No nos ligamos a la temporalidad de un regimen o de un gobierno, sino al ser permanente de la hispanidad  :   
 El señor Castiella analiza las relaciones entre España y los países de su estirpe en los actos celebrados en palma de Mallorca. 
 ABC.    13/10/1960.  Página: 47-52. Páginas: 6. Párrafos: 53. 

«NO NOS LIGAMOS A LA TEMPORALIDAD BE UN RÉGIMEN O DE UN GOBIERNO. SINO AL

SER PERMANENTE DE LA HISPANIDAD»

"ES UKGWl´E QUE LAS REIVINDICACIONES NACIONAL Y SOCIAL SEAN GUIA Y OBJ E-

TIFO DE NUESTROS PUEBLOS"

EL SEÑOR CASTIELLA ANALIZA LAS RELACIONES ENTRE ESPAÑA Y LOS PAÍSES DE SU ESTIRPE EN LOS ACTOS CELEBRADOS EN PALMA DE MALLORCA

Acompañaron al ministro de Asuntos Exteriores español íos embajadores de los países

Iberoamericanos

Palma de Mallorca 12. Mallorca ha vivido.hoy jubilosamente la gran jornada aa. uia de la Hispanidad. La isla mediterránea de España, cuna dé fray Junípero Serrá y de Raimundo Lulio, ha sido elegida este año como escenario de la conmeinoración del acontecimiento que gestó el mundo hispánico.

Los actos se han caracterizado por su profunda- y significativa sencillez: un Te E>emn de acción de gracias en la basílica de-San Francisco, y un acto académico en-el salón del convento-colegio 8el mismo nombre, escogidos estos marcos p´of la "pfes´encia viva en «líos del padre´ Serra, símbolo fecundo y vivo de; IosísraloEes: hispánicos eii Norteamérica.

En el convento de San Francisco vivió y estudió fray Junípero Serra, y en su Iglesia, declarada Basílica, profesó él evangelizador de California.

El templo, que guarda el sepulcro del Beato Ramón Lull, fue construido´ en él siglo XIV. Tiene una única nave, de 74 metros de largo, 17 de ancho y 25 dé alto. Su estilo es gótico, y la fachada, barroca, del siglo xvil;

El claustro del convento es una preciosa joya arquitectonica de estilo ojival. Está for^ raado por cuatro logias, sostenüdas por espléndidas y esbeltas columnas. En el centro del claustro se encuentra un frondoso jardín, con un pozo típico mallorquín. Este claustro, de prestigio arquitectónico mundial, tiene categoría de monumento nacional.—Cifra,

La ciudad ha amanecido .engalanada, tanto en sus edificios oficiales comp en los hogares de los palmesanos. En la plaza de San Francisco, frente al templo, ondeaban, al aire las, banderas todas de las naciones hispanoamericanas, y las de Portugal, Brasil y Estados Unidos.

A las once y media llegó el ministro de Asuntos Exteriores," D. Fernando María Castiella, acompañado de los-embajadores hispanoamericanos, acompañados casi todos de sus esposas.

El gentío, estacionado en la plaza, ha aplaudido con calor a los- ilustres representantes del mundo hispánico. Fueron recibí dos por las autoridades .todas de Baleares y por los representantes de las entidades de .la vida cultural y económica mallorquína. El ministro y los embajadores revistaron .a una compañía de Infantería, que rindió honores.

Seguidamente entraron en la basílica, en cuyo altar mayor el obispe de Mallorca, doctor Enciso Viana, revestido de pontifical, ha entonado un soleftine Te Deum de acción de gracias, cantado por la Capilla Seráfica de Mallorca.

Terminada la función religiosa, ministro, embajadores y autoridades se trasladaron al pie del altar que guarda el sepulcro de Raimundo Lulio, el gran mallorquín universal del siglo XIII, precursor de tantas realizaciones y anhelos de fraternidad humana que hoy bullen en el mundo. El Sr. Castiella y el embajador de Panamá, en nombre de toda Hispanoamérica, ofrendaron una corona de flores al pie del sepulcro, y el rector de la Escuela Lulística de Mallorca, doctor García Palóu, pronunció un breve panegírico de Raimundo Lulio, encuadrado en los valores hispánicos más puros. "Seguidamente, ministro y autoridades salieron otra vez a la plaza de San Francisco para presidir el desfile de las fuerzas que habían rendido honores.

ACTO ACADÉMICO

Penetraron Juego en el convento de San Francisco, cuyo hermosísinlo claustro admiraron, para dirigirse al salón, de acto|, abarrotado de -público, donde se desarrolló el acto ncadémico afirmativo* >le la Hispanidad. Presidieron, con el ministro, el decano del Cuerpo diplomático hispanoamerica-riq y embajador de Panamá, D. Octavio A. Vallarino; encargado de Negocios del Brasil, D. Antonio C. de Cámara;-el senador filipino D, Mariano Cuenco, y el director del • Instituto de Cultura Hispánica, don Blas Piñar.

El primer par^iamenco estuvo a cargo aei senador Cuenco, quien habló de las´ glorias pasadas de España y de su presente, henchido de realizaciones sociales y humanas, qué calificó de ejemplo para muchos países •que se proclaman poseedores de un Gobierno modelOi Afirmó que toda la vida de´su nación está informada de valores hispánicos. Filipinas—dijo—afirma su filiación, hispánica, dé. la que no quiere renegar, v ofrenda las flores, de su gratitud/ y amor a la Madre Patria, eterna, en ´este día tan señalado.

Hablaron después el encargado de Negocios del Brasil, el embajador de Panamá y decano del Cuerpo diplomático hispanoamericano.

Discurso del ministro de Asuntos Exteriores

A continuación el señor Castiella proV nuncio el siguiente discurso:

"Hace tres años, en esta fecna, conmemoramos la Fiesta de la Hispanidad en las. Islas Canarias, avanzada española sobre él Atlántico, en la que parece Que está ya prefigurándose, de manera inmediata y cercana, la itera juvenil de América. Hoy, como si hubiéramos remontado el curso.de la historia, nos encontramos aquí en Mallorca, la Balear Mayor; la viejísima isla del sol, ilustre roca, mediterránea y antigua que fue recalada" del griego y. del fenicio; colonia de Roma; Medina-Mayorka, cabeza de un imperio árabe y, al.fin, centro dé un´enerme arca español que. llenó de nuestra presencia y nuestro recuercvd fas tierras y las costas del Mediterránea durante siglos.

Tal vez la turbada situación internacional,tan cargada de presagios oscuros en estos días, hag?, oportuno qufe hayamos \venido aquí, a la Isla de .la calma, a este rincón cuyo nombre sugiere a todos el sosiego y en cuya paz podamos medir tar un instante sobre los graves problemas que cercan al mundo y afecten*, por tanto,, a nuestra comunidad.

CONCIENCIA HISTÓRICA

Por eso, me parece que en un día como, el de, hoy, sentir en dónde estamos, de dónde venimos y qué genio o qué fuerza´ emana de esta tierra mallorquína que pisamos, no es simple retórica oratoria, sino un acto de conciencia histórica. Y esta palabra, conciencia, es una de las claves de la Hispanidad, del comportamiento hispánico en el mundo, y una de las grandes .necesidades de nuestro tiempo.

La historia americana fue hecha, sobre la marcha vibrante de sus autores, con un profundo sentido de la empresa que habían iniciado. Está es la explicación de la pléyade de notarios," poetas, cronistas e historiadores flue asisten al nacimiento da América; de las cartas de relación de los Conquistadores ,y de los memoriales dé Adelantados y Virreyes. Todos se daban cuenta de lo que hacían y, siendo gentes* con .un fabuloso ímpetu hacia, el futuro, tenían un profundo conocimiento y res¡-peto por el pasado.

Con; la intuición de los poetas y con unas palabras, que resumen el, milagro del espíritu, vencedor de las distaricias físicas y de las lejanías en el tiempo, un visitante de Mallorca, el gran Rubén parió, lí-lico de la Hispanidad, en cuyas venas Corría morena sangre de indio chorotega, había dicho al borde de estas aguas transparentes, con la alegría de un reencuentro aue él debía a España:

"4qui, junto al Mar latino, digo la verdad;´ Siento en roca, acepte y vin& yo mi antigüedad."

l?ues bien, a orillas de este mar-—"sagrado mar de España" gongprino—, sintamos hoy todos nuestra común antigüedad, en esta isla llena, a través de su historia, de esencias hispánicas y de´ímpetus, ultramarinos y en la que todo hispanoamerica* no deberá percibir bien claramente su filiación más noble. Y, parafraseando a Rubén, digamos también aquí nuestra verdad que hoy no es sólo la verdad de nuestro origen, sino también la dé nuestro presente en la grave encrucijada-histórica en que estamps.

¿QUE SUCEDE EN IBEROAMÉRICA?

¿Qué sucede en Iberoamérica? Como tantas veces.en la Historia, los acontecí* mientes dramáticos que vivimos no ha0en más que poner de relieve situaciones y tendencias que, vienen del pasado. Durante años ha sido, evidente que en el gran Continente americano que vosotros representáis se estaba gestando una crisis de características profundas y de-alcance muy dilatado.

En tres ocasiones anteriores y similares a esta que hoy nos reúne, creo .recordar haber señalado el fenómeno e incluso puní tualizado algunas de sus causas. No tenis ello por mi parte mayor mérito. La voz de la sangre, mi permanencia durante años en vuestras tierras y el haber compartido con las nuevas generaciones españolas el interés por América tenían que asociarme lógicamente a vuestra común inquietud.

AMERICA OLVIDADA

Durante estos últimos lustros, el mundo ha vivido en desconcierta y angustia casi permanentes´ ante- las crisis que, con ur* gencla dramática, iban surgiendo, unas tras Otra, en los más diversos lugares del píanetar Indonesia y China; el golpe de Praga y el ataque a Grecia; Berlín y Corea; Indochina; Chipre, Hungría y Suez; Argelia; Irak y El Líbano; el Congo y tantos nombres de nuestra convulsa geografía han

sido problema^ acuciantes a«e apsoroierojí la atención de las gentes y de los gobiérnos. América en -paz, medlanamentje ear^. quecida durante la última guerra, no, ejfa problema para nadie. .Las grandes patencias confiaban en una calma superficial olvidando un Continente que -parecía- feliz;. ´Ocasionalmente, una revolución, o un cambio de1 gobierno atraían; la curiosidad sensacionalista d? las masas que sólo vibran ante los grandes titulares periodísticos; Pero, apagado el fugaz interés que despertaba.el suceso, todos volvían a su indiferencia.

PROBLEMÁTICA DE UN CONTINENTE

Nos duele pensarlo, pero ha sido preciso que, en el juego actual de las grandes potencias, una de ellas intenté penetrar en lo que se consideraba la esfera de influencia de otra para que, inespeíada y´ conminatoriamente, se plantee, ante el asoiribrc ,de nwchos, la problemática^ de todo un Continente que exige por piando ´derecha la. atención ¿¿ue merece y el puesto en el mundo que le corresponde.

Estamos hoy fíente a un?, profunda sacudida, producto de la aspiración de los pueblos-a una más directa ftarticipaeiór en" la dirección del quehacer comunitaric y en los beneficios .que la técnica´acumulada pueden aportar a la vida .individual -igual que los viajes de Colón.anunciaron la llegada de un nuevo tiempo, prefigurar hoy los-vuelos espaciales una -nueva Edad iiti ritmo humano •diferente y una acomodación social que esté con ella en consonancia.

Pero el sentimiento, de rebeldía aue aflora en las masas, el deseo de un mayor respeto, y consideración que demandan los débiles frente a los, fuertes-y-el riesgo que todo cambio—al alterar un orden -previo— lleva consigo; .son utilizados y espoleados con fines puramente de ppd«r tx>r el comunismo internacional al ,«Bsvi>3io -de Jos designios imperialistas de la; Rusia 3sayié-tiea. ;,Y lo.que es justo ea su >nr|^«tt y -le-gítime en su planteamiento,´ se tuerce 5 envilece al servir, conscién.te p inconscientemente, a esa aspiración de dominio verdaderamente colonialista, en el peor sentido de la palabra.

Permitidme, señores, que lo diga, con franqueza. El problema dé Hispanoamérica es, en el fondo, el problema del mundo. El 12 de octubre de 1958, en Madrid, tuve ocasión de explicar así mi preocupación por este mismo tema: "La disyuntiva para nuestros pueblos es dará: O incorporarnos—con los sacrificios que sean necesarios—a la marche, • acelerada del progreso técnico, salvaguardando así nuestro credo y ;nuestra libertadlo dejar que las masas caigan sin remedio en las redes de la demagogia comunista." En loa .des últimos años ha vivido Hispanoamérica esta experiencia de una manera evidente y ha tenido que contemplar la trágica paradoja de que el comunismo haya izado no solamente la bandera de la justicia social, sino también la d^ la dignidad nacional, que nunca había sido suya. Es urgente que -estas dos reivindicaciones, la social y la nacional—como tantas veces ha proclamado Su Excelencia el ¿efe del Estados no estén en manos ajenas, sjno que sean, reunidas y al servicio de los altos valores del espíritu, guía y objetivo político de nuestros pueblos.

Reconozcamos,, no obstante, que el CP-muriismo ha hecho al nuevo Continente el gran servicio de mostrar a todos los que para nosotros estaba claro desde baos tiem-._pp. Hay quienes sólo actúa» frente al estímulo directo que suponen la amenaza o la agresión. Por ello, el mc>mento no puede ser más propicio para intentar encontrar soluciones a los problemas planteados: Hoy Iberoamérica—esa- :gran comunidad que agrupará seiscientos millones ,de hombres a finales de siglo—4iéáe la posibilidad de nacerse oír.

CRISIS DE UN SISTEMA ECONÓMICO F SOCIAL

Desde el punte de vista económico, los moles de Hispanoamérica na Mreoen de díflefl diagnóstico: el capitalismo1 industrial creyó necesario mantener determinadas zimas donde las materias primas se produjesen a precios económicos y donde, a su vez, con espíritu de lucro, se pudieran ir invirtiendo los excedentes de capitalización, contando con que se garantízase un beneficio y un determinado grado, de orden y estabilidad, social. Ello había de conducir necesariamente a determinadas estructuras económicas y sociales que a su ve¿ cuajaron en sistemas políticos concretos.

Pero el afán de mejoramiento de las masas, la creciente industrialización de vuestros países, su incipiente capitalización y las perturbadoras repercusióneé en su estabilidad interna de las. variaciones de los precios internacionales de las materias primas, tenían que conducir a una. inestabilidad que amenazase los cimientos de todo el sistema. Lo que en su origen pudo ser un maro problema económico, un desajuste en el funcionamiento de una economía de mercado, se transforma en una crisis política que afecta profundamente a toda vuestra sociedad.

RESPUESTA AL RETO COMUNISTA

El comunismo decide entonces intervenir. Ello implica un reto a las concepciones del mundo occidental y exige en Hispanoamérica, como en otros lugares, una inmediata reacción. Frente a las diferencias económicas existentes entre los países altamente industrializados y los que no lo están, se impone, para éstos, una política de elevación´de los niveles de vida. Frente ft las inversiones de capital excedente con afán lucrativo, se impone una política de inversiones dirigidas a transformar la´estructura económica de los pueblos menos desarrollados. Frente al viejo concepto del comercio internacional^ se impone la necesidad de fijar, en ocasiones, unos precios políticos, transportando al campo de los intercambios económicos los sacrificios que los pueblos, deseosos de mantener su ran-so en el mundo,.han venidQ haciendo para los gastos militares. Y frente •& la ´inestabilidad del precio- de las materias primas, 8? impone, como dije´ el año pasado en Santiago de Compostela, "una estabilidad de;Ios precios de ciertos minerales y pror ductos agrícolas básicos Cuyo envilecimiento pone en peligro el desarollo de econo-´mías más débiles perturbando, por ende, la vida política y social".

La conferencia económica que acaba de clausurarse en Bogotá, significa un comien,-20 de reacción que España observa con esperanza. Nos parece importante, sobre todo, el espíritu de la reunión en la que tanto los Estados Unidos como lo? países iberoamericanos han mirado a la cara de los problemas con sinceridad, reconociéndolos en toda su magnitud y proponiendo medidas de alcance continental.

Igualmente importantes, por-, filo, nos parecen la fundación del Banco Interamericano de Desarrollo, e} establecimiento del Mercado Común Centroamericano y el Pacto de Montevideo, para la Zona de Libre Comercio.

Es evidente, sin embargo, que el principal resorte de un desarrollp económico está dentro del propio país y que una política auténticamente dinámica deberá basarse en la explotación al máximo de los recursos propios y en.el esfuerzo y sacrificio de los pueblos! sin confiarlo todo a una posible ayuda exterior. No obstante, dicha ayuda, que me atrevería a decir´ es debida en justicia, no sólo sería conveniente sino necesaria, pues únicamente contando con ella pudrían nuestros países alcanzar el "adecuado ritmo de crecimiento en sus economías nacionales, rescatando el tiempo perdido por anteriores inhibiciones.

ESPAÑA-SOLIDARIA

España, por su parte, se encuentra decididamente a vuestro lado y desea prestar toda su ayuda.. No os podemos ofrecer capital, pero sí podemos y lo hacemos, solicitarlo para vosotros, recordándoos siempre en nuestras, propia^ negociaciones. El 14 de enero de este año, en la reunión de la OECE en París, hube de reclamar "en nombre de España, con especial calor, cuantas medidas puedan favorecer el desarrollo económico de los pueblos iberoamericanos, íntimamente ligados a Europa por tantos conceptos. Sería necesario no- sólo favorecer el progreso de su industria naciente, sino ayudarles.también a salvar las crisis periódicas de los mercados de sus productos básicos que para muchos de ellos constituyen la riqueza fundamental". Antes, en Bonn, en el mes de noviembre de 1959, con ocasión de, una ceremonia solemne a la que asistían las más altas autoridades alemanas y como remate a una serie de conversaciones diplomáticas,,dije: "España, en esta hora europea, no olvida su destino también- americano, no abandona- su preocupación por América, esa ."magna Europa" del otro lado del Atlántico; contrapunto de nuestra .cultura y campo inmenso abierto.a egregias y fructíferas creaciones del espíritu." En Londres, eri Viaje oficial reciente, insistí en la preocupación española por los problemas que acucian a la comunidad hispanoamericana. Y en vuestro propio Continente, en Washington, decía en marzo próximo pasado:

"Creemos que Iberoamérica se encuentra en un decisivo momento dé su historia"... "España participa de las inquietudes iberoamericanas y cree absolutamente imprescindible y urgente comprender las necesidades y aspiraciones de aquellos pueblos. Ignorar´la realidad o enfrentarse y ella con una inercia mental hoy enteramente anacrónica, sería probablemeate´ muy peligroso. No hacer justicia a sus aspiraciones, tratar a esos paises sin generosidad y respeto, sería una, grave estupidez cometida co´n uno de los bloques de naciones que más futuro tienen en el mundo."

Al lado de esta preocupación por vuestros intereses, os ofrecemos también el caudal, nunca extinto y ahora renovado con fuerza creciente, de nuestra emigración. Esa exportación humana es la mejor inversión que España ha hecho en ^marica desde la independencia, y todos sabéis que constituye un elemento esencial en vuestra economía. Nuestra emigración, que se -cifra en millones,de seres, tiene, además, una valoración concreta, que en algunos recientes estudios económicos se trata de estimar.

LA UNIDAD NEiCESMtlA

La inmensa tarea que tberoam erica ¿tiene delante de sí no podrá ser llevada a cabo si falta una cosa: unidad. Que no haya entre vosotros ningún vigor, ninguna voz dispersa, rompiendo la solidaridad necesaria. Si la gran construcción política ideal que imaginó Bolívar, no pudo des-? graciadamente ser hecha realidad en stt tiempo, ella se ofrece´ todavía- como un incitante programa de dimensión continental, al que dediquéis vuestros esfuerzos, con la seguridad de que en él reside la mayor esperanza de vuestro futuro.

Pero una política* de unidad tiene qué estar apoyada, al mismo tiempo, en un respeto profundo a las soberanías nacionales, a las caraeteristicas.de cada país y, en ,suma, al principio concreto de la no intervención, de tan honda raigambre americana. Mientras no aparezóan, por un. proceso de posterior madurez, nuevas instituciones integradoraa, cualquier medida que contradiga esta política de ía unidad en la. variedad y pretenda inmiscuirse en los asuntos internos de, los demás, podrá producir efectos contradictorios y perjudiciales reacciones emocionales.

En lo que a nosotros toca, España desea .mantener esa política de unidad, compren-¡sión y respeto con la máxima firmeza. Entendemos la comunidad hispánica como algo Que ha superado los avatares del tiempo. No nos ligamos a la temporalidad de un régimen o de un Gobierno, sino a lo nue es de hoy, de mañana y de siempre: al ser permanente de la Hispanidad.

AMISTAD PERMANENTE Y NO INTERVENCIÓN

Es precisamente esa regla de oro de nuestra política, exterior, es decir, «1 sentido de lo, permanente y la no intervención en los asuntos de los demás, la que nos ha dictado nuestra actitud al • procurar no hacer nada irreparable en graves ocasiones recientes, en que, habiendo sidí tratados con desconsideración, cualquier medida violenta podría haber parecido justificada. No faltaron incitaciones -para; ello, pero no cedimos en nuestra postura. Nos importaba la continuidad de nuestra amistad, no´ leí accesorio de una irritación. Estamos seguros de que, esperando con dignidad y paciencia, la invariable y leal amistad española hacia todos´y cada uno de los pueblos´ fié nuestra estirpe será reconocida. Creemos >jüe éste y no otro ha de ser el espíritu que debe presidir las relaciones entre-.todos los pueblos hispánicos.

PRUEBAS DE HERMANDAD

Acabamos de recibir espefanzadoras pruebas de que, por debajo de circunstanciales diferencias, existe en Hispanoamérica un hondo e irrenunciable sentimiento de unidad, que sólo necesita ser potenciado al máximo. Primero fue la unánime solidaridad, la Urgencia entrañable con que acudisteis, solícitos,-, a remediar la catástrofe que había asolado Chile, ese ainado país, cuyo dolor todos* hemos hecho nuestro y cuya desgracia nos ha convocado a probar espontáneamente nuestra inquebrantable fraternidad. Después ha sida el reciente Congreso fie las Academias de la Lengua, en Bogotá,- eri fiónde se ha expresado la preocupación de uria enorme co- munidad por el cuidado y defensa de un tesoro perteneciente al. patrimonio cultural común: él idioma de todos, la lengua que Nebrija y Andrés Bello trabajaron; ese vehículo - prodigioso del espíritu, que nos une a través de la distancia. La iniciativa dé los Congresos de

Academia no es española. Todos se la debemos a Méjico, único país que hoy no está entre nosotros, aunque siempre lo >jonsidererflos presente ´en nuestro afecto. Méjico, así nos prueba, en primer lugar, que ninguno de nosotros falta, en definitiva, a, la gran cita de núes-´ tros intereses comunes y, después, que la comunidad- hispánica no tiene ni pretende tener capital, pues la capital está a_llí donde´haya un país hispánico. Esta múltiple ..presencia ,de la conciencia común, esta, especi-e - de ubicuidad deí ser hispánico, asimismo nos la testimonia ahora el senador- Cuenco, .cuya palabra elocuente acabamos de oír, y´ que en su lejana patria, Filipinas, baluarte cristiano en el mundo oriental, ha hecho una vigorosa defensa de la, lengua española. Me complazco en citar estos ejemplos, porque, en la hora crítica que. vive Hispanoamérica,- frente a su destino -ea juego, son una enseñanza que puede sernos útil.

Por otra parte, ´los ´acuerdos de doble nacionalidad que hubimos de firmar en su día con Chile, Perú y Paraguay, florecen lentamente, marcando otro vínculo más. Filipinas también aquí ha respondido a ese sentimiento que cristaliza en decisiones concretas y viene a unirse a ellos, como una parte más del todo, levantando con brío y valor su voz en las Naciones Unidas, para decir, por medio de su embajador Delgado y en un lugar donde toda historia colonial merece, repulsa,- que "por encima de todo, fue España la que dio a los habitantes de, nuestras siete mil islas, que hablaban una multitud de idiomas, un sentido de identidad nacional. La nacionalidad filipina se forjó asi en el fuego del espíritu colonizador de los conquistadores españoles y cuando este • fuego comenzó -a apagarse fue -el turno del nacionalismo filipino, de surgir y florecer victorioso".

.Es importante .recordar estas frases generosas y llenas de .conciencia del propio ser histórico, cuando se pretende mirar hacia el futuro. Revelan una preocupación por la herencia cultural que hemos recibido, hérercía ,enriquecida -•por las aportaciones de todos y fundamentó el más firme dé cualquler acción a la oúe pretendamos dar una trascendencia. Eée patrimonio,´que crece con la historia y que define nuestro modo de ser, en nada se opone a ninguna tendencia nacional, por viva y moderna que pueda parecer. Pues feStá abierto hacía el futuro con esa capacidad de avizorar el porvenir con que han cruzado nuestra historié muchos egregios precursores del genio hispánico.

LECCIÓN LULIANA

, Precisamente aquí, junto a nosotros, en es,t*, misma Iglesia de. Sao. Francisco, y&-cen los restos de Raimundo Lulio, que acertó a ser un hombre de su tiempo.

Ramón Llull deja con su obra filosófica una clara huella en el pensamiento occidental, contribuye en forma eminente, con su aportación literaria, a la configuración de la noble lengua catalana y con su espíritu evangelizador es ei gran campeón de la libre conversión de todas las gentes a la. fe tle Cristo. Esta inmensa figura de nuestro siglo XIII fue, en definitiva—como ha podido deelr un gran historiador—, "el Quijote del Gótico", el arquetipo de aquella época unitaria.

Lulio, en efecto, como Leibnitz—según la fórmula feliz de Eugenio d´Ors—, "se define espiritualmente por la pasión, por la impaciencia, por el tormento de le unidad".

Perdonadme si mi dedicación al Derecho y a la Política internacional me incitan a subrayar muy brevemente la preocupación armoniza dora y unitaria que conduce a este místico, filósofo y poeta, a ser el idea-dor afortunado de toda una teoría de la paz y, por tanto, de su sistematización institucional.

CONCEPCIÓN DE LA PAZ

Debemos al "Doctor Iluminado", merced singularmente a la utopía política de su "Blanquerna", una anticipación puntual y fundamental de las presentes y todavía imperfectas formas de organización su-pranacional, Lulio no entendía la paz como una premisa, sino más bien como el resultado que aflora de la concordancia general. Sólo creía posible un orden pacífico en el plano internacional, cuando se hubiera logrado una armonía en el ámbito de las relaciones privadas y en la vida pública de cada país.

La paz entre los pueblos no es, por eso, según el acertado y actualísimo concepto luliano, algo inmediato, superficial y en algún modo negativo. Ño estriba sólo en el hecho de que no haya guerra, sino que ha de ser fruto de una labor constante y progresiva, que apacigüe, primero, las tensiones sociales dentro de cada nación, y, que luego, tienda puentes de comprensión entre unas y otras para poder alzar de modo estable el edificio de la paz.

En su "Árbol de la Ciencia", define Lulio la paz como concordancia y la guerra como contrariedad, propugnando que la esenciaFunidad del género humano se traduzca en una comunidad de fines que haga imposible toda división radical. Este utópico pensamiento es, sin embargo, compatible, en la mente íuliana, con una doctrina realista pata la organización y la defensa de un pacífico .orden internacional.

Prescribe Lulio. «n el libro TV del "Blanquerna". las condiciones de la paz. Traza ante todo las líneas maestras para un acercamiento espiritual entre los pueblos: Propagar, en primer término, una actitud psicológica favorable a la paz: reducir a unidad la dispersión de lenguas: valorar la función pacifista de las Universidades y del intercambio de conocimientos científicos; promover la seguridad de los viandantes como medio de relación y entendimiento de país a país: y procurar, en fin. como Lulio dice literalmente, "que r>or la comunicación de unas naciones con otras hubiere caridad y concordancia entre ellas...".

Especialmente en algunas Oáñinas del citado libro IV del "Blanquerna" y del "Liber de fine", afrontaba Ramón Llull, hace siete siglos, el problema -propiamente político de la organización de la paz. Afirma a este respecto míe es necesario crear intereses y suscitar empresas que sean comunes a aquellos aue han de mantener entre sí una relación pacífica y estable: recomienda también la moderación de las ambiciones de cada pueblo, señalando que se debe ceder y renunciar, cuando sea preciso, "porque más awreciable es la paz" que los bienes materiales que a su costa se pueden sanar.

UN PRECURSOR DE LAS NACIONES UNIDAS

Pero hay un pasaje de Raimundo Lulio—comentado hace muchos años cor el profesor Puigdollers—en el que, con genial avance de siglos sobre la mayor parte de los teorizantes del arbitraje y de las organizaciones interestatales, se describen con sorprendente precisión formas institucionales de rango supranacional que sólo en nuestros días están empezando a dar sus primeros pasos vacilantes.

Blanquerna, el protagonista de la novela íuliana, es elegido Paua y tiene ante sí. Dará hacer realidad sus teorías pacifistas, todo el ancho campo de la Cristiandad: "Que los mensajeros—dijo el Papa Blanquerna—procurasen saber e inquirir entre las Repúblicas, cuál de ellas tenia quejas y agravios de otra; y que después el trataría, como cada Potencia anualmente viniese a un lusrar señalado, donde concurriesen todas las demás Potencias; para que. según forma de Capítulo o Congreso, se tratase allí de amistad y corrección de unas a otras y que se estableciese, entre ellas una pena pecuniaria contra la aue no quisiese convenir a las resoluciones de los Definidores de aquel Capítulo. Y por esta ordenanza, dijo el Papa. Podrán las Repúblicas reducirse a la paz y concordia."

El testimonio de Blanauerna—máscara que Lulio se puso a sí mismo—clama contra nosotros, porque han pasado siete siglos y no hemos logrado todavía esa paz justa, firme y ordenada que él salió a predícar a sus coetáneos desde esta misma isla, para cruzar el Mediterráneo, de Barcelona a Damasco, de Montpellier a Túnez, enhebrando con sus entusiasmo evangélico el cintillo de ciudades de las que fue vecino y en las eme dejó encendido el fuego de su espíritu.

EL ESPÍRITU »E MALLORCA

Creo ciue todos estos pensamientos tienen aouí. en Palma en Mallorca, la vieja "ciutat" del reino balear, una especial significación. Les otorsa sentido trascendente el espíritu de esta tierra, signada también, como todas las tierras de España. por un enardecido destino americano. Mallorca, eme, en los inquietos finales de la Edad Media, cuando las atarazanas del Mediterráneo bullian con el presentimiento de América, daba marinos para las primeras expediciones atlánticas y a la ciencia náutica le ofrecía los mejores cartógrafos de Europa, entre los cuales estaba aaúel Jaume el Mallorquín, quien en la célebre Escuela de Sagres fue el consejero del Infante Don Enríque el Navegante, el genial portugués aue abrió nuevos mundos a la civilización y a cuyas conmemoraciones España se acaba de asociar cordialmente.

Recordemos también ciu-e e&tá sobre nosotros, con el gran peso de la Historia, una sombra breve y físicamente ingrávida: la sombra de un frágil y heroico mallorquín a través del cual España lanzó sobre América los últimos destellos de su luz misionera y civilizadora. Hablo, claro está, de fray Junípero Serra.

apóstol de California aue en el ocaso del Impero español s* al tiempo en que nuestros marinos—Saeta, Pérez, Malaspina, Cuadra—subían las costas de las Californias hasta el norte de Alasita en los últimos periplos descubridores de España, dejaba la huella dolorida y tenaz >fe su sandalia franciscana sobre las tierras del Oeste americano. Fray Junípero, evangelizador y colonizador, dio a aquellas tierras no sólo una religión, y docenas de nombres españoles, sino también un nuevo paisaje en el que el naranjo, el olivo y la vid, junto a los patios umbríos y los pórticos barrocos de las misiones, coronados de un blanco campanario, reproducen, bajo el sol de América, el paisaje mediterráneo de esta isla de Mallorca.

Fray Junípero fue uno de los últimos frutos que España le dio a América. Tal vez para probar la permanente juventud´ de España, nació aquí, en la isla antigua, en donde se habían oondensado tantas fuerzas que venían del fondo de agüella rica y fecunda Edad Media española que habría de fructificar intensamente en América, a través de los siglos. Edad Media trabajadora, guerrera y creyente, simbolizada hoy en las frágilas columnas como palmeras de la Lonja del Mar, en las almenas robustas del castillo de Bellver y en la nave transparente de la catedral, encendida como un fanal de luz mediterránea."

Grandes aplausos acogieron las palabras finales del señor Castiella.

 

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