Autor: Fraguas de Pablo, Antonio (FORGES). 
   Viñeta de Forges     
 
 Informaciones.    09/06/1977.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

¿Por quién votar?

Por Fernando PONCE

ESPAÑA se está coavirtiendo en una descomunal pintada. Con claro predominio de lo político-social y

de lo erótica-político, de acuerdo con las más estrictas leyes de la comunicación, el mensaje que se nos

transmite, utilizando todos los medios inventados y algunos por inventar, es espectacularmente optimista.

La democracia, la justicia, la prosperidad económica, el divorcio, en fin, todos y cada uno de los

problemas que hoy nos acongojan y perturban, estarán solucionados, sea cual sea el resultado de las

elecciones propuestas.

Lo dicen los grandes cartelones que han crecido por nuestras calles y plazas con la fuerza vegetal e incon-

tenible de la primavera y hay que suponer que quienes mandaron colocarlos saben muy bien lo que se

dicen y han llegado a sus «panglossianas» afirmaciones después de una valoración sería y científica de lo

que nos ocurre.

No vamos a pensar, orteguianamente, que lo que nos ocurre a los españoles es que no sabemos lo que nos

ocurre. De ningún modo. Hay que ser creyentes y con mayores razones en esta época de bautismo

electoral. Es preciso creer lo que dicen las pintadas, lo que afirman los póstera, lo que pregonan los

altavoces de los automóviles que circulan a nuestro pasa. Debiéramos creer en lo que se nos afirma con

tanta seguridad. Porque si uno lee los dos mil o tres mil carteles que cuelgan de las fachadas desde

nuestro domicilio al trabajo, lo lógico es que empecemos cada jornada con una alegría desbordante y sin

sombras. Todos los habitantes de la recién nacida democracia, quiero decir de los que han mandado que

se peguen los carteles, afirman sin lugar a dudas que si ellos son los elegidos nos espera un verdadero

paraíso terrenal, en el que todos disfrutaremos del maná inagotable y de donde nadie será expulsado

aunque se atiborre de frutas prohibidas.

La calle de España es en estos días un canto al optimismo, un paisaje de esperanzas, una profecía a la que

debiéramos acercarnos con la fe inquebrantable de los nuevos creyentes.Si todos afirman que tienen la

solución, en principio vamos a poner nosotros la buena voluntad de creerlos.

Lo que ocurre es que por debajo de tanta afirmación positiva nos amaga un punto de escepticismo

destructor. Y, sin querer, podemos pensar que si todos tienen la solución en sus manos, es lo mismo votar

a unos que a otros. Lo mismo da hacerlo por unas siglas que por otras, si todas nos están diciendo que no

hay razón para preocuparse, puesto que cualquiera de ellas posee la piedra filosofal para conseguir la

buena vida.

Son las desventajas fiel optimismo a ultranza, a pesar de une crearnos en lo que se afirma. ¿Por quién

votar, entonces? Nada de despolitización, y mucho menos de mantener la independencia personal, que

son pecados que nadie perdona en estos días. Hay que decidirse por unos o por otros, aunque todos los

bandos digan lo mismo, a saber, que no habrá problemas cuando lleguen al Poder.

¿Qué hacer, en tal caso? La pregunta es espinosa y parece ser que no todos la tienen resuelta. Entre un

optimismo tan generalizado como el que nos amenaza, tal vez lo sensato sea nadar un poco contra co-

rriente y votar al partido que sea menos optimista, dentro de la explosión de afirmaciones que vivimos.

Por la sencilla y elemental razón de que los menos optimistas serán los que estén en mejores condiciones

para encarar la realidad.

 

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