l¿i gente hay que ju/garla por lo que hace y no por ío que hi/o. por lo

quo di«e y no por lo que dijo, y en el camino ya se irán quedando arrinconados los falsarios y los

estafadores que vendan perro por liebre y libertad por cadenas de colores.

 

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