Debilidad de la empresa y política social     
 
 Ya.    11/06/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Debilidad de la empresa v política social

1VTO son estos días los tiempo» más apropiados para poner de ma-nifiesto las dificultades y problema*

má* acuciantes del vivir diario. Ser partidario de la participación política del pueblo, de un régimen o

sistema democrático de gobierno, implica también el reconocer la existencia y la necesidad de períodos

electorales, en los que esa representación se formula en un clima fácil a la garrulería, a una propaganda en

la que es humano, explicable y, sobre lodo, facilísimo el identificar ilusiones con soluciones y escribir

programas con toda suerte de veníalas sin dominar ni enunciar el cómo lograrlas.

pERO aun así vale la pena, oportuna o inoportunamente, llamar •*• la atención sobre la urgencia de los

verdaderos problemas, ya que la dificultad está en las cosas, en la realidad diarla, mucho más extensa y

difícil que la. fatal vacuidad de los programas electorales.

VT el problema de las empresas, y sobre todo las de dimensión *• media, ni grandes ni pequeñas, es uno

de los que requiere atención y cuidado inmediatos. El desarrollo español se ha logrado básicamente en

poco más do quince años, gracias a unos aumentos productivos en los que decenas de miles de empresas

han crecido y aumentado en sus dimensiones productivas, sin generar suficientes recursos productivos

nuevos y nuevo capital propio. Gracias al crédito, y no a los propios medios, esas empresas afrontaron los

recursos necesarios a una mayor producción, y esa mayor producción con mayores ingresos es la que hizo

posible afrontar los gastos mayores de financiación de esos préstamos y créditos.

A PENAS en 1973 se Interrumpe el procesó de desarrollo y los ^^ crecimientos productivos desaparecen

o se reducen a un mínimo, los costes financieros de las empresas pesan tan rudamente sobre su estabilidad

económica que se acrecientan los expedientes de crisis—2.064 en 1973, 2.340 en 1974, 3.417 en 1975 y

quizá más de cuatro mil en 1976—, con la peor de todas las consecuencias: los despidos o suspensiones y

reducciones del empleo.

Y son las empresas medias y pequeñas las que contribuyen poderosamente a ese número y las que no sólo

no aumentan sus posibilidades de empleo, sino las que reducen sus nóminas en 45.000 puestos de trabajo

en 1973 y más de ciento cincuenta mil en 1975.

1UNTO con esto, los problemas *^ del crédito, con la práctica Inmovilización de buena parte de los

activos bancarios—se prorrogan los créditos antiguos o se pagan mediante nuevos créditos—, constituyen

también uno de los problemas más perentorios de nuestra economía. El ritmo de aumento del crédito es

superior al del nivel de los precios, lo que indica que para mantener en vida a las empresas estamos finan-

ciando y consolidando un nivel de inflación a todas luces peligroso.

I TRGE, pues, que en vez de vulgaridades falsamente generosas, como la de la estatificación del

crédito—nuevo factor de inflación—, los partidos y el futuro Gobierno se preocupen seriamente de la

situación financiera y de la estabilidad económica da la empresa media y pequeña, principales palancas y

apoyaturas para la expansión productiva y la creación sana y auténtica, y no puramente artificiosa, de

puestos de trabajo ´y posibilidades de empleo.

 

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