Autor: Páez, Cristóbal. 
   Corbatas y banderas     
 
 Arriba.    05/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

CORBATAS Y BANDERAS

•^ REDICEN una gran borrasca en el ••Socialismo español los hombres y del tiempo político.

Las bases marlistas tratan de unirse y de ese modo dar paso a un Frente Popular 1977. La sola

denominación de esta alianza de los puros del PSOE (rj, PSP y FPS podría hacer que le

estallaran las meninges a más de un español mayor de cincuenta y ocho años.

Todavía no se sabe si el PCE está implicado en el asunto. Pero parece muy presumible que se

halle interesado en capitalizar la operación. Si la Historia se repite, e| PCE no durará en luchar

hasta el último socialista. O sea, intentará !a JSU (Unificación de las Juventudes Socialistas),

que, como se recordará, fue el golpe maestro de Santiago Carrillo en ios años treinta.

Como es público y notorio, el secretario del PSOE, Felipe González, tuvo problemas en el

reciente Congreso nacional de su, partido, a cuenta de la base radicalizada; mas pudo salir

adelante y ganar la reelección. Ignoro en qué medida contribuyó al éxito de Felipe González la

presencia de su gran amigo y monstruo sagrado del socialismo no marxiste, Willy Brandt. Este

es el responsable máximo del espaldarazo internacional al PSOE y su principal cauce

financiero. El intento brandtiano de llevar al socialismo renovado al área de la

socialdemocracia, tampoco es un rompecabezas. ¿Qué hará, pues, Felipe González si la base

marxista de su partido se le va al mentado Frente Popular? ¿Asumir paladinamente la

moderación que postula el maestro germano?

La cuestión es muy seria y no quisiera trivlalízar a costa de ella. Pero si un día le dijera Felipe

González a su mujer: «Cariño, cómprame media docena de corbatas», esas palabras quizá

tuvieran una alta significación política. Las esposas lo adivinan todo de sus maridos. Jimena,

cuando Rodrigo le pedía el yelmo y la tizona, sabía que el Cid iba a ponerse en camino para

ganar más honra y más tierras para Castilla.

Un excelente director de cine español —Juan Antonio Bardem— ha dicho a Anget S.

Harguindey, en «El País», lo siguiente: «Yo, en tanto que comunista, al igual que mis

compañeros de partido, defendemos la absoluta libertad de creación y la reivindicamos fuera

de cualquier consigna dirigida como condición sine qua non de nuestra condición de artistas. La

obra de uno es la obra del partido. En ese sentido el partido tampoco dice cómo debe ser la

obra de cada uno, y yo lucharé siempre para que no lo diga. Pienso que el anquí losamiento de

un cine revolucionario, innovador y maravilloso como era el cine soviético de los años veinte,

murió posteriormente por unos planteamientos antimarxistas y antidemocráticos. Aquellos

polvos trajeron estos lodos.*

A todas luces parece evidente que la línea de pensamiento expuesta por J. A. Bardem coincide

con la que en la Unión Soviética mantienen los denominados contestatarios o disidentes:

Sajarov, Daniel, Grigorenko, Soljenitsin, Pavel Litvlnov... los cuales poseen un apretado

curriculum de internos en cárceles y establecimientos psiquiátricopolíticos; algunos han sido

expulsados de su país y privados de (a ciudadanía rusa.

Sin embargo, [s. e. u. o.), el grito colectivo de protesta, el afán de libertad, la lucha por el

reconocimiento >Ie los derechos humanos que encarnan los intelectuales rusos de la

contestación, no ha tenido eco en los intelectuales del PCE. Al menos, no es su más querida e

izada bandera de combate. A favor de la libre creatividad y contra la paralizante consigna

partidista.

Vivir para ver. que diría Amestoy,

Cristóbal PAEZ

 

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