La difícil convivencia     
 
 Criba.    12/05/1973.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

El brutal asesinato del joven subinspector de policía, D. Juan Antonio Fernández Gutiérrez, y las

heridas causadas a otros dos policías el pasado 1 de mayo en Madrid por un grupo de extrema

izquierda, supone un acto de violencia de tai naturaleza que además de ser un hecha criminal

descalifica políticamente a sus autores, cualquiera que sea su ideología. Tampoco podemos

silenciar la conducta violenta y delictiva -menos grave en sus consecuencias, afortunadamente-

de otro grupo de extrema derecha, que agredió días pasados a varios sacerdotes a la salida de

una misa, organizada por los movimientos apostólicos obreros, con motivo de la festividad del 1

de mayo. Estos ofrecen motivo más que suficiente para reconsiderar una vez más la situación

actual del país.

De nuevo, la irracionalidad de los extremismos políticos pretende hacer peligrar la convivencia de

nuestro pueblo que mayoritariamente desea conservar ¡a paz social, pues no en vano tantos

sacrificios le costó poder disfrutar de la misma. Así, certeramente, decía el diario "Informaciones"

en relación con el asesinato del joven policía: "La sangre vertida ayer no altera la evidencia de que

la inmensa mayoría del país se aferra con grapas de acero a la convivencia, el diálogo y la paz

social y subraya la existencia de grupos de extremistas que no ven otra salida que la de la espiral

de la violencia".

Resulta, pues, necesario garantizar y conservar el orden pública, dotando de medios adecuados a

las fuerzas encargadas de mantenerlo, sin perder )a calma y la serenidad, tan necesarias en

estos momentos. En este sentido nos alegra, por lo que de ecuánime y alentador tiene, la

declaración del último Consejo de Ministros, en relación con dichos sucesos.

Sin perjuicio de lo anterior, conviene recordar también que los problemas que atañen al orden

público no se resuelven solamente con medidas puramente preventivas o represivas, pues es

necesario conseguir que entre el poder y la sociedad haya una perfecta armonización y un claro y

eficaz respaldo popular de aquél, a través da los cauces y los canales que hagan posible que

éste se produzca. En este aspecto coincidimos con el diario YA^ cuando decía el pasado día 3,

en su editorial:

"Nuestra sociedad tiene planteada la necesidad de que se le abran canales para que no se siga

dando el caso de que los ciudadanos que podían apoyar al Poder de una manera activa y eficaz,

con su colaboración y sus iniciativas, no tienen manera de hacerlo, pero en cambio se deja el

terreno libre a la subversión. Ninguna autoridad puede actuar en el vacío y cuando no facilita esa

colaboración social a que nos referimos, io único que hace es lo que alguna vez hemos llamado

dar primas a la clandestinidad. No será a puñaladas como los elementos que se manifestaron el 1

de mayo ganarán simpatías para su causa; pero tampoco bastarán medidas de policía (por justas

y necesarias que estas sean) para que los buenos españoles tengan asegurado el orden que les

permita mirar sin zozobra el porvenir".

No resulta aventurado decir que el vacío político no facilita el orden público ni la convivencia

pacífica de la sociedad, pues en la medida que las discrepancias puedan canalizarse ordenada y

civilizadamente estaremos sentando los presupuestos necesarios para descalificar, aún más, a

quienes pretenden justificar la violencia y la alteración del orden por falta de cauces

suficientemente amplios de diálogo entre la sociedad y el Estado.

Aún cuando sea pecar de reiterativos, volvemos otra vez a ratificar lo dicho en estas mismas

páginas, hace algún tiempo, (CRIBA núm. 28 de 19-XII-1970), y que sigue teniendo plena

actualidad: "Después de 1956 ha privado la consigna de despolitizar" las instituciones y por el

contrario de "tecnocratizarlas" ampliamente. La tecnocracia sin ideología es un puro disparate

que sólo aboca a un estado: el vacío político y tras él, el caos.

Por eludir las molestias que para los equipos dirigentes puede representar la existencia de unas

Asociaciones con fuerte espíritu crítico {pero al fin y al cabo sostenedores del sistema aunque

sólo sea por querer transformarlo) puede caerse en un peligro infinitamente mayor: propiciar la

subversión por haber engendrado antes e! vacío. La nada, el vacío, era para los griegos clásicos el

símbolo del infierno. Tal vez había que definir, ahora, el vacío político como la antesala de ese real

y auténtica infierno que es la pugna civil".

Por último, conviene insistir una vez más en ta necesidad de mantener actitudes serenas y

responsables, sin que los extremismos y los fanatismos de un lado y otro puedan ensombrecer

mínimamente el clima de paz y concordia civil que disfruta el país, pues nada sería más trágico

para nuestro pueblo y para nuestro futuro que diésemos la razón a quienes, además de desear,

no buscan sino los pretextos para dividir otra vez a los españoles en los viejos rencores del

pasado.

 

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