Autor: Alonso Nadales, José Ramón. 
   Ya no hay presos vascos     
 
 Pueblo.    10/06/1977.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

YA NO HAY "PRESOS VASCOS"

EXACTAMENTE una semana antes de las elecciones del próximo día 15, quedaban vacías las cárceles

españolas de «presos vascos», tema agudamente polémico en nuestra vida a lo largo de los últimos meses,

y desenlace de unos problemas que en las provincias vascongadas dieron comienzo ahora hace diez años,

con el asesinato del comisario Manzanas. En esa década, y acaso desde 1937, el Poder central había

cometido, en relación con las Vascongadas, una serie de errores, de olvidos, de incomprensiones y de

yerros, que ya antes habían venido arrastrando desde la primera guerra civil carlista. Lo que Ortega y

Gasset llamó «el separatismo centralista» había actuado en contra de los intereses nacionales, porque la

unidad jamás puede confundirse con el unitarismo, como tampoco la diversidad —que es fuente de

vida— ha de incidir necesariamente en separatismos que han concluido siempre en dramáticos conflictos

civiles. Lo que ha dado fin en esta semana, que es la existencia de «presos vascos» —y entiéndase, de

presos llamados políticos—, puede ser el anuncio de un desenlace de; finitivo si las posteriores medidas,

desde las nuevas Cortes, garantizan a las provincias vascas una forma de vida conforme con sus deseos y

con los intereses colectivos. Todo es más barato, más práctico y menos sangriento que la crónica

repetición de las guerras civiles, que arrancan los problemas, pero no suprimen sus raíces.

ERO «sa desaparición de los «presos vascos» es preciso que tenga un reflejo en la conducta de los

partidos extremistas, que sólo así demostrarán que protestaban contra injusticias, y que no trataban

solamente de plantear guerras revolucionarias o urbanas, abonando al pueblo español para un Viet-nam o

un Ulster, en el cual, y por la fuerza de las cosas, todos sus intereses perecerían, y acaso ellos mismos.

Para el Gobierno era imprescindible que el extremismo separatista dejase de moverse «como el pez en el

agua», empleando un término que es hoy como el ABC de la técnica revolucionaria. Aquí se ha concluido

con la existencia de los «presos vascos», allí debe darse fin a las acciones insolidarias y delictivas, que

van desde (a colocación indiscriminada de bombas hasta el secuestro de Ybarra, exigiendo un rescate, lo

cual se sale del campo de la política para entrar en las acciones utilitarias que desacreditan a quien las

comete, porque convierte las «acciones- en oficio, y por cierto muy cómodo y productivo. Importaba

arrancar de otras manos la bandera de la amnistía, que resultó triunfante electoralmente en 1917, en 1931

y sobre todo en 1936, cuando desembocamos en un terrible conflicto colectivo. La sensación de que

existía un «pueblo vasco oprimido» ha sido determinante en muchas conductas nacionales y sobre todo

extranjeras, mal o muy mal informadas sobre las motivaciones reales de lo que desde el sano

regionalismo conducía a los peores fenómenos del separatismo y del racismo. Sobre la realidad existente

la acción de algunos medios de comunicación social concluyó por mezclar todos los problemas,

haciéndolos no sólo difíciles, sino a veces incomprensibles. Y a esto contribuyó también no poco el

«separatismo centralista».

LAS soluciones posibles eran necesariamente de carácter político, porque el comportamiento sociológico

influía en la eclosión desde e regionalismo al separatismo. La clarificación sólo puede ser beneficiosa,

aunque algunas veces hiera a algunos por su crudeza o su inevitable realismo. Preciso era también

concluir con todo enfrentamiento popular con las fuerzas del Orden Público, que cumplían con su deber

en circunstancias cada vez mas difíciles. La utilización de la violencia respondía, desde la guerra urbana y

la acción psicológica, a unos fines propagandísticos casi imposibles de lograr por otros medios, y que sin

esa previa violencia no hubieran existido. Desde determinadas ópticas, se pensó más en idealistas que

mueren por su pueblo que en terroristas que aspiran a impedir una solución democrática y negociada de

sus problemas efectivos. Tras las elecciones del día 15, los terroristas ya no podrán presentarse como «re-

presentantes del pueblo», y de ahí su interés en que las elecciones no se realicen o el pueblo vasco no

participe. Sólo manteniendo los problemas, los resentimientos, incluso los agravios, podía seguir

prosperando la acción terrorista.

LIBERTADOS o extrañados los «presos vascos», sin duda el problema aún no queda concluido, pero sí

muy sensiblemente dismi-nuido. Se ha demostrado una voluntad de transacción y de diálogo que para el

Poder pudo haber sido difícil, porque también había sectores nacionales ofendidos, pero que al final ha

triunfado antes de que las elecciones lleguen a su climax. Desde ahora e] terrorismo será sólo terrorismo;

las bombas, burdas provocaciones a la opinión pública, y los secuestros, sólo una versión utilitaria de la

corrupción final de unas originales motivaciones políticas. Se ha roto el encanto o seducción entre

terrorismo y población vasca, y ésa es la consecuencia mayor y mejor de esos extrañamientos, por

algunos tan combatidos, cuando eran inexcusablemente precisos. Si vuelve a correr la sangre, no será

poique no haya existido vocación de diálogo y casi evangélica paciencia desde quienes dirigen nuestra

política. Ahora es el pueblo vasco el que tiene la palabra, para que los resentimientos se diluyan en el

diálogo, la comprensión, y, en de-fínítívaj la plena vía democrática que se abre el día 15. No habrá en el

futuro problema vasco si ¡a población vascongada se niega a seguir siendo seducida. Cuantos ahora

continúen su guerrilla no vivirán en la política, sino sencillamente en el crimen.

 

< Volver