Autor: Lara Gavilán, Antonio de (TONO). 
   Gobernar     
 
 ABC.    26/02/1977.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

FIRMAS EN ABC

GOBERNAR

TODOS los días, al despertar, se produce en nuestra mente un vacío entre el sueño y la lucidez. Algo

así como el paso de la vida a la muerte debe de ser, pero al revés. Es un vacío corto, como un

relámpago, pero que nos da el tiempo para preguntamos: «¿Quién soy yo?... ¿Dónde estoy?...» Y cuando

entramos en la realidad, exclamamos: -¡Jolines! ¡Si soy don Felipe Carrasco!” Y nos ponemos más o

menos comentos, según lo que este nombre y apellido represente en la sociedad de consumo.

Cuando nos encontramos de viaje, al amanecer en la habitación del hotel y ver ese techo desconocido

que no vimos al acostarnos es cuando más sentimos esa duda: «¿Quién soy yo?... ¿Dónde estoy?...» Yo

confieso que todas las mañanas me llevo un disgusto cuando, al recobrar 1a lucidez, me doy cuenta de

que yo soy yo. En primer lugar, porque ya me tengo muy visto, y en segundo término porque tendré que

escribir un artículo, que es una cosa que me aterroriza... Pero pienso lo que será este mismo despertar para

un Jefe de Gobierno: «¿Quién soy yo?... ¿Dónde estoy?...» Y ya, con los ojos abiertos, debe de exclamar

aterrado: «¡Pero si soy don Adolfo Suárez, presidente del Gobierno español!...» Y su sonrisa se convertirá

en una mueca de espanto al pensar en lo que le está esperando.

Porque gobernar en España no es gobernar en los Estados Unidos, en donde los gobernantes pueden

retratarse haciendo los huevos fritos del desayuno o publicar sus fotografías de cuando eran futbolistas o

actores cinematográficos. Ni es gobernar en Alemania, donde la gente es obediente y hacen lo que se les

manda y todos saben hacer cañones como nadie. Ni gobernar en Inglaterra, en donde mandan los

huelguistas, y los ministros, con saber fumar en pipa, están del otro lado. No. España es diferente.

Figúrense si el señor Suárez apareciera un día en la televisión haciendo el café con leche de su desayuno,

¡lo que diría la gente!... Yo, salvando las distancias, hice una vez en la televisión una tortilla de patatas y

desde entonces hay gente que no me saluda...

El español no se aviene así, fácilmente, a que le gobierne nadie. Quiere gobernar él, porque el español ha

nacido para protagonista. Sea el ladrón o sea el guardia civil. Sea el malo o sea el bueno.

Yo, la verdad, no sería gobernante en España por nada del mundo. Y me pregunto: ¿Cómo es posible que

la gente se despepite por gobernar?... ¡Con lo cómodo que resulta que le gobiernen a uno!... Y ahora, que

los gobernantes están metidos todo el día en nuestras casas por la ventanilla de la televisión, sin tener un

momento para rascarse... Porque esa es otra. Antiguamente a los gobernantes los veíamos solamente el

entrar o salir de Palacio con su chistera y su levita, pero luego se iban a su casa y se podían poner en

mangas de camisa si se terciaba. Ahora hay que ponerse de punta en blanco desde que amanece, porque

en las puertas de sus casas está siempre el ojo de la televisión dispuesto a que veamos cómo sale de casa

un ministro y de qué color lleva la corbata, como si eso tuviera alguna gracia...

Y todavía gobernar en una época de vacas gordas y de abundancia, en la que el presidente no tiene más

que ir a los toros y a alguna cacería que otra, mientras sus ministros van resolviendo las papeletas de cada

departamento, la cosa puede ser viable, pero tener que estar oyendo de la mañana a la noche: «Excelencia,

que ya no nos quedan materias primas para ir tirando.» «Que sólo tenemos fuel-oil para las estufas de

Presidencia en lo que queda de semana, y después, a soplarnos las manos» «Señor presidente, que ya no

nos queda gasolina más que para quitar un par de manchas.» «Don Adolfo, que ya no podemos pescar

más que en el estanque del Retiro»...

i Que no, que no! ¡Que no me llamen a mí para gobernar!...

TONO

 

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