Autor: García de Leániz y de la Torre, Pedro. 
 Tribuna Electoral. 
 Demagogia electoral     
 
 Ya.    09/06/1977.  Página: 37. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

DEMAGOGIA ELECTORAL

YA en plena campana electoral, es frecuente ver entre los "slogans" de los partidos multitud de promesas.

Todo lo pendiente de resolver en nuestra sociedad parece que va a ser resuelto. Todos los españoles van a

tener vivienda digna y suficiente; escuela gratuita para sus hijos; asistencia sa-nitaria completa y hospital

para su enfermedad; un puesto de trabajo y un salario adecuados; no van a tener que emigrar ni van a

estar en paro; la cesta de la compra va a detener su galopante subida de precios; todos los marginados van

a ser atendidos e integrados en.la vida comunitaria; los pensionistas no van a estar solos y van a contar

con una pensión bastante, etc., etc.

Bien está desear todo eso y decir que se pretende conseguirlo, por difícil que sea. Lógico es denunciar los

fallos y las injusticias sociales, sus problemas y las soluciones posibles. Natural que, precisamente en

unas elecciones a Cortes, los candidatos expongan sus propósitos. Absurdo seria lo contrario.

Sin embargo, prometer a todos la solución de todo, además de irreal, por no basarse en la realidad de los

medios y las disponibilidades, tiene un viejo calificativo: "demagógico"! ¿Se trata de halagar al pueblo

recordándole todo lo que desea? Sin embargo, ese memorándum de aspiraciones no se hace desde las

posibilidades reales existentes y puede, por ello, Incurrir en el engaño colectivo, que comprende tanto a

quien lo propone como a quien lo recibe; el primero, por frivolidad de planteamientos; el segundo, por

superficialidad de convicciones. Es un mutuo engaño, además de un auto-engaño, cuando no un pensar

que los demás son tontos y se dejan engañar, ya que partir de la creencia de que los destinatarios no lo

creerán es aún más grave y entra en los limites del cinismo.

SI una de las circunstancias positivas de este nuestro pueblo de 1977 es la de su nivel de conocimientos,

notoriamente más destacado que en anteriores épocas de su historia, ya sea por mayor cultura, aunque se

apellide "popular", ya sea por mayores medios de comunicación y difusión, ya sea por la mayor madurez

ciudadana que de ello se deriva, no debe minusvalorarse su capacidad receptiva con promesas no

fundadas ni, muy probablemente, realizables; entenderlo de otro modo equivaldría a todo lo contrario de

la tantas veces pregonada "madurez" de ese pueblo.

Como muestra de esta "demagogia electoral" bastarían algunos ejemplos acompañados de algunos

cálculos. Por ejemplo, cuando se ofrece más o menos teóricamente el salario o sueldo al ama de casa;

basta multiplicar su número (más de 8.000.000) por la cantidad que cabe calcular (al menos, parece lógico

que sea el salario mínimo obligatorio para todos los españoles que trabajan), es decir, 13.200 pesetas

mensuales por catorce pagas por el número teórico de beneficiarías, lo qua daría una cifra en torno al

billón y medio de pesetas anuales. Por ejemplo, cuando se promete a todos los pensionistas una pensión

por lo menos igual al salario mínimos también, del trabajador activo; si se piensa que hay sólo en la

Seguridad Social más de 3.600.000 pensionistas y se hace un cálculo parecido al anterior, añadiremos otra

cifra de cerca de los 700.000.000.000 de pesetas. Por ejemplo, cuando se promete la enseñanza gratuita y

recientemente se divulgaba que su implantación, cuando menos, requeriría del orden de muchos miles

de millones de pesetas. Y así sucesivamente podríamos seguir con más ejemplos, incluso de más elevadas

cifras, si, entre otros, citáramos el de la vivienda, con costos por cada una que ya no bajan, por muy

baratos que sean, del millón, multiplicados por el déficit existente o por las muy antiguas o sin

condiciones de habitabilidad! etcétera.

Ya sé que se me puede tachar de "aguafiestas" si insisto en esa línea apuntada. Pero no me importa,

porque confío en la "inteligencia natural" de nuestro pueblo y sé que siempre fue reacio a dejarse engañar

o, como se dice cas-tizamente, dejarse "tomar el pelo". Continúo, pues, desde otro enfoque de mi tema. Si

pensamos en los costes de edificación de hospitales, residencias de pensionistas u otros grandes centros

asistencia-íe que se ofrecen al electorado o Incluso descendemos a otros menores y sin duda necesarios,

como guarderías, escuelas, ambulatorios, etcétera, veremos que los primeros se cifrarán, a "grosso modo",

en torno a los 200-500 millones, según su capacidad habitual; y los segundea alrededor de los 50-100 mi-

llones. Pero lo peor no es constatar necesidades y deducir cómo solucionar la construcción de centros,

grandes o pequeños, para atenderlas, y comprobar que resulta otra impresionante cifra de costo social; lo

peor es pensar que en ellos hace falta un personal especializado (y vocacional, lo cual a veces se nos

olvida) y un material y unos instrumentos, cuyo coste de sostenimiento supera, anualmente, el de la

construcción. Baste, en relación con ello, saber que países como los Estados Unidos, que buena ventaja

nos llevan, están volviendo a situaciones más "baratas" (y a la vez más humanas y directas), regresando a

la asistencia domiciliaria, a la hospitalización sólo quirúrgica, al ingreso en residencias en casos de

extrema necesidad, etc.

NO se pretende con lo expuesto demostrar que la solución de los problemas es imposible por su

inalcanzable cuantía; se incurriría en el extremo opuesto de lo que se denuncia; se pasaría del todo al

nada. Lo que sí es indispensable es tener siempre muy presente la realidad en que vivimos, lo qua

tenemos y lo que podemos llegar a tener con las posibilidades utilizadas o sin utilizar aún. De ahí que la

gran falla de todas las promesas de los "slogans utópicos"´ sea el no decir cómo lograr lo que se ofrece,

porque de buenas intenciones, de conocimientos de los problemas y de frases más « menos acertadas, más

o menos bonitas, todos tenemos un buen ar-señal. Reciente está el descalabro del experto e "idealista"

Mitter-rand ante loa fríos datos y las estadísticas de Barre en la Televi-sión Francesa. Sí, ya sé que la pa-

nacea para todos es . una reforma fiscal que aporte los medios nece-sarios, pero tampoco dicen cómo, ni

cuándo, ni menos aún si, efecti-vamente, y hasta dónde, va a ser posible.

Los problemas claro que existen( como existen, bien vivas y justas( las aspiraciones y sus reivindica-

ciones. Ofrezcamos soluciones, pro» metamos entrega y esfuerzo para lograrlas, pero desde la realidad

tangible y para unos ciudadanos adultos. No incurramos en un gigantesco "timo de la estampita".

Pedro GARCÍA DE LEANIZ Y DE LA TORRE

 

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