Defensa de nuestro común patrimonio espiritual no admitirá presiones exteriores  :   
 Palabras del Sr. Castiella en el banquete que lo ofreció su colega portugués. Una misma conciencia formó el Pacto Ibérico, síntesis de una política realista, dijo el Dr. Marcelo Mathias. 
 ABC.    16/03/1961.  Página: 49-50. Páginas: 2. Párrafos: 23. 

LA DEFENSA DE NUESTRO COMÚN PATRIMONIO ESPIRITUAL NO ADMITIRÁ PRESIONES EXTERIORES

Palabras del Sr. Castiella en el banquete que le ofreció su colega portugués

CONCIENCIA FORMO EL PACTO IBÉRICO, SÍNTESIS DE UNA POLÍTICA REALISTA, DIJO EL DR. MARCELLO MATHIAS

Lisboa 15. El Gobierno en pleno, altas autorioades de la nación y personalidades diplomáticas iberoamericanas, figuraban entre ios ochenta comensales que1 asistieron al gran banquete de gala con que el ministro portugués de Negocios Extranjeros, señor Mathias, obsequió a su colega, español señor Castiella y a los miembros de-su séquito.

A los postres, el Sr. Castiella dijo:

Ls vieja y noble cortesía portuguesa, la, amistad, fraterna.ee vuestro pueblo, RIO .liau rcfleado gentiímente desde que Ilegaé a Lisboa y han dictado vuestras palabras, señor ministro, que yo os deseo agraáecer aquí desde ei fondo de mi corazón.

Sioitipre es un gczo llegar a esta ciudaá, ¡a ciara y bellísima Lisboa, tendida al feorás del río común, y sonora, carao un» caracola, de rnmüi´es atlánticos» fie voces del gran mar familiar cíe los portugueses y españoles. Pero Iicy, aüemás, tiene mi visita un especia:! significado optimista y esperanzaí?or. Pues estamos anuí realizando un acto da afimiacióíi. Hemos venido a un CTiecontrs en el que queremos seguir ísrobanáo anís el mundo la decisión de tíos/pueblos que tienen un destino histórico propio, aunque paralelo, de guarlíar y exaltar la personalidad de vcada uno, pero enlazándose en una alianza ssEerior >jne les defienda de cualquier ataaue a su independencia y a su común patrimonio espiritual Esta es la trascendencia última del pacto que nos Ijgu y que no es un pacto áe circunstancias, fein» un instrumento político ejemplar al servicio de todo cuanto une fie manara valiosa y permanente a nuestros pueblos.

Defendemos ,muy principalmente con nuestra alianza, hoy reforzaáa, un estilo de vida, unas fórmulas nacionales para encarar nuestros propios problemas, v esta defensa no admitirá presiones exteriores que pretendan deformar nuestro perfil natural.

ATAQUE CONJUNTO CONTRA PORTUGAL Y ESPAÑA

Elazones´de palpitante actualidad nos mueven a´proclamar está identificación, Alie,,,por otro lado, tenemos siempre jjíesente en nuestro ánimo. Vive el mundo unas horas de subversión y con´íusisnismo.

Asistimos, con asombro a. tma larga serie de claudicaciones frente al peligro y el engaño, de complacencias y desmayos, ea los que caen a •veces los que debieran poseer una^ convicción más esforzada y un espíritu más alerta. En medio de este desorden universal, y quizás pcraue nosotros estamos firmes y no´ ensayamos débilmente el hacernos perdonar nuestra legítima existencia, se ;ha desatado un verdadero ataque conjunto contra Portugal y España.

Pero no somos los únicos, en sufrirlo, Alia dcnflc exigía en el mundo libre una posición tse ciñen y de paz, allí se desencadenará, tarde o temprano, con mayor o menor intensidad, una ofensiva que trate de destruirla; Con diferentes argumentos, y por motivos diversos, oíros -países sufren también el asalto tle los que preísuden •aliaíír en elJos sji condición de fortaleza, del Occidente.

Los -españoles estamíM ™ s>«w»>siuwiíTa-dos a esta clase de estrépitos. En el fondo, desde hace siglos, nos ocurre algo parecido,´ y la experiencia, de los últimos años nos dice que esas campañas se vuelven contra sus autores, pues el tiempo por sí sólo se basta para probar su inconsistencia, mientras que en liosotrOs sólo provocan una benéfica reacción de energía y un refuerzo de nuestra, unidad.

No nos combaten por nuestra pasado, ni tan siquiera sólo por nuestro presente. Nos combaten por nuestras inmensas posibilidades de futuro. Mas, justamente para garantizar ese futuro, nosotros seguiremos siendo fieles a aquella idea cristiana y humanista que fue la. gran novedad de la épotía de nuestra expansión histórica y que hoy día, superando mil problemas, y tal vez cometiendo errores, intentamos actualizar en formas políticas concretas que sirvan para resolver los problemas de nuestro tiempo.

Mas si nuestras fórmulas políticas han de tener una viabilidad será porque, además de apoyarse en fundamentos espirituales permanentes, tienen en cuenta con sinceridad y sin utopías las —1sdades humanas y sociales que nos son propias. Hace unos días na tía más. S. M. la Reina Isabel de Inglaterra, h» dicho unas sabias palabras al dirigirse, en un discurso, al mariscal Ayub Khan, presidente de la República del Pakistán. Después de que ambos habían proclamado Que cada país requiere formas políticas diferentes y que los ideales democráticos deben adaptarse a las circunstancias de lugar y tiempo y enraizarse en las realidades sociales, la Reina. Isabel dijo: "Las formas no son sagradas, pero sí lo son los Ideales que hay tras de ellas. Estos ideales son frecuentemente objeto de largas discusiones, pero creo que pueden ser-definidos COR pocas palabras: el servicio áe Dios y, la humanidad del hombre hacia el hombre." Nadie podrá decir que este ideal, tan breve, y claramente expuesto por la Reina Isabel, no sea y haya sido siempre el defendido por Portugal y España.

Ai hacerlo así hemos procurado tener en cuenta el tiempo en que vivimos e incluso adelantarnos a él, como lo prueban la novedad y originalidad de algunos de nuestros intentos, en los que ningún conservadurismo reaccionario nos ha detenido. Pues si queremos institucionalizar fórmulas políticas de nuestra tradición, histórica, al mismo tiempo un espíritu joven y renovador nos guía. No pretendemos ser los únicos que hayan acertado. Pero como acaba de- decir el Jefe del Estado Español, "nosotros somos una solución, no la solución, y como tal solución hay que considerarnos".

Tenemos, sin embargo, que seguir contando con la incomprensión y con la injusticia ajenas. A nosotros, los portugueses y españoles de hoy, se (nos exige que en unos años remediemos males seculares y que alcancemos inmediatamente la perfecta fórmula política, sin darnos el tiempo preciso para resolver antes los problemas Trésico" de nuestra estructura social y económica. Me recuerdan esos impacientes o acaso malintencionados arbitristas aquella carta que con gran sentido del humor recoge John Fitzgerald Kennedy en su obra_ "Profiles in Courage". Me refiero a la irritada contestación que dio a uno de los electores el representante ,californíano McGroarty: "Uno de los infinitos inconvenientes de estar en el Congreso es que no tengo más remedio que recibir impertinentes cartas de un animal como usted, quien me dice que yo había prometido hacer la repoblación forestal de las montañas de la Sierra Madre y que ya llevo dos meses en el Congreso y todavía no lo. he hecho. ¿Quiere usted irse al diablo?"

Mas no importa. Hemos puesto en un cuarto de siglo la Patria en orden y la hemos encaminado Hacia un definitivo progreso. Hemos hecho posible que, por vez primera en mucho tiempo, una generación entera nazca -y crezca en la paz y en el trabajo y se enfrente con un camino desembarazado de viejos obstáculos. Y ahora, con la renovadora aportación juvenil, vamos a seguir laborando por -un porvenir en el que, disfrutando de la paz política e impulsando el progreso económico-social, sepamos, con aliento creador, defender y perfeccionar la personalidad de nuestros pueblos.

SOLIDARIDAD IiUSO-ESPAÑOLA

Frente a esta perspectiva, ¿qué presentan nuestros enemigos? Panoramas de subversión y desorden. Programas viejos, atrasados de muchos años. Posiciones simplemente negativas, Ni una idea nueva, ni un gesto positivo. Sólo vagas palabras en nombre de las eaales, como en tantas otras ocasiones, sucedió el reciente episodio del "Santa María", que, si pese a todo su escándalo no ha conseguido sus objetivos, sirvió para poner nuevamente >Ie manifiesto la firme solidaridad luso-española.

Solidaridad que ha de seguir manifestándose también en torno » los problemas africanos, que hoy ocupan la atención de todos. Sin perjuicio de otros aspectos de la cuestión creo que el mundo debiera reflexionar sobre el absurdo^ que supone ese nuevo y estéril "monroísmo" que con "slogans" lanzados un poco a la ligera reparte los continentes con derechos exclusivos, atandpse ciegamente a apariencias geográf i e a s y olvidando ^superiores razones históricas, es decir humanas. Olvidando, por ejemplo, que Portugal no es sólo la tierra ibérica que va del Miño al Algarve, sino la gran tierra derramarla desde Lisboa a Timor, a través de los continentes y los océanos durante cinco siglos. Y que España es un país euroafricano, como la República Árabe Unida es un país afroasiático, y Turquía está establecida sobre dos continentes, y Rusia tiene unas fronteras que van del Pacífico al Báltico, y los Estados Unidos se´extienden desde Hawai a Florida y, saltando por encima del Canadá, están legítima y soberanamente establecidos en Alaska. Ésa especie de arbitrario monopolio de los continentes no es nías que una contradicción de la historia y del "jus comunicationis" de los pueblos, defendido por nuestros teólogos, al que deben su nacimiento muchas grandes naciones de hoy.

Y nada más, salvo reiterar el sentido afirmativo de este encuentro. La solidaridad que nos une es más antigua y honda que cualquier pacto, y por serlo, hace veinticinco años, en unas graves circunstancias de la historia de España, dio desde Portugal una prueba de sí misma que los españoles no olvidaremos jamás. En cualquier momento esa solidaridad volverá a dar la prueba máxima si las circunstancias lo exigieran, porque responde a nuestra firme decisión de preservar nuestros valores más esenciales y de ser dueños de nuestro propio destino.

I*críaitidme, señor ministro que en el nombre de mi mujer y en el mío propio, os exprese nuestra gratitud por la amistad y hospitalidad que hemos recibido, y agradezca a la señora de Mathias el honor que nos ha concedido con su gentil presencia. Os pido a toaos que brindéis conmigo por la prosperidad y grandeza de nuestro amado Portugal y por la salud y felicidad de su ilustre presidente, su excelencia el almirante Américo Thomas.

 

< Volver