Autor: Tusell, Javier. 
   Una urgente tarea poselectoral     
 
 Ya.    11/06/1977.  Página: 5,6. Páginas: 2. Párrafos: 8. 

Una urgente tarea poselectoral

EL hecho de que el tema del día sea, desde luego y muy claramente, la- campaña electoral, no nos debe

hacer olvidar que a la larga hay otros que se convertirán en más trascendentales cuando, dentro de una

década, ios historiadores deban de referirse a ellos. Me refiero a la configuración de un sistema de

partidos que sólo muy relativamente saldrá perfectamente definido de los resultados de la elección del 15

de junio.

LO cierto es que en el ITUH mentó actual, por las pe-* culiaridades de la transición, por la falta de

conciencia ciudadana y por los errores de la clase política, en España no existen las organizaciones po-

líticas capaces de vertebrar en toda su plenitud al electorado. Hay partidos de extrema izquierda e

izquierda, los hay nacionalistas o de extrema derecha, pero queda por organizar como partido a una

mayoría del pueblo español que permanece identificada cpn un centro, distante todavía de haber-1 se_

convertido en un partido político. La aparición dé ese partido no es sólo una necesidad para que, mediante

él, puedan encontrar la expresión conveniente unos determinados intereses, deseos y sentimientos, sino

que además resulta vital para el funcionamiento normal de una democracia europea occidental Interesa,

pues, a todos, incluso a los que no participan de estas ideas, que se organice un fuerte partido centrista.

ESE centro puede nacer da varias maneras. Puede, por ejemplo, ser un centro puramente negativo,

producto del rechazo a admitir como buenas las opciones de la derecha y la izquierda clásicas. Sería una

especie de moderantismo de nuevo cuño, demócrata, sin duda, pero muy probablemente con escaso

arraigo popular y, por lo tanto, perecedero. En mi opinión, lo mejor que podría suceder, no para mi

concreta opción política, sino incluso para todos los españoles, sería la aparición de un fuerte partido

demócrata cristiano, elemento estabilizador imprescindible del proceso hacia la democracia y de la

posterior consolidación de ésta.

SIEMPRE, después de un período dictatorial, es difícil constituir organizaciones políticas de masas. En su

reciente visita a España, el señor Kohl, presidente, de la democracia cristiana alemana, nos recordaba que

ellos tardaron en configurar un partido como el actual nada menos que cuatro años. Beto tsso no quiere

decir que no se deba poner el máximo empeño en hacerlo, porque precisamente esosjnomen-tos en que se

funda un nuevo régimen democrático son decisivos para un largo futuro de paz y de libertad.

LOS españoles que nos sentimos vinculados a las doctrinas de la democracia cristiana no lo hemos hecho

bien en los meses" transcurridos desde el comienzo da la transición. No es éste el momento de señalar las

razones ni de atribuir las ´culpas. Concluyamos, respecto a esto último, que se reparten por. igual entre

todos. Seamos conscientes de que las cosas no han ido como debían hasta ahora y que siendo difícil,

como es, el logro de un único partido demócrata cris-t i a n o, tenemos la obligación histórica de

intentarlo de nuevo la semana posterior al 15 de junio.

PENSEMOS que, pese a todas las dificultades, ha habido ciertos aspectos netamente positivos en la

evolución de los acontecimiento durante las últimas semanas. Me refiero, en especial, al acercamiento,

dentro del terreno programático, en dos temas de importancia capital: las reformas socioeconómicas y el

federalismo. En el primer apartado ha desaparecido la tendencia de. la Federación Demócrata Cristiana a

rei-t e r a r fórmulas autogestlona-rias, que, aparte de no saberse exactamente en qué coasisten, pueden ser

insatisfaotorias para una buena parte del electorado. Por otra parte, es cada vez más sensible la semejanza

existente entre el federalismo de esta agrupación y el "Estado regionalizado" del Partido Demócrata

Cristiano. Comparados los respectivos programas electorales, es difícil encontrar una diferencia de la

suficiente entidad como para que sea imposible una unión, a la que habría que atraer a elementos

independientes y procedentes del Partido Popular.

NUESTRAS diferencias son, pues, exclusivamente tácticas, y al serlo caben perfectamente en el seno de

un mlsnio partido. Hace no mucho tiempo un diputado democristiano italiano nos decía a mí y a otros

correligionarios españoles que en su propio partido existían diferencias más considerables que las que él

podía observar en España. Hay unos democristianos que han preferido aliarse con elementos procedentes

del franquismo, pero de los que creían que coa sinceridad hablan evolucionado hacia la democracia,

realizando la ardua´ tarea de hacerla posible en nuestro país. Otros han preferido ír a la campaña electoral

en listas independientes, con ocasionales pactos para el Senado con fuerzas socialistas.. Las discrepancias

son perfeota-mente subsanables si existe una decidida buena voluntad por las dos partes y, sobre todo, si

no las enconamos durante la campaña electoral. Personalmente opino que en un momento como el actual,

después d« haber fracasado repetidamente los intentos de unidad democristlana, no quedaba otro remedio,

ante la pujanza de una derecha que no ha perdido sus nostalgias más inmediatas, que

intentar una alianza más amplia. Me parece, por tanto, que se debía haber entrado en el Centro

Democrático, como de hecho querían muchos de los dirigentes de la Federación Demócrata Cristiana.

Considero un gravísimo error el mero hecho de que haya podido haber veleidades de alianza entre d e m o

cristianos y comunistas para el Senado, que se mantienen en alguna provincia (Asturias), sin que se tome

una actitud suficientemente firme por quien le corresponde. Como lo pienso, lo digo, pero lo que nunca se

debe hacer (por lo menos asi lo creo yo) es enzarzarse en polémicas personales, hirientes y estériles, de

Jas que no sale ni puede salir más que un clima que es el antitético para cualquier intento da unión

posterior. En este sentido me parecen deplorables las declaraciones de quien nos ha acusado a los

demócrata cristianos que militamos en el Centro de "vendernos por un plato de lentejas". Por ese camino

malos resultados obtendremos, y más vale no decidirse por él, ni siquiera "como respuesta.

• /^OMO emprender la tarea ¿ ** de la unión más atlá del 15 de junio? No me corresponde a mi el

decirlo. Pero sí creo que de los errores pasados se pueden extraer dos lecciones: en primer lugar, la de que

no son lícitos los exclusivismos ni las imposiciones por parte de nadie, y en segundo, que el propósito

final ha de ser la creación de un único partido de masas, popular y capaz de gobernar a un país como

España. Un Congreso constituyente que parta de cero y corrija los errores cometidos hasta el momento

puede ser la solución óptima tendente a esos dos fines.

Javier TUSELL

 

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