España tiene y ha tenido siempre eso que ahora se llama prensa  :   
 Importante discurso del señor Castiella en la Universidad de Georgetown. 
 ABC.    25/03/1960.  Página: 35-40. Páginas: 6. Párrafos: 41. 

ABC. VIERNES 35 DE MARZO DE 1960. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 35

«ESPAÑA TIENE Y HA TENIDO SIEMPRE ESO QUE AHORA SE LLAMA MALA PRENSA»

"LA NEUTRALIDAD HA CARACTERIZADO A LA POLÍTICA EXTERIOR ESPAÑOLA DEL ULTIMO MEDIO SIGLO"

"REQUERIDA POR LOS ESTADOS UNIDOS, ENTRO ESPAÑA EN UNA ALIANZA MILITAR"

IMPORTANTE DISCURSO DEL SEÑOR CASTIELLA EN LA UNIVERSIDAD DE GEORGETOWN

Washington 24. Ante un auditorio de_ dos mil personas, integrado principalmente por profesores, alumnos y familias de amóos, el ministro español^ de Asuntos Exteriores, D. Fernando María Castiella, pronunció un importante discurso en la´ Universidad de Georgetown, en la que ha recibido el premio ´Axsacan, creado como homenaje a los cinco jesuítas españoles que murieron en Virginia treinta y siete años aníes de que llegaran los primeros colonizadores ingleses.

"El honor que se me dispensa al pedirme que hable ante ustedes no es debido a mis méritos personales, sino en razón del cargo que inmerecidamente ostento. Es una prueba, de amistad y de interés hacia España, lo cual me halaga mucho más.

Voy a hablarles de la política exterior de España en este siglo. Me esforzaré en ser breve, porque no debo abasar de su paciencia. Un gran escritor español, Francisco de Quevedo, decía que el único robo que no se perdona es el del tiempo, pues hay la imposibilidad física de devolver la cosa sustraída.

Trataré solamente de aludir a algunos aspectos que me parecen de especial interés, particularmente para ser expuestos en esta distinguida Universidad de Georgetown, en. la que se alberga, la primera escuela, de diplomacia de los Estados Unidos.

Les hablo de España en un intento de esclarecer algunos puntos oscuros, porque mí patria es un tema confuso para muchas g-entes. Tiene y ha tenido siempre eso que ahora se llama, "mala Prensa". Antiguamente sufrió la leyenda negra, que era la "mala Prensa" de su tiempo. Recuerden ustedes. A partir del reinado de Felipe II empiezan a circular por Europa grandes acusaciones contra España. Se citan anos nombres que han rodado por todos los libros de historia o por las obras literarias, a través de las siglos, como si fueran grandes vergüenzas de España: el duque de Alba, Torquemada, la Inquisición, el príncipe don Carlos, los conquistadores de América, la colonización...

Una serie de escritores y, aún peor, de historiadores que olvidaban la imparcialidad de su profesión, tomaron partido contra España y toda, nuestra historia fue deformada burdamente, conforme a una imagen prefigurada. No se reparó en me´dios para presentarnos ante el mundo como un pueblo intolerante, fanático y feroz. Afortunadamente, en la época moderna se han hecho esfuerzos inmensos por restaurar la verdad histórica española por parte de una verdadera escuela científica hispanista, dentro de la cual los Estados Unidos han tenido brillantísimos representantes, contó Charles Lumis y William Thomas Walsh.

Hoy, cuando todavía muchos juzgan a España desde los mismos falsos puntos de vista^-a .pesar de tantos esfuerzos para reconstruir lai verdad—, padecemos la hostilidad de un sector de esa nueva clase de historiadores, los periodistas, los hombres que escriben—como ha sido dicho con acierto—:

"la Historia universal de las últimas veinticuatro horas"

. Me refiero a ciertos elementos de la Prensa mundial, que, imitando a los escritores sectarios de la leyenda negra, día a día silencian o deforman la verdad de España.

Pea» «U nueva persecución ya no cae

únicamente sobre nosotros, puesto qne es un mal extendido en nuestro tiempo. También los Estados "Unidos la padecen, y también vuestro país, a pesar de vuestros poderosos medios de difusión de las noticias, de lucha contra las informaciones falsas, comienza a sufrir esa hostilidad de los que utilizan la noticia como instrumento de una política determinada, come elemento exclusivo de acusación y no como relato honrado de la verdad.

LA GUERRA ENTRE ESPAÑA y LOS ESTADOS UNIDOS

Ese estado emocional de confusión y falsedades que es capaz de crear una Prcasa decidida a «lio—permitidme que os lo diga sinceramente—no estuvo ausente del únic? choque o.ue hemos tenido con vosotros. El siglo XX empieza para España bajo la impresión de una derrota, inferida precisamente por los Estados Unidos en lo eue ss ha llamado "The splendid little War", quiero decir, Ja guerra del 98.

Al cabo de medio siglo España contempla aquel conflicto sin rencor y sin el menor complejo de culpabilidad.

Ea este sentido debo rendir homenaje a la serenidad y a la elegancia con que algunos historiadores y escritores de los Estados Unidos reflexionan actualmente sobre los orígenes do acuella guerra.

Keeordemos, por ejemplo, a uno de los más distinguidos diplomáticos y escritores norteamericanas^ George Kennan, antiguo embajador en Moscú. Kennan, hace nueve años, en el primer capítulo de su libro "American Diplomacy 1900-1950", al referirse a la decisión del Gobierno de los Estados Unidos de ir a la guerra contra España, dice: "Esta, deeisiún .debería más bien ser atribuida al estado de la opinión americana, al hacho de que aquel era un año de elecciones para el Congreso, al descarado y, en verdad, faníástico belicismo de un/sector de la Prensa americana y a las presiones políticas que en forma tajante y desenfrenada fueron ejercidas sobre el presidente desde diversos sectores políticos.

" Así, la guerra comenzó, como dice Kennan, cuando "las posibilidades de un arreglo por procedimientos pacíficos no habían sido, ni mucho menos, agotadas".

Coincidiendo con estas palabras, otro compatriota nuestro, el periodista Herbert Agar, uno de los auíorss üsl libro "The Americans", cuitado en Londres en 1956, dice al referirse a la creación de la opinión pública por medio de la Prensa: "En 1898, los Estados Unidos libraron una de las más innecesarias guerras da la Historia, la llamada guerra ^ hispano-yanquí. Y la llamo innecesaria porque antes de empezar, el Gobierno español había accedido a todas las concesiones reclamadas por el Gobierno norteamericano. Pero por aquel entonces, dos propietarios de periódicos —Mr. William Randolph Hearst y Mr, Joseph Pulitzer—h a b í a n logrado suscitar tales pasiones y odios en el pueblo americano, que e" presidente. había perdido las riendas fit su propia política exterior. Comunicó al Congreso que España había ceáido en todos los puntos; a pe; sar de ello, el Congreso, sin más, declaró la guerra."

Contemplados los sucesos con la perspectiva de más fie medio siglo, ¿cuáles han sido los resultados de aquella contienda? Comprenderán que no intente contestar ahora, a esta pregunta.

En todo caso, el 98 representó para nosotros la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. La nación, üsscubridora del ´Nuevo Mundo, la patria de De Soto, Coronado y fray Junípero Serra RO poseía ya un sólo palmo de tierra en este Continentes España cerraba un capítulo, de su Historia ennbeneficio fle la más completa libertad de los países americanos. Sesenta años después, otras patencias europeas aún conservan colonias en América. España puede señalar esta paradoja con títulos de autoridad suficientes, porgue en nuestros días, en qce párese que sólo la violencia es escachada, propone soluciones pacíficas a un problema ds índole semejante que está planteado en su territorio. ,Nos fuimos, pues, de América, pero aguí han . quedado una veintena de naciones que poseen nuestra fe, lengua y cultura. Nos fuimos también de Filininas. pero >ri esas Islas, tan amadas de España, hemos dejado la úniea nación cristiana del Extremo Oriente.

ESPAÑA, EN ÁFRICA

_ Coa el comienzo Sel siglo nuestra política exterior se centra sobre otros problemas. La atención

española se vuelve hacia: el. Continente vecino. La despierta y sensible conciencia española cíe los problemas africanos se explica ñor nuestra Historia y nuestra geografía. Quisiera aclararles el coiwfrrtí) reeordánfioJcs oufc España PS, en realidad, tsn Tiaís que, por estar situado en la encrucijada de dos

continentes, participa, en cierto modo, del destino de ambos, como—al otro extremo del Mediterráneo—le ocurre a Turquía con Europa y Asía. Así, PUES, no en virtud de una aventura o expansión colonial de tipo decimonónico, sino a causa de._estos poderosos motivos histórico-geográficos, nada de lo que sucede en África puede sernos indiferente.

Nosotros habíamos estado allí—en la Mauritania Tingitana—durante mu c b o s siglos, desde el tiempo de los romanos y los visigodos, antes fie que en el siglo VIII llegaran los árabes. Volvimos a África los peninsulares cuando en 1415 fue reconquistada Ceuta. Cinco años después del descubrimiento de América, Melilla es española, como lo íué Orán desde 1509 fcasta 1791; es decir, prácticamente durante tres siglos. Les hago gracia—»en aras de la brevedad—de una cadena de nombres y fechas-que ligan a mi Patria ceu aquellos territorios. Quiero subrayar únicamente que no somos, pues, unos recién llegados a África. Nosotros hemos estado allí durante siglos y siglos, y la Historia española tiene en gran parte como escenario las tierras africanas.

No olvidemos tampoco aue más al Sur, en la costa atlántica del Continente africano, frente a las islas Canarias, se extiende la inmensa vastedad del Sahara, cuya cosía, desde siempre, utilizaban los pescadores y comerciantes canarios para el desenvolvimiento normal de sus actividades. Hoy, el Sahara español sigue siendo la verdadera espalda fie nuestras Islas Afortunadas, que son una de las provincias más florecientes de mi país. Se trata de un gran territorio desértico de 280.000 kilómetros cuadrados con 900 kilómetros de costa sobre el Atlántico y «na reducida rsoblación nómada que no llega a los 20.000 indígenas. Es decir, con menos de un habitante por cada 100 kilómetros cuadrados. En este gran varío, en el que no ha habido nunca—por ríisones obvias—ni la sombra da una civilización y menos de un Estado, España, que se esfuerza en poner en valor ese territorio, desarrolla ahora «n vasto proyecto de trabajos que han de abrir en aquella zona un nuevo mundo iíe progreso y bienestar. A él contribuirá, sin dada, la aran operación de invpsíi^aeiones petrolíferas a o«e se dedica el Gobierno español con la cooperación de numprosas compañías norteamericanas.

Insisto en que África era para nosotros algo diferente a una simple región fronteriza. Tin imperativo indiscutible nos obligaba allí a una determinada política. Un costado de España estaba frente a Francia, frente a los Pirineos, en donde se ha dicho, con cierta reticencia científica, que el África comienza. El otro, frente a ese continente, del íué, en algunos puntos, sólo nos separan 12 kilómetros, y en tí que otras potencias europeas intentaban instalarse. En esta posición, España juzgó ,e¿ue tenía que practicar una política de seguridad >|U3 ha justificado nuestra acción en Marruecos y que «hoy hs tsriniiiEdo ya. con ¡a amistad entre los (Jos nuablos vecinos, el español y el marroquí.

Sin embargo, actualmente España ve que el mismo problema de seguridad, pero con otras dimensiones, se plantea ahora para Europa en África, debido a-los intentos de Rusia y China ils infiltrarse en esas regiones. -Nosotros creemos que hay que comprender las´ aspiraciones de los pueblos africanos y que hay que ayudarles en su lucha por el bienestar y el progreso. Pero sabemos también que hay que estar vigilantes y no permitir que Rusia y China, atentando contra las nuevas in"dependencias, ocupen en ese continente ninguna posición que trate d& envolver a Europa por el sur. En ese sentido, nosotros tenemos voluntad de permanecer y de resistir cualquier agresión.

LA NEUTRALIDAD

Aparte de ese imperativo^ africano que he intentado describir, la política exíe,rior española durante la primera mitad del siglo se caracteriza por una actiiud: la neutralidad. Nuestra neutralidad, stn embargo, no es absoluta ni constituye una finalidad única ,de nuestra política, como, por ejemplo, podría decirse de la neutralidad suiza. Es una neutralidad conscientemente impuesta en razón de unas circunstancias, Ha durado más de siglo y medio, desde las guerras napoleónicas. Durante ese tiempo España no ha estado mezclada en ninguna guerra de las qué han arrasado a Europa repetidas veces. La convicción de que no existía ninguna razón superior que obligara a España a tomar partido en aquellas luchas intestinas ha mantenido a mi país al margen tíe dichos conflictos.´

En la primera guerra mundial, gracias a la actitud española, Francia pudo desguarnecer sus fronteras del Pirineo y de Marruecos, para llevar sus tropas al frente de combate.

Dorante la segunda guerra mundial, la neutralidad española fue aún más decisiva.

Uno podría entregarse a toda clase de hipótesis sobre el giro flue hubiera tomado el conflicto de no haber sido fieles ciertos países a una política de neutralidad. Pensemos, por ejemplo, en el año 1940.- En Europa había dos´ guerras. En el frente occidental, a _un lado y otro de las líneas Maginot y Siegfried, los Ejércitos aliados y alemanes, inmovilizados, se observaban sin combatir. En el Este, Rusia había invadido Finlandia. Los aliados quisieron ayudar a aquella pequeña República contra Rusia, que entonces era amiga de Alemania, y para ello necesitaban enviar tropas y material de guerra en tránsito por Noruega y Suecia. El 2 de marzo de 1940, los Gobiernos británico y francés anunciaron a los de Oslo y Estocolmo su´ intención de enviar tuertas- expedicionarias. Los d_os países neutrales se negaron a la petición aliada, que de haber sido concedida hubiera colocado a Inglaterra y Francia frente a Rusia, juntando así, probablemente, a Alemania y la Unión Soviética, en nn gigantesco bloque de poderío militar que hubiera llegado del Rhin al Pacífico. No parece necesario resaltar cómo este suceso habría alterado todo´el dispositivo de la guerra y habría cambiado el curso de la Historia. Con gran acierto, ha escrito Bruce Hooper, diplomático norteamericano que estuvo agregado a la Embajada de los Estados Unidos en Estocolmo en 1942-43: "A la luz de los subsiguientes acontecimientos, se puede razonablemente presumir que los aliados no lamentarán ahora las negativas de Suecia y Noruega."

Pero volvamos a España. No hace mucho tiempo, el 12 de´diciembre de 1959, el diario liberal "The´ Guardian", de Manchester—nada afecto al régimen español—, comentando en un artículo editorial la aparición del libro "The Power of Small States", escrito por vuestra compatriota la doctora Baker Fox, hacía el elogio de la habilidad diplomática con que España defendió su neutralidad durante la guerra del 39 al 45.

Equiparando a Suecia y España como ejemplo de neutrales llenos de tacto, decía el "Guardian": "España y Suecia fueron tal vez los que tuvieron más éxito y, a pesar de Jas obvias diferencias que había entre sus ideologías y sistemas sociales, las razones de aquel éxito resultaron f€undamentalmente muy similares.

Ambos países supieron curvarse al viento, ambos supieron esperar. Ambos prefirieron combinar las buenas palabras con la ausencia de hechos." Sin embargo, creo que el "Guardian" no hizo suficiente justicia a España en la equiparación. No olvidemos que Suecia permitió el paso por su territorio de tropas extranjeras.´ Evidentemente, Suecia "bent to the wind". Nadie se lo ha reprochado nunca. En cambio, España, que no admitió siquiera una insinuación en sentido análogo, ha sido acusada —sin duda por no e_star gobernada por los socialistas—de siniestras complicidades. Una vez más la opinión pública ha sido deformada en contra nuestra y de la rerdad.

Muy recientemente, Sir Ivone Kirpatrick, brillante diplomático inglés, que fue alto comisario británico en Bonn, hombre de confianza del secretario tícl Foreign Office, el" laborista Ernest Bsvin, y subsecretario permanrnto üs dicho Departamento, ha publicado a fines do 1959 un libro de memorias de eran interés, "The Inner Circle".

Sir Ivone relata en uno de los capítulos la visita que hizo >a Goering poco antes de comenzar el proceso de Nüremberg. El diplomático inglés se encontró con el mariscal alemán, antiguo conocido suyo, prisionero en el balneario de Mondorf. En presencia de testigos, Kirpatrick y Goering hablaron de la.guerra durante dos horas. Lleno de curiosidad, preguntó Kirpatrick cuál había sido, a juicio de Goering, la mayor equivocación de Hitler. Aquél admitió que Hitler había cometido_ varias. "De éstas, la más grave y perjudicial para Alemania fue el fracaso de Hitler en sus deseos de apoderarse de España y el Norte de África. Goering: dijo que Alemania debería haber decidido inmediatamente después de la caída de Francia cruzar España con o sin permiso de Franco, capturar Gibraltar y extenderse por África. Esto se podría haber hecho muy fácilmente, y habría alterado el curso completo de la guerra. El haoía. presionado en vano sobre Hitler. Cuando le pregunté por qué Hitler había rechazado su consejo, Goering me replicó que en 1940 Hitler estaba convencido de que había ganado la guerra. Le había enloquecido de furor la actitud de Franco en la famosa reunión de ambos, y estaba decidido a mostrar su cólera a España_.

Pregunté a Goering si no creía´ que Hitler había cometido dos grandes equivocaciones al atacar a Rusia1 y al declarar innecesariamente la guerra a los Estados Unidos. Goering me mostró su conformidad, pero opinó que si en 1941 Hitler hubiese estado en posesión de África se habría podido permitir tranquilamente el lujo de atacar a Rusia y a los Estados Unidos al mismo tiempo."

Permitidme que recuerde también el bien conocido tributo rendido a la neutralidad española por Sir Winston Churchill en el debate parlamentario celebrado en la Cámara de los Comunes el día 3 de junio

de 1941. No podría transcribir aquí por falta de espacio los largos detalles dados por el Premier británico sobre ej comportamiento español y sobre los enormes peligros y daños que hubiera traído para la causa aliada una actitud española simplemente indecisa durante la guerra. Citaré solamente estas nobles palabras: "Siempre creeré que España en aquel tiempo prestó un servicio no solamente al Reino Unido. al Imperio británico y a la Commonwealth, sino también a la causa de las Naciones Unidas. Por tanto, no siento la menor simpatía por aquellos que piensan que es inteligente e incluso gracioso insultar y ofender al Gobierno de España cada vez que se presenta la ocasión."

Termino estos excepcionales testimonios recordando la carta que vuestro propio presidente Roosevelt dirigió el 8 de noviembre de 1942 al general Franco, anunciándole el desembarco aliado en el Norte «e África. Dándose cuenta claramente del valor de la neutralidad española, el presidente acababa su carta con estas amistos^s palabras: ´^Crep también que el Gobierno y el pueblo español desean conservar la neutralidad y permanecer al margen de la guerra. España no tiene que temer nada de las Naciones Unidas. Quedo, mi querido general, de usted buen amigo. Franklin D. Roosevelt."

LA DIVISIÓN AZUL Acabo de citar el testimonio de Churchill, dado´ ya con cierta perspectiva histórica, cuando empezaba eí último año de la guerra. He reproducido también las palabras de Roosevelt ,en las que reconocía que habíamos sido y estábamos siendo neutrales en aquellos días de noviembre de 1942, cuando hacía cinco meses que había comenzado la campaña ´de Rusia. Pero acuso a_Ignien podrá decirme que he olvidado un importante episodio de la historia" reciente de España. Ciertamente que no lo he olvidado porque es también un episodio de mi vida personal. Hablo de la "División Azul" española «rué luchó en el frente de Rusia contra el comunismo, y en la cual yo combatí como soldado.

En aquél verano de 1942 en que la División Azul salía hacia Rusia—medio año antes de que los Estados Unidos fueran atacados en Pearl Harbour—, -para nosotros seguía habiendo dos guerras en, Europa. De un lado la que se libraba en el frente del Oeste entre las potencias del Eje y los aliados. De otro lado estaba el frente del Este, en donde ss alineaban las fuerzas de la Rusia soviética.

Si España no hubiera tenido la firme voluntad de ser neutral, podría, gracias a su posición geográfica, haber asestado golpes mortales a Francia e Inglaterra. Pero ni desbordó los Pirineos desguarnecidos por los franceses, ni en África quiso aprovechar" circunstancias favorables, ni intentó cerrar el Estrecho de Gibraltar, como pudo haberlo hecho. Por el contrario, los españoles fueron a luchar bien lejos de su territorio, en la frontera oriental de Europa, en las inhóspitas y heladas tierras en donde se encontraba su verdadero enemigo: la Rusia,soviética, máximo responsable de las tragedias que España sufrió en su propia carne durante los tres años de guerra civil. La Rusia «ue nos había arrebatado centenares y centenares de niños con la intención de convertirles en agentes comunistas de agitación, no sólo en España, sino en los países de Hispanoamérica; que nos había despoiado de toda la reserva oro fiel Banco de España cifrada en 650 millones de dólares: y que todavía en 1960 alienta la subversión en nuestro suelo y no renunci_a a vengarse de 1» derrota que le infligimos. Eli resumen, esa Rusia eme no «os permite ser neutrales porque en su continua agresión nos fuerza siempre a colocarnos en estado de legítima defensa, como en el día de hoy las naciones libres de Occidente bien saben y España conoce desde 1936. Insisto en oue España,, nermaneeió estricta:mcnte_ neutral esi la lucha que sostenían entre sí las potencias occidentales, y ya hemos visto a qnien benefició esta neutralidad. La División Azul sólo puede entenderse y enjuiciarse colocándola dentro de un tileito completamente aparte, dentro ríe una lucha ideológica y material entri España y el comunismo. Este, al cabo de los años, ha venido p, transformarse en una amenaza Píi´1 todo el Occidente.

Y >»sta es la razón por la cual rn 1953 España hubo Se firmar con los Estados Unidos un Tratado de asistencia militar. Abandonábamos así una larga neutralidad de siglo y medio. Surgieron en mi país utias formidables bases aéreas y navales. Los nombres de Rota y Torrejón se citan entre los de los más fuertes y eficaces umitas d» ´a defensa occidental. ¿Qué había pasado?

ANTICOMUNISMO

Sucedía, simplemente, que un peligro común para el Occidente, una causa-superior a los motivos de índole nacional que determinaron las guerras del siglo XX, había aparecido de Heno en el horizonte. El comunismo, no con el poder limitado que tenía en 1942, sino con toda su potencia de agresión, amenazaba al mundo libre. Y España, requerida por los Estados Unidos, entró en una alianza militar.

El anticomunismo español tiene una doble raíz, ideológica—que no precisa de explicación mayor—y práctica. Esta última arranca de una experiencia nacional: la guerra civil de 1936-39," durante la cual España luchó y venció al comunismo. De esta guerra española existe una especie de "cliché" histórico, fabricado y distribuido principalmente por cierto sector de la Prensa mundial, tan falso como tenazmente repetido desde hace veinte años. Según ese "cliché", en España, la República, que encarnaba la libertad, el derecho y el progreso, fue vencida por las fuerzas reaccionarias y de opresión eclesiástico-militares del país, sostenidas por la oligarquía de terratenientes y apoyado todo por el nazi fascismo germano-italiano. La verdad, bien disfinta, es que las fuerzas nacionales lacharon contra el caos en que pusieron a España los partidos socialistas y anarquistas y del que se aprovechq el comunismo soviético de tal manera, que el Gobierno republicano perdió toda sombra de poder en beneficio de la omnipresente influencia de Moscú.

Nuestro anticomunismo, contra lo que parecería lógico, nos ha traído innúmeras dificultades.

Ha impedido durante largos años la entrada en Ja O. N. U. de España, patria de Vitoria y Suárez, los fundadores dej Derecho Internacional moderno. Ha provocado un sin fin de campañas antiespañolas y de bloqueos políticos y económicos que estuvieron al borde de estrangular al país. Ha motivado acusaciones que llegaron al ridículo. Se Jios tachó de ser un peligro para la paz. I>e nosotros—un pueblo debilitado por una guerra civil—se dijo, en 1945, que estábamos fabricando la bomba atómica en el pueblo de O´caña,, con lo que se caía en el absurdo de suponernos dueñas de un poderío económico y de unos medios técnicos tan grandes como para lograr 16 >jue ningún país del mundo, excepto los Estados Unidos, había logrado. Esta superchería fue recogida por él delegado polaco en la O. N. U., Oscar Lange, y elevada a acusación formal ante las Naciones Unidas; por medio de un memorándum enviado al Consejo de Seguridad con fecha 23 de marzo, crt el cual, entre otras cosas, Se aseguraba que «e hallaban en •España 6.000 científicos alemanes trabajando en la energía atómica, en unión de 3.000 .espías. Basándose en ese memorándum, el delegado polaco solicitó en carta al secretario general de las Naciones Unidas que se incluyera el caso de España en el orden del día.

Estas imputaciones eran perfectamente grotescas y, sin embargo, entonces fueron, acogidas en gran parte de la Prensa mundial como artículo de fe.

Cuando parecía que tales fantasías informativas ya no se podían repetir, surge el caso de las supuestas negociaciones hispano-alemanas para, el establecimiento en nuestro territorio, de bases militares de la República Federal. Con este pretexto, el mes pasado, en la Cámara de los Comunes, de Londres, el diputado laborista y antiguo miembro de las Brigadas Internacionales que combatieron en España al lado del comunismo, Mr. Robert Edwards, nos ´acusó, también formalmente, de estar fabricando secretamente en Bilbao, en colaboración con la firma Krupp, proyectiles teledirigidos para el ejército alemán. La buena, información y la energía del secretario del Foreing Office, Mr. Selwyn Lloyd, impidieron que la pintoresca acusación de Mr. Edwards pudiera prosperar. Pese a la evidente falta de fundamento de estas y otras alegaciones, la Prensa mundial ha caícío de, nuevo en una campaña de falsedades que a España no le afectan porque está acostumbrada a salir airosa de estos ataques. Hace en cambio, el-juego a la U. R. S. S. al resquebrajar la unidad occidental.

En una lucha a muerte contra el comunismo—con el cual el mundo occidental se vio un día asociado en otra lucha a muerte—se nos ha reprochado el recibir la ayuda de la Alemania de Hitler y 1» Italia de Mussolini. No olvidamos los españoles, pues no somos ingratos, que esa ayuda, por mínima que fuera, contribuyó a que nos libráramos del comunismo. Pere ¡qué más hubiéramos querido >ruc todos los países de Occidente hubieran comprendido las razones de nuestra guerra y nos hubieran ahorrado la entrada de las Brigadas Internacionales comunistas en nuestro territorio! No f«é nuestra la culpa de t(ne así ocurriera, ni tampoco nuestra la culpa de que no hubiéramos quedado entonces flentro drl círculo ds sus amistades. Vadle tiene derecho a .censurar la forma m que resolvimos un problema de política

interna. Lo tendrían, quizá, si hubiéramos hipotecado nuestra soberanía y si nuestra decisión hubiera alterado el equilibrio europeo. IA indiscutible neutralidad española durante la guerra mundial, prueba que no fue así.

INTEGRACIÓN OCCIDENTAL En nuestros días ese peligro común que motivó el abandono de nuestra, neutralidad tradicional, también ha servido de catalizador de unas tendencias de unidad occidental con las que España, se siente solidaria. Estamos en esa línea. Al servicio de nna política de unidad hemos realizado los mayores esfuerzos por mejorar nuestras relaciones con todos los países y, especialmente, con aquellos a los que nos unen estrechos lazos históricos. España, mantiene una política de fraterna amistad con Portugal, que se ha concretado en un instrumento político de gran eficacia, el Pacto Ibérico.

Nuestra relaciones con Iberoamérica están fundadas siempre en Io.s íntimos -vínculos de religión y cultura y en los sentimientos de afecto que son propios de una gran familia. Conscientes

de nuestro carácter esencialmente europeo, hemos trabajado incansablemente por mejorar nuestras relaciones con los países de Europa y en este sentido han progresado notablemente las que manteníamos con Francia, Gran Bretaña, Alemania y Bélgica´. Recientemente, España ha entrado como miembro de pleno derecho en ese gran organismo de unidad europea que es la O. E. C. E, Más allá de nuestro continente, España sostiene y desarrolla su amistad con los pueblos árabes, con cuya cultura nos une un pasado histórico de convivencia secular. Defendemos una idea nueva de la vecindad, basada en la amistad leal y no en aquella que se llamó "la. regla de oro de la política internacional" y que recomendaba ser-únicamente amigo del vecino de nuestro vecino, suponiendo que los vecinos solamente pueden ser rivales. Por el contrario, nosotros no queremos tener vecinos débiles y postrados, sino inertes y poderosos.

Finalmente, tío parece necesario recordar el estada amistoso y lleno de fecundas realizaciones en el campo de.la cooperación política, económica, militar y cultural une preside Jas relaciones entre los Estados Unidos, y España,

Mi país agradece sinceramente la &y\t-6a- qai está recibiendo de los Estados Unidos, y piensa «ne, en cierto modo, esa ayuda responde al mismo espirita de amistad «sie motivó,«1 apoya dado por los españoles a la lucha fie Tuestra patria por la Independencia.

IBEROAMÉRICA

"Ona de las constantes Se la política exterior española es su preocupación por Iberoamérica. Los problemas que afectan a ciiaígniera de los miembros de esa gran familia da naciones a la que España per-teisecs, son sentidos "en mi país con enorme interés y un profundo^ afecto.

Creemos que Iberoamérica se encuentra en un tíseisivo memento de su historia, enfrentacla-—en un instante tle crecimiento y expansión—con unas cuestiones que son vitales para su futuro. Al mismo tiempo, ej inmenso potencial demográfico y económico que albergan sus países constituye, junio a !a gran -tradición cultural de íjne son depositarios, un factor político de primera magnitud en el mundo, España participa de !as inquietudes iberoamericana;; y cree absolutamente imprescindible urgente comprender tas necesidades y Espiraciones fi« aquellos pueblos. Ignorar 3a reüMad de Iberoamérica o enfrentarse a ella con una inercia mental, hoy enteramente anacrónica, sería, probablemente, iBUy peligroso. No hacer justicia, a sus aspiraciones, tratar a esos países sin generosidad y respeto, sería una grave estupidez cometida con uno de los toUnjues. de naciones gue más futuro.tienen en el mundo. LOS ESTADOS UNIDOS

Pero estamos eoinrencidos de >jne la meyor garantía, del futuro de todo este Continente han de ser la comprensión y el apoyo de los Estados Unidos. España renueva sn confianza en el Gobierno y el pueblo norteamericanos, y en el momento en que se aproxima la Conferencia internacional na £,Ho nivel—que puede ser un cReusntro decisivo para la paz del mundo—contempla con seguridad, respeto y admira c;ón la figura del presidente Eisenhower. Hace unes meses, cnando el pueblo español acíamaba entusiásticamente a vn?stro presidente en las calles ñe Madrid, 53l>í» tjuD aauel hombre que dirigía la nación más poderosa 5e la tierra, la nación que ha, sabido conjugar la firmeza y la amistad, sabría él también, en cualquier momento grave para el Occidente, «nir el ssntiflo de respoasatñliáaá a la más enérüioj, decisión.

ESPAÑA, ANTE EL FÜTUB0

Frente a tas perspectivas futuras, España trabaja con su isayor esfuerzo para reconstruirse, progresar y elevar el nivel de •vida de los españoles. Los años que han transcurrido de este siglo son, en cierto m(?ao, aáos de "entre épocas", particularmente -para España, qae aJ finalizar el siglo XIX terminó una era, de so historia. Ahora tintamos de recuperar el pteao ritmo cíe nnesíra vida nacional y, en eolaborscicn leal y amistosa con toflos los países, especialmente con aquellos a los «ine nos uñen lazos indestructibles, laboramos para eue Ja époe» qne comienza ahoia ses una época de plenitud y bienestar.

Me es muy grato proclamarlo así ante esía rtible casa, y su cuerpo de gobierno, a quienes agradezco profundamente la concesión fiel "Axsacan Award". La distineíóh jne ílsiíU fie orgullo y me -sonintieve sinceramente por-todo cuanto ella me «roca.

Hace más As cuatro siglos., tmos Jesuítas españoles, dignos soldados de la Compañía gloriosa de San Ignacio de Loyola, lüarieroH valerosamente por su- fe después >ie. haber sido tos -primeros, europeas en Herrar y esíablecsrsfe en estas ^ostss. €un pspiritu idéntico al áe aquellos antepasados gue cayeron cerca de Santa Maria Bay, más de la mitad de mi generación h» wuerío en España, hace veinte años deíenflienSt los ideales de la fe cristiana «u una guerra civil que tiara, nnsnirtia fna una Cruzada."—Efe

 

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