Autor: Aparicio, Juan. 
   Digresiones entre ingenieros     
 
 Pueblo.    10/06/1967.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Un penibético en las Cortes

DIGRESIONES ENTRE INGENIEROS

No fue parva la labor, pero tampoco ardua e ímproba, pues se aprobaron el improvisado artículo 11 bis, calcándolo del 3.° de la ley de Cortes, el 12, sobre la falsilla de aquel 7.º de la ley de Representación Familiar, el 13, pasado encima de las ascuas y casi se coronó el dictamen del 14, mediándose esta ley en cuanto a la controversia que ya va a ir, convincentemente, de vencida y cuesta abajo. El absentismo de los Procuradores enmendantes empieza a ser notorio, tanto como la notoriedad exigible a las candidaturas para la procuraduría en las nuevas Cortes. El presidente Bau citaba nombres y más nombres, sin que se levantasen siquiera el abogado Díaz Llanos, que se encuentra informando en Barcelona; el abogado Rivas Guadilla, ante los tribunales donde ejerce la abogacía, y don José María Codón, en la Audiencia territorial de Burgos. Hasta el marqués de la Encomienda, siempre solicito, no contestó a, las postreras apelaciones del presidente Bau.

Aunque se debatían, contó luego comprobaremos, las incapacidades e incompatibilidades para presentarse a consejero nacional, las condiciones para optar a esta representación colegiada del Movimiento y los requisitos para la proclamación de candidatos, cualidades más técnicas que politicas, cuya ecuación resolvieron los ingenieros; sin embargo, se produjeron algunos sobresaltos y paqueos, mientras contemplábamos las lámparas asimétricas de la Comisión, cuyo techo está resquebrajándose por la invisible piqueta de los albañiles en el piso de arriba. El profesor Sánchez Agesta, que no había asistido a las sesiones del día anterior, dijo de pronto que se había cometido un gravísimo error político, al aprobarse el artículo 11 de la manera votada. El profesor Fueyo le contestó en seguida que esa manifestación merecía una grave respuesta, prohibida por el Reglamento.

Más adelante, don Pastor Nieto García se refirió a la mencionada gravedad, mostrando su asombrosa extrañeza en presencia de la denuncia del representante de una ilustre facción del contraste de pareceres, cuando su deber parlamentario le hubiera obligado a no ausentarse e intervenir, para rematar la faena de contacto amistoso con el Gobierno. Después, el leridano Gias Jové expuso que múltiples pueblos de su provincia, telegráficamente, le habían rogado la formulación de una protesta contra una crónica de Pemán publicada en «El Diario de Barcelona», alusiva, en medio de la guasa y la chuflilla gaditana de su autor, a la inconstitucionalidad y recurso de contrafuero, aplicable no sólo a la minoría inasequible al desaliento, sino a peldaños más superiores.

El presidente Bau reitera sus lealtades y la Comisión de Leyes Fundamentales corresponde con aplausos al leridano Gias y al tortosino Bau. Pero hay, de repente, otra alusión de don Luis Gómez de Aráñela al cálido Mediterráneo, en relación con el señor Udina, discrepando de su hipótesis de las dos Españas, lo que alarma a don Joaquín, quien suplica, autoritariamente, que no se hable del Mediterráneo, tema candente ahora, y coloca en el disparadero al señor Villegas, procurador romántico del Movimiento y adverso a la existencia de estos hermanos separados, imaginados por el subsecretario de Obras Públicas; a don Antonio Correa Veglison, pormenorizando de qué modo minoritario e integrante quince mil soldados, cuyas cuatro quintas partes hahían pertenecido a la U. G. T. y a la C. N. T., llegaron a las puertas de Madrid, detrás del 18 de julio sin ficheros; y a Roberto Reyes, que fue capaz de recitar refranes en catalán frente a la estrofa en su lenirua vernácula de Maragall, mentada por Udina, entablándose unos lemosines juegos florales, donde el rapidísimo señor Reyes se opuso a la metáfora del cedazo para comparar a los Consejos locales y a la estratagema de que e1 Movimiento, sin organización, fuese únicamente una idea abstracta, una entelequia. un fuego fatuo.

La intromisión íngenieril en la vida pública produjo en la revuelta España del siglo XIX un par de tipos fenomenales, cuales el dramaturgo, ingeniero y premio Nobel don José Echegaray, más conocido por el pueblo a causa de la estampación de su efigie en los billetes de Banco, y antaño por sus divulgaciones de Física recreativa. Ministro varias veces y en diversos regímenes, fue tan voluble como el otro ingeniero de Caminos don Práxedes Mateo Sagasta, castor del rebaño liberal durante la Regencia y que en s« vejez, para alguna recepción en el Palacio Real se colgaba cualquier banda decorativa puesto que en su escepticismo otorgaba igual valor a la banda verde del colegir de su hija Esperanza, y con la misma se presentó a doña María Cristina como presidente del Consejo de Ministros.

Aquellos ingenieros eran menos doctos que los ingenieros de la tecnología moderna y bastante menos complicados que los ingenieros sociales, o los ingenieros del cuerpo y del auna, según el ateo ex seminarista Stalin, empeñado en construir desde la raíz biológica al hombre soviético, pero cuya hija, Svetlana, le ha salido rana e ínconformista. Hubo un floreo en honor del ponente, don José María Aguirre, presidente de Agromán y catedrático de Organización de Empresas en la Escuela de Ingenieros de Caminos, por parte del señor Correa Veglison, que ha explicado en la Escuela Politécnica del Ejército Resistencia de Materiales y Mecánica Elástica., convergiendo otros procuradores delante del subcomisario del Plan de Desarrollo e ingeniero de Caminos, señor Mortes, para elogiarles y hacerles notar que en las manipulaciones electorales la tensión de la fuerza es mayor ejercida sobre una mínima superficie; o sea, que cuanto más concentrada sea la representatividad, más se le puede influir local, provincial y nacionalmente.

El ingeniero Mortes asiente con fachenda de pícnico afable, y sin más discusión se hubiese extendido por analogía el precepto similar sobre incapacidades e incompatibilidades para la representación familiar en Cortes; pero a don Pío Cabanillas le repugna tanta asepsia, y a don Torcuato Fernández Miranda le parece lo contrario, mientras que al señor Iglesias Selgas le horroriza que puedan aparecer en el mismo «Boletín del Estado» dos leyes aprobadas en idéntico Pleno: una estrecha y otra de manga ancha. El asunto se complica por la nueva intervención de don Pío de don Torcuato, de Roberto Reyes, del impecable Lamo de Espinosa y del sistemático Martínez Esteruelas, aclarando el intrincado laberinto de la incompatibilidad y de la incapacidad, analizadas por don Fermín Sanz Orrio, valedor de las incapacidades, como un instrumento que no se puede eliminar, y debelador de las incompatibilidades, por considerarlas incursas en la hipocresía del parlamentarismo.

Sobre el artículo 13, referente al condicionamiento para la candidatura de consejero nacional, pidieron aclaraciones, aperturas y prohibiciones contra los hijos de papá, con el derecho a presentarse _en la provincia paterna o materna, bastándoles haber residido un lustro y ser o haber sido consejero nacional, ya el restrictivo Sevilla Andrés o Rafael Salgado y Cías, fijándose en la cláusula de uno u otro sexo el presidente del Sindicato del Azúcar, señor Dadin, de acuerdo con la señorita Sedeño, ambos partidarios de consignar sin distinción de sexos. Por la tarde continuó el asendereado debate, y el ponente don Jesús Fueyo pudo pronunciar un clarísimo e inequívoco informe sobre el trabajo consumido por la ponencia durante veintidós tardes, a razón de cinco horas diarias, merced a cuyo análisis y síntesis se ha superado el problema de provincializar el pais o nacionalizar las provincias.

Las provincias y Madrid, todos juntos v en unión, como rimaría don José María Codón, según el profesor Fueyo, deben evitar una polarización excesiva del Consejo Nacional, compuesto por los cuarenta consejeros designados por Franco, cuales los más representativos de la metafísica del 18 de Julio y dispuestos a unas responsabilidades perpetuas, además por los representantes de la familia y del Sindicato, por los seis consejeros del sector operativo y por la zona representativa que se discute, clarificándose los conceptos respecto a las condiciones de la edad, del sexo, de la vinculación al Movimiento, de la naturaleza, de la residencia y del antecedente en la Consejería, que han de considerarse a. la luz de la filosofía de la Cámara y de la estructura de la Nación con dificultades de hallar, a la par y con coherencia, un equipo ejecutivo, otro legislativo y el dedicado a la critica organizada, ya que no hay más cera que la que arde.

Los procuradores se conforman y aprueban los artículos con ligerísimas correcciones, menos el impenitente señor Udina Martorell, que desencadenó la minúscula zaragata; porque la más profunda y patriótica preocupación de todos los procuradores motorizados reside en la seguridad de que no ha de faltar la gasolina para los coches. Así es interrogado a cada momento el paciente procurador aragonés, don Luis Valero Bermejo, subsecretario de Hacienda, quien cuando informa, privadamente, que se ha concedido al>rún «navicert» a nuestros petroleros, promueve una euforia de mayor intensidad míe la obtenida por el presidente Bau, al aplazar las deliberaciones desde el viernes por la noche hasta la tarde del lunes, un reconfortante toque de queda.

10 de junio de 1967 PUEBLO

 

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