Capacidad de evolución     
 
 ABC.    29/04/1972.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

ABC. SABADO 29 DE ABRIL DE 1972.

CAPACIDAD DE EVOLUCIÓN

El problema del desarrollo político, escribíamos hace pocos días (A B C, 21 abril 1972), tiene entidad

esencial y urgencia. «Ahora es tiempo para resolverlo y tiempo para observar su proceso y corregir, si

preciso fuera, sus defectos o desviaciones. Del futuro no es posible tener la misma seguridad.» Y

concluíamos el comentario alentando a resolverlo con decidida voluntad.

Expresaban estos juicios una real y honda preocupación popular. De la misma se hacen eco de nuevo

estos días opiniones muy calificadas.

Ortí Bordas, consejero nacional del Movimiento, acaba de abordar en Zaragoza, con gran claridad, la

necesidad del desarrollo político sobre un trípode en el cual forma parte, junto al reformismo social y la

plenitud institucional, el asociacionismo político.

Entiende y, a nuestro modo de ver, entiende bien, que el régimen depende de su propia capacidad de

evolución. Esta palabra, evolución, significa desarrollo político. Y afirma su postura situándose entre

«quienes creemos firmemente que es lícito y resulta necesario evolucionar».

No parece posible ni congruente otra posición. Una normal previsión de futuro la aconseja y sólo sería

precisa la prudencia suficiente para conseguir «un punto de moderación y equilibrio entre el inmovilismo

suicida y los progresismos irresponsables».

Culminan las afirmaciones del señor Ortí Bordas con estas significativas frases: «La puesta en práctica

del asociacionismo político es de todo punto imprescindible si deseamos organizar en debida forma la

libertad política en el seno del Movimiento Nacional, si estamos dispuestos a garantizar la convivencia y

la participación de los españoles en los asuntos políticos y si aspiramos a abrirle de par en par nuestras

puertas a la Monarquía del 22 de julio, tan dignamente encarnada por el Príncipe, y no simplemente ten-

derle un puente de plata.»

* * *

Al mismo tiempo, en Guadalajara, el ministro de Agricultura trató el mismo tema: continuidad y

desarrollo político.

«Son un hecho—dijo el señor Allende— las dificultades con que se ha tropezado para la constitución de

asociaciones en el ámbito del Movimiento y para encauzar a través de ellas el pluralismo. Pero la realidad

es que en la sociedad española existen matices diversos en los distintos sectores sociales y que éstos

tienen que encontrar expresión a través de nuestro Movimiento como organización. Si los esquemas hasta

ahora esbozados se han revelado inadecuados, habrá que plantear otras soluciones.»

Premisa básica de estas afirmaciones es la que resumen otras palabras suyas: «Ningún sistema puede

tener una prolongada estabilidad si el pueblo no se siente identificado, convencido, respaldado y

representado por sus instituciones y sus dirigentes y si no presta su consenso a los objetivos políticos del

régimen...»

* * *

Hemos elegido ambos testimonios tanto por su actualidad recentísima como, y más, por estar avalados

por eminentes condiciones políticas nada sospechosas de heterodoxia y en ejercicio o investidura de

poder. Se trata, por otra parte, de juicios concordes con un clima de opinión muy generalizado y muy vivo

estos días, aunque se entienda y defienda con acentos distintos en los diversos sectores y grupos sociales.

Y desde luego, lógicamente, porque la línea de pensamiento que expresan estas columnas siempre fue

favorable al asociacionismo político considerándolo posible : «Sin riesgo de la estabilidad ni del orden en

el plano social y sin mengua de autenticidad en el plano de los principios o plano constitucional.»

* * *

A todas las razones de conveniencia política interior o interna de la organización del asociacionismo,

como factor que ayude a la continuidad y como contrapeso de extremismos nada positivos, cabe añadir

una razón de ámbito más amplio, operante más allá de nuestras fronteras: la necesidad de acomodar o

adecuar las estructuras de participación política si de verdad se quiere la asociación o ingreso en el

Mercado Común, del cual no podemos pretender que se corrija y modifique en sus principios asociativos

al talante y medida de algunos opinantes españoles para cambiar de signo el asunto y plantearlo a base de

los obstáculos y dificultades que deba superar el Mercado Común para conseguir asociarse con nuestro

país.

Difícil es saber si el generalizado deseo de asociacionismo se verá conseguido, y cuándo. Incluso pueden

tener sobrada razón los pronósticos pesimistas. Pero si éstos se cumplen, no será nada alentador ni

reconfortante el cálculo de las posibilidades perdidas para el desarrollo político y la situación

internacional del país.

 

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