Autor: Jiménez Blanco, José. 
 La Unión de Centro Democrático. Pros y contras (IV). 
 El centro amenaza     
 
 Ya.    11/06/1977.  Página: 5,6. Páginas: 2. Párrafos: 4. 

TRIBUNA ELECTORAL

La Unión de Centro Democrático. Pros y contras (IV)

EL CENTRO AMENAZA

LA. Unión de Centro Democrático se ha presentado como la opción de la moderación. El centro, que,

frente a los extremos del espectro político español actual, garantiza con su sola presencia en las Cortea

que no vuelva a produc i r s e el enfrentamiento—de tan tristes efectos en la historia reciente de España—

de una dialéctica de polarización —no reducida desgraciadamente a lo puramente verbal, sino más bien

aprestada a lo que Ortega llamó la "acción directa"—que pudiera dar al traste con la democracia que

estamos en trance de inaugurar. Sin embargo, esta función de moderación, que ya de por si justificaría la

existencia de la Unión de Centro Democrático, es vista como una amenaza de no sé cuántas cosas.

Veamos las más importantes.

EMILIO Romero, que no podía utilizar contra Suárez el arma de su franquismo inicial, lo ha presentado

nada menos que como un "jaque al Rey". Creo que está claro para todo el que quiera utilizar la cabeza

que el Rey llamó a Suárez a la presidencia del Gobierno cuando nadie daba ni un duro por él, como la

persona capaz de dar agilidad, transparencia, rapidez y credibilidad mediante hechos al proceso da

reforma política. La elección se ha demostrado acertada. Suárez ha actuado como gestor del cambio del

que se ha dicho que el Rey es el "motor". Pero todo el mundo sabe que la reforma es obra de la

Monarquía y que en este sentido Suárez no ha sido nías que el instrumento—un exce-lente instrumento

reformador—, pero dentro de la más absoluta lealtad a la Corona. Inventarse uña conspiración •contra el

Rey desde la plataforma de la Unión de Centro Democrático revela una mente tortuosa, que además se

olvida de que el Rey es un Borbón y que como tal, ante el mág ligero amago de conspiración,

"borbonearía" a quien sea. Más bien que "jaque al Rey" lo que la Unión de Centro Democrático asegura

es una fuerza política en el Parlamento que, entre otras cosas, va a consolidar la Monarquía. Ciertamente,

no va a ser el PSOE, quien en sus mítines ha agitado banderas republicanas, quien asegure la continuidad

y definitiva instalación de la Monarquía en la nueva constitución. Las protestas de acatamiento de la

Monarquía por los líderes pragmáticos de izquierdas—los he citado varias veces en estos artículos; no es

necesario que los nombre cada vez—no hace sino responder a los resultados de recientes sondeos de

opinión en que el 80 por 100 se declaran favorables a la Monarquía. Si se tiene voluntad de 20 por 100,

allá cada cual con las consecuencias.

RELACIONADO con esta cuestión se ha esgrimido también el argumento de que la presencia de Suárez

en las elecciones compromete a la Corona. Ni el más leve gesto de romper la neutralidad ante las

elecciones se puede denunciar en el Rey. Suárez no se ha presentado como el candidato del Rey y, por el

contrario, el exquisito cuidado de no mezclar su papel de presidente del Gobierno con el papel de candi-

dato a las elecciones, no compareciendo en la lucha electoral, es un signo más del cara c t e r enteramente

personal que tuvo la decisión de Suárez de presentarse a las elecciones. En cualquier caso, si como

algunos apuntan, la presencia de Suárez en las elecciones puede tener el carácter de un segundo

referéndum, en el caso de que gane las elecciones, aunque sea con mayoría relativa, ello significaría un

apoyo masivo a la política de Suárez y a la figura, del Rey, que está a la base de esa política. Pero no creo

que en buena ley, las próximas elecciones puedan interpretarse como referéndum (Je nada y sí como las

primeras elecciones realmente libres que el país ha tenido en los últimos cuarenta años. Quien trate de

tergiversar el carácter de elecciones libres de las qué se van a celebrar el próximo 15 no es sencillamente

fiel a la verdad. Ahora bien, si la victoria de Suárez se interpreta como que las elecciones no han sido li-

bres—cosa que sin duda alguien dirá—, habría que poner en duda el democratismo de quien eso diga.

Hay quien espera el resultado de las elecciones para decidir, de acuerdo con los resultados, si las

elecciones han sido o no libres. Por supuesto, es de esperar que si las gana la Unión de Centro

Democrático, aunque los votos, que se cuentan y no se pesan, como dijo Romanones, expresen una clara

voluntad soberana mayoritaria, se dirá que no fueron libres. Hay quien ya, en el bien entendido de que no

tiene nada que hacer en estas elecciones, y probablemente en ningunas, se ha lanzado a colocar bombas.

Dime quién pone las bombas y te diré quién no va a ganar las elecciones. Dime quién espera a que ganen

los partidos de izquierdas para declarar que las elecciones han sido libres y te diré quién no es un

demócrata.

OTRA amenaza de la Unión de Centro Democrático consiste—según Jorge de Esteban—en que,

existiendo un centro sociológico y siendo necesario, por tanto, un centro político, la Unión de Centro De-

mocrático hará imposible una auténtica formación centrista y dará al traste con una necesidad histórica,

irremesible-mente perdida por la presencia de la UCD. He relatado en otro artículo de esta serie la historia

de la formación del actual centro. Puedo aceptar que ni son todos los .que, están ni éat4n_ Lodos» toa.

Jiue. son..Tfií´p la vida política no es un teorema matemático en que, ignorando las circunstancias de

hecho, que se dan en España en estos momentos, se pueda configurar un centro ni nada absolutamente

puro . do acuerdo con los criterios de un profesor de ciencia política. La UCD ha sido la organización del

centro más realista que cabla en las actuales circunstancias, y está ahí con ese significado centrista, con

líderes, ideologías y programas netamente centristas. Si tal como está, y según se desprende d« los

sondeos de opinión, es la opción que van a votar más españoles, mientras que las otras opciones

pretendidamente centristas, que se han quedado fuera de la coalición, obtienen porcentajes ridículos,

habrá que reconocer que la UCD no ha dado al traste con el centro, sino que lo ha organizado

políticamente, de manera que el centro sociológico encuentre su más adecuada opción política. ¿Quién

tiene razón en política, el pueblo soberano moderado que vota a la Unión de Centro Democrático o el

centro de probeta que diseña en su gabinete el profesor, dicho sea con todos los respetos para el profesor ?

José JIMÉNEZ BLANCO

 

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