Seguridades     
 
 ABC.    27/09/1960.  Página: 40. Páginas: 1. Párrafos: 2. 

17 DE SEPTIEMBRE DE 1960.

EDICIÓN DE LA MAÑANA.

PAG. 40

SEGURIDADES

La frase que se le ocurriría a Perogrullo se impone: lo pasado ya no tiene remedio. Es verdad. La tragedia

de la calle de Carretas es cosa pasada. Pero las quemaduras de ese incendio escuecen todavía a los

madrileños y es necesario curarlas de manera definitiva. No se pueden devolver las vicias perdidas, pero

es absolutamente necesario que el espectáculo dantesco del sábado no vuelva a repetirse. Hay que buscar

y encontrar los medios precisos. Es un asunto urgente.

Parece cierto que los bomberos fueron llamados tarde. "Si nos hubieran llamado antes, sólo cinco minutos

antes, todo hubiera cambiado", ha dicho el jefe de bomberos de la zona, don Antonio Salas. Pero él

mismo admite, y es cosa sabida, que el coche que salió en primer lugar no llevaba ni lonas ni escaleras,

imprescindibles para haber intentado salvar a las víctimas. También afirma que Madrid cuenta con tres

escaleras automóviles de 25 metros y una de 45. Todas son antiguas, pesadas, lentas. No se podía contar

con ellas el sábado. Fue una, pero cuando ya no había remedio. El vehículo es un "Benz" modelo 1914.

Las lonas de tobogán llegaron tarde también. De las otras, de las redondas para esperar a quienes se

lanzan desde lo alto, 110 había disponibles... Después llegó más material. De todo esto sigue deduciendo

Perogrullo que el material de bomberos de Madrid es escaso, anticuado, de dudosa utilidad para siniestros

como el que aíipra lamentamos. Y que la organización del mismo Servicio no es la adecuada, ni mucho

menos. Por otra parte, la circulación de los coches contra incendios debe estar garantizada, con rutas

previstas, y no puede quedar a merced de los embotellamientos. Lo único que no falló el sábado fue el

elemento humano. Como siempre, los bomberos pusieron todo su esfuerzo, su excelente preparación, sin

tasa, con un entusiasmo que muchas veces es heroísmo. Pero no sirvió de mucho.

Las Fuerzas de Orden Público cooperaron en su medida. El pueblo de Madrid, como siempre también,

hizo cuanto pudo en favor de las víctimas. Sus buenos deseos, su vehemencia, incluso fueron

contraproducentes en algunos momentos. Pero hubo esos dos fallos claves: el material y la organización.

Esperemos que se tomen determinaciones rigurosas para remediarlos de manera total. Madrid no puede

estar desatendido en un aspecto como éste, de tanta gravedad.

El mismo domingo por la tarde ocurrió un hecho sin trascendencia, pero sintomático. En un cine de la

Gran Vía una punta de cigarro prendió en una cortina. Ni se produjeron llamas, pero e! olor del tejido

quemado se extendió en seguida por la, sala, que una parte del público desalojó rápidamente, alarmada.

Se interrumpió la proyección, se pronunciaron unas palabras explicativas y todo volvió a la normalidad.

En realidad, no había pasado nada. Quizá en cualquier caso habría sucedido lo mismo. Pero en esta

ocasión los ánimos estaban tensos, los nervios dispuestos a soltarse. Era natural la reacción de esa parte

del público. ¡Aún estaban calientes los muros del edificio de Carretas! Creemos que no hay que fiar al

tiempo únicamente la tarea de tranquilizar a los habitantes de Madrid. Hay que darles seguridades de que

la capital contará con un Servicio contra Incendios a tono con su importancia. Creemos también que esas

seguridades deben ser dadas lo antes posible y no sólo con palabras.

 

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