Silva Muñoz, en Cádiz. 
 "En el marco constitucional vigente no caben más asociaciones políticas que las del movimiento"  :   
 "Sólo en contrapeso de las fuerzas políticas organizadas dentro del Sistema puede impedir el riesgo de que un grupo sectario pudiera socavar el orden establecido". 
 ABC.    19/03/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

A B C. MARTES 19 DE MARZO DE 1974.

SILVA MUÑOZ, EN CÁDIZ

«EN EL MARCO CONSTITUCIONAL VIGENTE NO CABEN MAS ASOCIACIONES POLÍTICAS

QUE LAS DEL MOVIMIENTO»

«Sólo el contrapeso de las fuerzas políticas organizadas dentro del Sistema puede impedir el riesgo de que

un grupo sectario pudiera socavar el orden establecido»

Cádiz 18. Dentro del ciclo «Panorama de la España actual», organizado por la Caja de Ahorros, el ex

ministro de Obras Públicas don Federico Silva Muñoz pronunció una importante conferencia. Dijo el

señor Silva Muñoz que nos hallamos en momentos de reforma política, que .nos la impone la marcha de

los tiempos, siempre implacable, con un relevo generacional que trae, como todos los relevos de este

genero, sus ideas y sus sensibilidades peculiares, y también el cumplimiento y desarrollo de nuestras

Leyes Fundamentales, establecidas para regir el presente y el futuro de España, bajo el imperio de la

norma y de las instituciones.

«He dicho y repetido —añadió— que la política tiene una servidumbre, respecto de los planos ético y

estético de la vida social, de manera que toda reforma política será ficticia si la sociedad no está

dispuesta_ y es apta para recibirla con unos criterios éticos y estéticos adecuados y qué, a la vez, la nueva

mentalidad ética y estética viene condicionada por la reforma política: es difícil desentrañar esta

interdependencia, pero debemos aceptar que existe y convencernos de que es preciso que esta triple

dimensión de la vida de los pueblos, y del nuestro en particular, marche acompasada. Otra cosa es el

desgarro, la subversión o la desilusión permanente que ha experimentado, de manera alternativa, nuestro

país, ante el fracaso de cada experiencia política que intentaba abrirle paso en el mundo contemporáneo.»

EL SISTEMA CONSTITUCIONAL ESPAÑOL

A juicio del conferenciante, el gran problema político, radicalmente político, que España tiene planteado

hoy es que su sistema constitucional tiene como esencial y único instrumento político al Movimiento

Nacional. «El Movimiento-comunión tiene como gran bando de convocatoria nacional —dice— unos

principios que todos sabemos los que son, mucho más allá de su literalidad programática, que por amplia

incorpora junto a normas típicas y esencialmente políticas otras evidentemente parapolíticas, como las

referentes a la investigación de las riquezas del subsuelo o al favorecimiento de las actividades marítimas.

Y a ese Movimiento-comunión, con sus principios permanentes, hay que dotarle ahora, en esta hora de

relevo generacional y de mutación sociológica, de la forma adecuada a la sensibilidad y percepción de los

españoles de este momento. En otras palabras, al Movimiento-comunión hay que darle una respuesta con

el Movimiento-organización de esta hora. Para mí nada habría más suicida que echar por la borda. sin

más, las estructuras que tenemos; tampoco creo útil ni justo entrar por la dialéctica de que hay que

"abrirse", "acentuar la representatividad" o la "autenticidad de sus órganos". Lo creo inútil, porque dudo

de que las estructuras actuales del Movimiento, por sí solas, vestidas con este ropaje argumental tan

pobre, conquisten el consenso popular, al que se parece aspirar con esa dialéctica: lo juzgo injusto, porque

parece que hasta ahora todas esas estructuras han sido ortopédicas y artificiales. No, para mí, el camino

consiste en respetarlas en cuanto tengan de necesario o conveniente para la administración política del

país. Pero, a la vez, y de inmediato, abrir nuevos cauces al Movimiento-organización con un adecuado

sistema de asociaciones políticas que clarifique la vida pública del país, promueva el efectivo contraste de

pareceres y convoque o descubra a las vocaciones públicas de la nación por cauces transparentes y

reales.»

LA PARTICIPACIÓN

«Hay momentos en la vida política de los pueblos —prosigue el señor Silva Muñoz— que las

aceleraciones sobrepasan los ritmos normales y muchos más a los inmovilismos anormales, y esta ocasión

es de las más aleccionadoras de la Historia de España. Me permito opinar que el cauce esperanzador de

un relevo efectuado en condiciones dramáticas asegura la continuidad, pero anuncia a la vez nuevos vien-

tos y nuevas realidades para la vida nacional. Por eso creo que el tema de la participación ha quedado

superado por esta aceleración histórica a que estamos asistiendo. La participación política, como

enunciado, era tan amplia que podía acoger dentro del mismo las más diversas aventuras legislativas sin

afrontar su médula concreta de articular legalmente las fuerzas políticas existentes vivas y presentes, pero

no reconocidas por la ley. Que no se agota con ello el tema de la participación, de acuerdo pero afirmo

que de ese modo tampoco se escamotea, porque el tema de la participación es como el .círculo más

amplio de varios otros concéntricos. y el del asociacionismo es el capital básico, y en un orden realista,

práctico y sincero, el primero, el primerísimo que debe ser abordado, si se quiere recorrer íntegro y

verdadero, el camino de aquel gran problema nacional, y en eso la historia reciente es aleccionadora.»

«EL MOVIMIENTO NO ES UN PARTIDO UNICO»

«En ese marco constitucional vigente —añade— no caben más asociaciones políticas que las del

Movimiento. No es verdad que el Movimiento pueda ser calificado de partido único que agrupe a una

minoría, a una élite, en posesión de un poder político exclusivista amparado en los carismas derivados de

la figura nacional de Franco y en la victoria de la guerra, frente a una mayoría silenciosa e inhibida,

dispuesta a gozar de los bienes de la paz artificial de la sociedad de consumo, sin complicaciones ni

quebraderos de cabeza, heredera a su vez de los que lucharon y vencieron, pero se apartaron o se dejaron

gobernar, y de los que un día perdieron la guerra. Niego este planteamiento, porque el Movimiento no es

un partido único, según nuestras Leyes Fundamentales; ni jamás una minoría exclusivista se podrá hacer

con sus mandos si todas sus fuerzas integradoras están présbites, vigentes y alertas para impedirlo: ni su

apoyo futuro puede ser otro que el basado en el respeto y el consenso de los españoles ante su dignidad, y

honestidad y la eficacia de su presencia en la vida pública: ni puede ser heredero ni administrador de otra

victoria que aquella gran victoria de España frente a las lacras seculares de su atraso, su pobreza, su

agotamiento espiritual, su pobretería intelectual, su anquilosis social y la anarquía o la traición a su

auténtico ser histórico.»

«Permitidme —dijo finalmente— que subraye algo que acabo de decir: a los que no admiten o recelan del

asociacionismo les preguntaría: si un día, por un error humano de los órganos designantes, o por causas

previsibles, pero imprevistas, en la persona que ejerza en el futuro la Jefatura del Gobierno, tuviera acceso

al mismo un grupo sectario, taimado, pero enemigo del sistema, cuyo fin al asaltar el poder fuera socavar

el orden establecido, ¿qué recursos reales tiene el propio sistema para impedirlo? Me responderían que los

hay, y yo les digo, en conciencia: ¿pueden ser utilizados? ¿No es el poder demasiado omnipotente para

impedirlo? ¿No tiene instrumentos suficientes para la condena al ostracismo político de quien lo intente?

Sólo el contrapeso de las fuerzas políticas organizadas dentro del sistema puede impedir ese riesgo que no

es imaginario ni hechizo de brujas sueltas.»

 

< Volver