Autor: Baonza, José A.. 
   El largo camino de la unidad     
 
 Pueblo.    02/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

EL LARGO CAMINO DE LA UNIDAD

EN la cada día más intensa confrontafffon pública de las distintas corrientes socialistas para encontrar el

camino de la unidad, se patentiza aqueUajOramática ruptura que impidió dar una repuesta operativa en

los difíciles años &e la II República, con el resultado final de todos conocido. Y el hecho, por otra parte,

de que se mantenga hoy el abanico ideológico con mayor dispersión que cualquier otra de las corrientes

políticas, incide negativamente en la presentación de una coherencia interna, capaz de resolver

eficazmente sus contradicciones. JL. Partir del hecho evidente de que la familia socialista está dividida no

sólo en sus presupuestos tácticos, sino también ideológicos, es la condición primera para aceptar

humildemente la imperiosa demanda del reencuentro y buscar con insistencia la edificación, sólida de la

unidad, tan alejada de oportunismos coyunturales como de banales formulaciones de iluminados.

De ahí surge otra consecuencia directa; si estamos de acuerdo en la realidad de la división, se

sobreentiende que ninguna de las agrupaciones existentes puede reclamar la paternidad exclusiva de su

contenido, ni tan siquiera con carácter de liderazgo. Una cierta llamada a la humildad es condición

indispensable en los actuales momentos. Igual que se hace urgente dejar muy claro que ya no puede ser el

socialismo la corriente unívoca que fue antes del 34, si es que, en puridad, lo fue alguna vez. JL En una de

las últimas interpretacio^ nes sobre la unidad, Enrique Barón ha escrito tEI País, 11-2-77): «En el campo

socialista, el acuerdo tiene que suponer voluntad de construir organización y la decisión de presentar un

programa ante el país, con proposiciones concretas para millones de ciudadanos frente a sus problemas y

aspiraciones.» Pero la pregunta surge de inmediato. Cómo va a presentar el socialismo un programa «con

proposiciones concretas para millones de ciudadanos» si se empeña por desconocer las ciento y una

necesidades de amplias capas de población alejadas, cuando no hostiles, de todo planteamiento

maximalista? Cómo va a dar respuesta el socialismo a todo ese colectivo popular que quiere acometer las

transformaciones de la sociedad con un más justo reparto de la riqueza, sin necesidad de poner patas

arriba el orden existente que, si injusto, ha servido para arrancar de la miseria a grandes capas de la

población? ¿Cómo va a ser posible dar respuestas populares tangibles al imperioso deseo de cambio desde

purezas ideomáticas de fraseología rnarcusiana —por llamarlo de algún modo— que eliminan de

antemano el entendimiento claro de sus postulados? JL Un socialismo actual que quiera construir la futura

sociedad sin clases —aspiración final irrenunciable—, debe ser capaz de equilibrar las dos tendencias que

polarizan su actuación, y que, inevitablemente, alientan en su seno.

De una parte, el conformismo socialdemócrata de sentirse cómodo con las medidas coyunturales de

bienestar social sin acudir al fondo de unas estructuras productivas que no sirven para el desarrollo

integral del hombre un justicia y libertad; de otra, la tentación revolucionaria de los medios que, de

emplearse, ocasionarían la incertidumbre de los resultados, la multiplicación del cosía social y la

imposición dogmática de sus principios. En una palabra, el socialismo debe conjugar inteligentemente et

recurso ético de su objetivo finalista con el método de evolución democrático que asegure !a libertad

individual de todos los miembros; de otra manera, so quedaría en muro de contención del sistema

capitalista, asegurando su buona conciencia. Q en testimonial vanguardia de utopismo revolucionario para

el reparto de la pobreza, lo que siempre es poco aceptable.

jL Porque lo que también está claro es ^ que el socialismo debe mantener en todo momento su

irrenunciable ansia de libertad, difícil de conjugar con los conceptos de dictadura del proletariado o de

«lurha de clases». Esto no es un dogma del socialismo, por la simple razón que el socialismo es

incompatible con los dogmas. En todo caso, si se entiende como ,un dogma marxista, está claro que desde

1917 su denominación exacta no es la de socialista: es la de comunista. Pero se trata de cosas

radicalmente antagónicas.

José A, BAONZA

PUEBLO 2 de marzo de 1977

 

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