Una política de apariencias     
 
 Diario 16.    01/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Diario 16

01-03-77

Una política de apariencias

La política del Gobierno Suárez parece estar tocando fondo y sólo la inminencia de las elecciones va a

salvarla del fracaso total. La situación política presentaba hace sólo un par de semanas un aspecto

positivo. La mayor parte de los grandes problemas parecían, si no solucionados, sí, al menos, en vías de

solución. Resuelto parcialmente el embate terrorista, con los partidos en el umbral de su legalización y las

coaliciones electorales perfiladas, relanzada, además, con nuevo impulso la negociación con la oposición,

Suárez daba la impresión de encontrarse en el mejor momento de su ajetreado mandato. La propia imagen

internacional del Gobierno estaba en alza y el "New York Times" dedicaba al "premier" español unos

insólitos elogios.

En los últimos días, por el contrario, se han acumulado una serie de sintonías que ponen en entredicho

mucho de lo realizado hasta el momento y arrojan dudas sobre la sinceridad democrática de los

impulsores de la reforma política. Durante los pasados meses el Gobierno ha seguido la política de

escuchar a todos, derrochando las buenas maneras y sin escatimar los gestos tranquilizadores. Se han

hecho alardes de comprensión y todos los visitantes saltan de Presidencia "satisfechos" y "esperanzados",

porque cada uno creía que su causa y su caso habían sido tomados en consideración. En ei ambiente

político español, donde tan recientes están los malos modos, la intemperancia y las amenazas, la táctica de

relaciones públicas y modales educados emprendida por Suárez dio pie para pensar que el giro

copernicano se había producido y que el gran salto hacia la democracia había sido dado ya. Los

acontecimientos más recientes están demostrando hasta la saciedad la insuficiencia y la superficialidad de

una política de apariencias. Detrás de las suaves maneras no hay apenas nada sólido, las inercias del

franquismo siguen gravitando sobre nosotros y puede pensarse que nada se ha avanzado en los últimos

meses.

Aquí se ha hablado mucho de negociación, pero no se ha negociado nada. La ley Electoral, las normas

sobre garantías electorales, los pormenores de ordenación y desarrollo del período electoral van a ser

decididos por el Gobierno y todos deberán someterse ante un hecho consumado. Aquí se ha repetido hasta

la saciedad que el Gobierno debe ser una instancia neutral en las elecciones. Pero mientras los ministros

no desaprovechan ninguna oportunidad de hacer acto de fe de su neutralidad, por personajes instalados en

el Poder se dan pasos que suponen una intervención interesada. La discutida legalización de los históricos

del PSOE y la configuración a base del Grupo Parlamentario Independiente, de obvias connotaciones

oficialistas, de un nuevo partido de matiz, ¿cómo no?, socialdemócrata, revelan mejor que cualquier otro

análisis la existencia de un sutil intervencionismo disfrazado de neutralidad. Y algunos no vacilan en

propugnar una "solución mejicana" que supondría el escamoteo de la democracia y la perpetuación en el

Poder de quienes parecen considerarse como sus detentadores naturales.

Los objetivos de esta política parecen apuntar al debilitamiento de las coaliciones ya formadas, que en

algún caso se presentan con serias posibilidades de victoria. La consecuencia inmediata va a ser una

mayor complejidad del panorama electoral y el resultado final puede ser algo así como un empate entre

varios Al no haber ningún ganador definido, las ´bazas del Gobierno y de los hombres que le encarnan se

incrementan ad infinitwm. Si tiene éxito esta versión vergonzante del clásico divide et impera, ¿quién va

a disputar a Suárez la continuación en la Moncloa? No van descaminados por eso " quienes atribuyen al

Gobierno el designio de sucederse a sí mismo. El mito del Gobierno de gestión, arbitro imparcial de la

transición, daría paso así a la realidad de un Gobierno comprometido consigo mismo y empeñado en

tomar su propio relevo. Si todo esto es cierto, las cosas están mucho más claras, pero las posibi!idr;Hes de

la democracia se habrán oscurecido peligrosamente.

 

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