Autor: Alonso Nadales, José Ramón. 
   Asociaciones sí, asociaciones no...     
 
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ASOCIACIONES SI, ASOCIACIONES NO...

Aunque cuanto se trate en nuestro Consejo Nacional sea hoy materia reservada —y la reserva

se cumple por la prensa española toda—, por las crónicas publicadas en un vespertino de

Barcelona sabemos que, «por el momento, no va a haber asociacionismo político», y que si el

tema se llevase a las urnas, «el Consejo Nacional se pronunciaría por gran mayoría de votos

en contra de las asociaciones de acción política». Lo ha escrito don Emilio Romero, que por ser

consejero nacional conoce muy bien lo que sucede dentro de los muros del viejo palacio del

Senado. El régimen jurídico de las asociaciones estuvo en el «Boletín Oficial del Estado» -en la

imprenta, se entiende-, el Gobierno envió un nuevo proyecto, y no existe hasta ahora

pronunciamiento de ninguna clase. Porque la fuente es buena, suponemos que todo ello sea

exacto.

Al nivel de la calle, todo esto no parece más importante que un final de Liga, ni una buena

semana taurina, ni siquiera la inminente proximidad de las «vacaciones pagadas». Las

asociaciones iban a nacer desde dentro del Movimiento —no desde fuera, como algunos han

podido creer—, y ese Movimiento ha tenido siempre sus tendencias, sus inclinaciones y sus

particularidades, en función de quienes llegaron a formarle desde campos políticos muy varios.

El Movimiento, que nace del Decreto unificador de 1937, ha tenido su mucho de falangistas, su

algo de monárquicos, su bastante de democracia cristiana, sus gotas de tecnocratismo y sin

olvidar que oficialmente todos los oficiales y jefes del Ejército eran «militantes». El Movimiento

ha durado desde entonces, porque en política el pacto une y la intransigencia separa. Al ritmo

vivo de ese conjunto de tendencias, y a veces de tensiones, se ha hecho en el último tercio de

siglo la Historia de España.

De ahí que decir «sí» o decir «no» sea peliaguda cuestión, en la cual todo el futuro español se

encuentra implicado. El comentarista, que modestamente sólo sabe lo que sucede en el

Consejo Nacional por lo que escriba para «Le Monde» el señor Nováis, no desea ahora opinar

sobre nada. ¿No habrá asociaciones, sí habrá asociaciones, o se institucionalizarán las «tres

tendencias» esbozadas por José Antonio Girón en Valladolid? España ha tenido asociaciones

políticas a montones en 1835-74; dos grandes asociaciones —la conservadora y la liberal, con

una rama carlista y otra republicana— desde 1874 hasta 1923; asociaciones a pala desde 1930

hasta 1936, y una sola asociación —que es el Movimiento— desde 1937 hasta 1972. Parece

que vamos a salir pronto de la nebulosa y que las minorías políticas sabrán a qué atenerse,

aunque el tema pueda sonar a la mayoría del pueblo a músicas celestiales. Lo que este

observador piensa es que va a ser difícil tener abiertas nuestras fronteras a los aires de Euro-

pa, y que esos aires no se cuelen por alguna parte, porque en política algo de mimetismo es

inevitable. «El tema es difícil, y muchos hombres honrados no están de acuerdo», como Lincoln

decía en 1860, antes de que se dividiera en dos bandos opuestos el pueblo norteamericano.

Dentro de la legalidad vigente, el Consejo Nacional resuelve... y los demás esperamos. ¿O

podemos modestamente influir en algo?

 

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