Entrevistas de Castiella con el Presidente Thomas Oliveira Salazar     
 
 ABC.    16/03/1961.  Página: 47-48. Páginas: 2. Párrafos: 4. 

ENTREVISTAS DE CASTIELLA CON EL PRESIDENTE THOMAS Y OLIVERA SALAZAR

También celebró conversaciones con su colega Dr. Marcello Mathias

El ministro español fue condecorado con la Gran Cruz de la Orden de Santiago

SE SUBRAYA EL ESPÍRITU DE CORDIALIDAD QUE HA PRESIDIDO LAS CONVERSACIONES

Lisboa 15, (Crónica telefónica de nuestro corresponsal.) La Prensa lisboeta publica con gran relieve las- informaciones relacionadas con la visita oficial del ministro de Asuntos Exteriores, Sr. Castiella, con el fin de retribuirla que hace un año aproximadamente hizo a España su colega portugués, Dr. Marcello Mathias. Los periódicos registran la presencia del ministro español con la cortesía y el catino que es proverbial en este pueblo hermano por cuanto a nuestra Patria se refiere. Como fleclaró el Sr. Castiella a su llegada, los contactos entre España y Portugal _son periódicos, y todos entran dentro de la normalidad de las relaciones de los dos pueblos, ligados por una amistad secular. No puede caber la más pequeña duda de que, efectivamente, estas relaciones han alcanzado en los últimos tiempos, gracias al sentido realista de los dos Gobiernos, un tono de autenticidad y una eficacia que es innecesario subrayar, hasta el punto de que pueden ser modelo de buena vecindad al mundo. No existe actualmente la menor sombra que pueda enturbiar estos firmes vínculos de amistad y mutuo entendimiento. Por esta razón, el ministro español pudo afirmar, sin el menor titubeo, que los españoles se sienten unidos a los portugueses en estos momentos de inquietud internacional, y que España, enlazada a Portugal por un pacto de firmeza bien probada, está y estará siempre a su lado. Pensando en la noble actitud de las dos naciones a lo largo de unos años cargados de dificultades y problemas, nadie puecie dudar de la sinceridad de estas palabras, que no son, como en tantos casos, meramente protocolarias. Bastaría recordar la generosa ayuda de Portugal durante nuestra Cruzada y sus incansables esfuerzos en favor de la participación de nuestra Patria en los Organismos internacionales, y, por lo que se refiere a España, la gallardía con que defendió los intereses de la nación hermana en la delicada cuestión de Goa y, más recientemente, en el caso del "Santa María" hasta el punto de que la Prensa española fue elogiosamente mencionada en un comunicado de la Presidencia del Gobierno.

Como dice el conocido refrán, "los amigos son para las ocasiones", Portugal ha tenido la oportunidad de poner a prueba y contrastar sus amistades en los últimos meses, y ha comprobado con verdadero dolor que no todo era trigo limpio. A la hora de la verdad, únicamente España ha hecho honor de manera rotunda, sin tapujos ni dobleces, a estos compromisos a que la, amistad obliga. Lor portugueses lo saben perfectamente, y por esta razón no es de extrañar que un ministro del Gobierno español esté recibiendo tantas pruebas de afecto y de cariño. En esta primera jornada cíe su visita, el Sr. Castiella, acompañado por el embajador, Sr. Ibáñez Martín, cumplimentó, al presidente de la República en el Palacio de Belem.

Después, en el Ministerio de Negocios Extranjeros recibió de manos del Dr. Marcello Mathias las insignias de la Gran Cruz de la Orden de Santiago. Más tarde se trasladó a la residencia del Dr. Oliveira Salazar, prolongando su entrevista con et jefe del Gobierno portugues hecho que casi no tiene

precedentes durante casi dos horas. Se desconocen los términos de la misma aunque -es de suponer, fundadamente, que-cam-biarían impresiones sobre los problemas más palpitantes de la actualidad internacional. A la caída de la tarde, el señor Franca Borges, presidente» del Municipio de Lisboa, tan amigo de España y particularmente de Madrid y de su alcalde, conde de Mayalde, tecibió al ministro español de Asuntos Exteriores, celebrándose a continuación una brillante recepción en los salones del Palacio municipal, a la que asistieron miembros del Gobierno, destacadas personalidades de la vida portuguesa, de la Embajada española y séquito del Sr. Castiella.

Por la noche se celebró en el Palacio de las Necesidades el banquete ofrecido al Sr. Castiella por el ministro portugués, hablando a los postres los dos ministros. En respuesta a las palabras del Sr. Marcello Mathias acerca de la eficacia de los Tratados que unen a España y Portugal y su importancia en la gran coyuntura porque el mundo atraviesa, et ministro español pronunció un importante discurso. Refiriéndose al ataque conjunto contra España y Portugal, afirmó que los españoles están ya acostumbrados a esta clase de estrépitos. ´En el fondo, desde hace siglos—añadió—nos ocurre algo parecido, y la experiencia de los últimos años nos dice oue esas campañas se vuelven contra sus autores, pues el tiempo por sí solo se basta para probar su inconsistencia, mientras que en nosotros sólo provocan una benéfica reacción de energía y un refuerzo de nuestra unidad. Nos combaten por nuestras inmensas posibilidade? del futuro." Se ocupó a continuación asi caso del "Santa María", y dijo que, peso a su escándalo," ño consiguió sus objetivos, sirviendo j>aía poner nuevamente de manifiesto la firme- solidaridad luso-española, solidaridad que ha de seguir manifestándose en torno a los problemas africanos que hoy ocupan la atención de todos.

Después de afirmar que tenemos que seguir contando con la incomprensión üi la injusticia ajena, el Sr. Castiella terminó diciendo:

"Pero no importa, hemos puesto en un cuarto de siglo la Patria en orden y la hemos encaminado hacía un definitivo progreso. Hemos hecho posible que, por primera vez en mucho tiempo, una generación entera nazca y crezca en la paz y en el trabajo y se enfrente con un camino desembarazado de viejos obstáculos. Y ahora, con la renovadora aportación juvenil vamos a seguir laborando un porvenir en el eme, disfrutando de la paz política e impulsando el progreso económico-social, sepamos, con aliento creador/defender y perfeccionar la personalidad de nuestros pueblos."

Los dos discursos produjeron la máxima impresión entre los asistentes al banquete, que aplaudieren calurosamente a los ministros. Con este acto terminó esta hermosa jornada de confraternízación luso-española, que ha servido para reafirmar aún más, si esto fuera ya posible, los insolubles •vincnlos que- unen a las dos naciones de la Península. INTERINO.

 

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