Autor: Cuadra Fernández, Bonifacio de la. 
   El Gobierno, racional y tolerante  :   
 moderación y prudencia en las declaraciones gubernamental y episcopales en relación con el policía apuñalado. 
 Criba.    12/05/1973.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

EL GOBIERNO, RACIONAL Y TOLERANTE

Moderación y prudencia en las declaraciones gubernamental y episcopales en relación con el policía

apuñalado.

El apuñalamiento del policía don Juan Antonio Fernández Gutiérrez, ocurrido el pasado uno de mayo, no

pudo recogerse en la anterior crónica con la extensión que la noticia merecía, por encontrarse ya en

máquinas el anterior número de "CRIBA" cuando los hechos ocurrieron. Al parecer, el incidente se

produjo de la siguiente forma: minutos antes de las ocho de la noche aparecieron grupos de manifestantes,

entre otros puntos de la capital, por la calle de Santa Isabel, en su confluencia con Doctor Mata. En este

lugar, cerca de un centenar de manifestantes, con banderas rojas,, daban gritos subversivos que atrajeron

la atención de varios inspectores de policía, quienes, según parece, cayeron en una ´emboscada, ya que el

grupo citado se dio a la fuga y apareció un denominado "piquete de defensa", integrado por gente muy

joven y que llevaba barras de hierro y cuchillos de monte. Cuando los policías —que no hicieron uso de

sus armas— se encontraban a poca distancia, fueron agredidos. El subinspector de segunda señor

Fernández Gutiérrez, de 21 años, resulto apuñalado, y falleció poco después de ingresar en la Ciudad

Sanitaria Francisco Franco. Otros dos policías resultaron gravemente heridos, pero posteriormente se han

ido recuperando, y varios más fueran heridos de menor gravedad.

MANIFESTACl ONES DIVERSA S

Esta es una de las versiones más verosímiles del incidente, que ha acaparado la atención política de los

últimos días. La condenación del hecho fue unánime en los diferentes medios informativos. En la jornada

siguiente, con ocasión del traslado de los restos del policía apuñalado a Boñar (León), su tierra natal, —

tras la imposición de la medalla de oro al mérito policial por el vicepresidente del Gobierno— se celebró

una manifestación desde la Dirección General de Seguridad hasta la Plaza de España, en torno al féretro

con el cadáver del señor Fernández Gutiérrez, que fue llevado a hombros por los compañeros del finado y

por personalidades como el Director General de la Guardia Civil, teniente general Iniesta Cano. Se

pronunciaron gritos anticomunistas y en favor de las fuerzas de orden público, que pedían garantías y

censuraban la falta de medios. Se cantó varias veces el "Cara al Sol". Aparte de los gritos de distinto matiz

-—algunos muy apasionados—, la manifestación se produjo en orden y se disolvió sin incidentes al llegar

a la Plaza de España. La observación de cómo puede suspenderse la circulación sin que padezca el orden

público y de como la fuerza pública protegía a ¡os manifestantes en su derecho a expresar públicamente

sus opiniones políticas, resultaba ejemplar, tanto en la manifestación del día 2 como en la que prosiguió al

funeral oficial celebrado el día 7. Como en tantos países del mundo, aunque los manifestantes se

expresaran contra el Gobierno —exceptuado el Jefe del Estado, al que siempre se aclamó—, la tolerancia

gubernamental fue completa. (En otro lugar de este número se ofrece información sobre la manifestación

del día 7). No sería desmesurado que esa tolerancia se ampliara a otras manifestaciones políticas lícitas de

otro matiz.

GOBIERNO Y EPISCOPADO, PRÓXIMOS

Como consecuencia de los hechos que se han producido en relación con la muerte del policía citado, se ha

producido un curioso efecto, entre otros. El Gobierno —que en los últimos meses se ha encontrado en

"situaciones difíciles" con el episcopado español—, ha quedado bastante próximo, en cuanto a

moderación y prudencia se refiere, al Consejo Episcopal de Madrid-Alcalá. Frente a otras expresiones

vindicativas o extremadas, tanto en la declaración del Gobierno como en la de los obispos de Madrid, ha

predominado la serenidad a la que ya aludía nuestro semanario en un editorial de última hora, publicado en

el número anterior.

El Gobierno, en su declaración, entiende el "orden público" como "el normal funcionamiento de las

instituciones públicas y privadas, el mantenimiento de la paz interior y el libre y pacífico ejercicio de los

derechos individuales y sociales reconocidos por las leyes". Por otra parte, "el Gobierno reitera su firme

decisión de continuar garantizando el orden público, y la circunstancia de que se haya producido un

hecho luctuoso —añade— no puede más que animar a perseverar incansablemente, con la energía

proporcionada en cada caso, al logro del objetivo esencial de asegurar la paz y convivencia, que son y

seguirán siendo la característica esencial de nuestro Estado de derecho".

Por su parte, el Consejo episcopal hizo pública una nota que ha sido desagradablemente recibida por la

ultraderecha, que libremente y con toda energía ha "contestado" especialmente al cardenal Tarancón,

cuyo nombre se ha visto en una de las pancartas de la manifestación del día 7, y pudorosamente ha tenido

que ser borrado en una de las fotos publicadas por "ABC". La nota episcopal dice, entre otras cosas:

"Profundamente angustiados por el crimen y por las agresiones que se han cometido y que con toda

energía reprobamos, rogamos por quien ha caído en el cumplimiento de su deber y nos unimos al dolor de

sus familiares y compañeros de las víctimas, pidiendo al Señor que trueque el corazón de los culpables

para que se conviertan y para que ellos, nosotros y toda la sociedad —pues todos tenemos parte en el

clima de agresividad que en el país se respira— nos alejemos de todo tipo de procedimientos injustos, que

siempre son causa de mayores males".

También aluden los obispos, reprobándolos, a los "actos de violencia de quienes, usurpando el nombre de

Cristo y mezclando de manera indebida motivos religiosos y patrióticos, han atacado de palabra y de obra

a sacerdotes y militantes católicos obreros". En definitiva, nota moderada y equilibrada, en la misma línea

del editorial de "CRIBA" ya mencionado, y lejano de todo extremismo, especialmente del que, tomando

corro punto de partida el lamentable apuñalamiento de un policía, aprovecha la oportunidad para jugar

impunemente su propia baza política.

Bonifacio DE LA CUADRA

 

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