Orden público y medios     
 
 Ya.    20/01/1973.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

20-1-1973

ORDEN PUBLICO Y MEDIOS

I A oleada de atracos que, a manera de epidemia, viene exten-^"* diéndose por el país, con mayor

virulencia en las grandes capitales como Madrid y Barcelona, deterioran de forma que no dudamos en

calificar de alarmante el orden público de nuestra convivencia diaria. En nuestra sección de sucesos de

ayer y de días anteriores se puede encontrar el ejemplo vivo de lo que decimos. No estamos ante el

tradicional delincuente aislado. Asistimos a la proliferación cancerosa de genuinas asociaciones montadas

para el crimen. Dotadas de armamento, con capacidad de desplazamiento rápido, apoyadas en la

prevalencia del número, montan tácticas perfectamente concebidas y ejecutadas con audacia digna de

mejor empleo. Saben recurrir a medios eficaces de enmascaramiento y no dudan en ofrecer resistencia

tenaz, llegado el caso, ante la fuerza pública.

Es natural que este perfeccionamiento e incluso esta socialización ^"* del crimen provoque serias alarmas

en la población y que ésta pida la defensa enérgica de ese valor primario, básico e insustituible, que es la

tranquilidad asegurada de la vida ciudadana. Tal defensa exige dos intervenciones sucesivas en el tiempo,

pero complementarias por su misma naturaleza y finalidad: la de la Policía, primero, y la de los tribunales,

después.

A la jurisdicción corresponde, no es necesario recordarlo, una grave y ardua tarea: la de reprimir el delito

cometido con la imposición de las penas adecuadas al delincuente. Dejando a un lado el espinoso y

lamentable sector de la delincuencia juvenil, del que hablaremos otro día, la situación pide, a nuestro juicio,

que se acentúe el rigor de la represión penal frente o los integrantes de estas bandas. Modifiqúense para

ello las disposiciones legales si es preciso. La lenidad en el castigo no extirpa el cáncer; antes lo mantiene

en plena actividad, si no es que contribuye, aun sin querer, a su crecimiento.

PERO es necesario añadir dos palabras sobre la eficaz, rápida y benemérita tarea que están llevando a cabo

las fuerzas de orden público. Las detenciones practicadas recientemente en Barcelona y en Madrid dan

elocuente prueba de ello. Resulta obligación grata el reconocer esa tarea silenciosa, a veces no estimada

en el grado debido, y que tiene siempre como sujeto individual a personas que trabajan generalmente en el

anonimato, por lo menos ante el público. Y justo es pedir para ellos, para los hombres de nuestra Policía y

de la Guardia Civil, no sólo el general aplauso agradecido, sino también el que se les dote de todos los

medios necesarios y aun convenientes para el más expedito cumplimiento de su no fácil, ingrata y

sacrificada labor.

ENTRE esos medios pensamos que deben contarse todos aquellos elementos y todas las medidas

adecuadas para producir y mantener en el seno de esos cuerpos, personal y colectivamente, la satisfacción

interior. Esta es, en realidad, producto resultante de una serie de factores convergentes. No omitimos

ninguno como expresión de la gratitud colectiva.

Este comentario nuestro se alinea en el conjunto de reconocimientos agradecidos que invocamos y quiere

asimismo contribuir a que se logren plenamente todos los factores que contribuyen a la mejora

instrumental y personal de las fuerzas del orden público, cuyo trabajo, esencial para la sociedad, vemos

cómo se complica con esa proliferación de bandas criminales aup ««--valores esenciales de la sociedad.

 

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