Autor: Luca de Tena y Brunet, Torcuato (MERLÍN; ABC). 
 Las Cortes. Crónicas parlamentarias (XX). 
 Tras la esperanza, el recelo     
 
 ABC.    10/06/1967.  Página: 65. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC.

SÁBADO

10 DE JUNIO DE 1967.

EDICIÓN DE LA MAÑANA.

PAG. 6

LAS CORTES

CRÓNICAS PARLAMENTARIAS (XX)

TRAS LA ESPERANZA, EL RECELO

Por Torcuato LUCA DE TENA

Ayer titulé mi crónica "Tras el recele? la e&neranza". Hoy, "Tras 1* esperanza, el recelo*. Euclides ha dicho que él fcrtten de los factores no altera el producto. Esto será verdad en las matemáticas, pero no lo es en la política.

Los señores Nieto García, Sevilla Andrés, Sáenz de Miera, Martínez de Bedoya, Emilio Romero, Mateo Tari. Robérto Reyes, Tomás Allende, Udina, marqués de la Encomienda, Guadilla, Marcos Chacón, Zelada, Sánchez Agesta, Asís Garrote, Martínez Esteruelas, Cotorruelo, Pedrosa y Arcenegui—todos ellos con voz, pero no todos con voto— habían expresado libremente, disuadiente, gallardamente, su opinión. El denominador común d« sus parlamentos era éste o muy semejante a éste: "Estamos creando unas Instituciones. Deseamos que sean permanentes. El país las necesita. E! país las espera. Para que el país crea en ellas hay que hacerle protagonista—por medio de este mecanismo que ponemos en sus manos—de su propio destino. ¿Quiénes habrán de elegir a los consejeros nacionales, que tendrán la tarea de informar "el orden eolítico abierto a la totalidad de los españoles" y de promover "la vida política en régimen de ordenada concurrencia de criterios"? Nuestra respuesta, nuestra propuesta, es que sean todos los españoles mayores de veintiún años..."

Esto se decía con brillantez, con sinceridad, con honestidad, con profundo convencimiento, en la sesión de la mañana del jueves. A medida que yo escuchaba tales intervenciones se iban desvaneciendo en mi subconsciente determinados recelos, como se desvanecen los flecos de la bruma matinal cuando irrumpe sobre ellos el chorro dorado y caliente del sol de mediodía. V entonces tracé el título de la crónica que fue publicada ayer: "Tras el recelo, la esperanza"...

Y se interrumpió la sesión, pues la Ponencia anunció que necesitaba tomarse un tientno para redactar un nuevo texto, relacionado con la elección de los consejeros nacionales, más en consonancia con los anhelos, casi unánimes, de la Comisión. Y se reanudó el debate después de almorzar. ¿No querían los señores miembros de la Comisión que los del Consejo Nacional fuesen elegidos por sufragio popular y directo emanado de la propia Sociedad? Pues en atención a one se habían expresado en este sentido con abrumadora mayoría, la propuesta que trajo la Ponencia decía exactamente lo contrario. La elección se hará por medio de compromisarios, y ni sin «riera estos compromisarios serán elertclos por el país, sino p«w Ins Consejos Provinciales y Locales d~l Movimiento. en la forma que deíerroínen en su día los propios señores del Consejo Nacional, qtte es. en definitiva, de tiflones dependerá que salsran o no elepirtos los ori*antea>Io*>es de la elección. Si no nuerían ustedes chocolate, jicara y medía.,.

f el texto fue sometido a votación. Y, consecuentes con su criterio, rotaron en contra el ex ministro señor Navarro Rubio, y don Fermín Zelada y el señor Cotorruelo, y el señor Rodríguez Casado. Y no votó en contrn, el señor Sánchez Agesta TMirfne no estaba, til eJ señor Pérez Embid norqu« no había venido, ni el señor Rivas Guadilla porgue estaba svasentp, ni el señor Pedrosa Latas porque—sefrún m>> ha dicho—creía oue lo que se sometía a votación era nn texto distinto. Tampoco votaron en contra don Roberto Reyes, ni don Tomás Allende, ni don Gonzalo Marcos Chacón, ni don Agustín de Asís Garrote, ni don Emilio Romera, ni el señor Arcenegui, que estaban presentes y que tenían voto; pero que no hicieron uso de él para defender con los hechos lo mismo que tan dignamente, tan gallardamente, tan brillantemente, habían defendido con su palabra muy pocas horas antes. "¿Los infantes de Aragón — qné se fieieron? — ¿Qué fue de tanto galán — qué fue de tanta invención — como truxeron?"

¿Qué había acontecido entre la sesióu úe la mañana y la de la tarde? ¿Que espíritu "non. sancto" había descendido sobre las frentes da estos hombres para que vieran blanco a la hora de la sobremesa lo que a la hora del aperitivo era negro para ellos? ¿Qué consignas recibieron y de Quién las recibieron, caso de haberlas recibido? Por muy alta que fuera su inspiración, dudo que lo fuera más que la del tema que se debatía. Porque, en todo caso, el objetivo nobilísimo que defendían por la mañana apuntaba hacia, lo permanente y la inspiración que recibieron—caso de recibirla—provenía de lo perecedero.

El señor Sánchez Agesta se levantó al día siguiente para denunciar como un gravísima error político haber aprobado en su nueva versión la palomita blanca del último texto que—en un acto de pintoresca, presüdigítacíón—se sacaron del sombrero de copa, por sorpresa, los señores de la Ponencia. El señor Fueyo se levantó como un resorte. Un procarador puede votar a favor o en contra de nna enmienda. Pero lamentarse del sentido de la votación —una vez aprobado el artículo que se debatía—es por lo menos Inútil.

Detrás de los leones, fundidos en hierro con las armas ganadas al enemigo, hay en el palacio de las Cortes unas escalinatas. En lo alto de las mismas hay unas puertas que sólo se abren -en ocasiones solemnísimas.

Cuando no se abren se convierten en paredes. En paredes de un bar. Tiene la concesión del mismo don Pedro Chicote, que es, junto con el señor Anglada, jefe de la Sección de Taquígrafos de las Cortes Españolas, el verdadero decano de nuestro Parlamente. En este bar los señores procuradores comentan las incidencias de los debates. Siempre conviene hacer un alto en el camino y otear lo recorrida y lo que aún queda por recorrer. En este har, enarbolando en Ja mano un churro humedecido de café, o una copa de ginebra nevada de hielo, o un canapé de salmón ahumado, he oído a ono, y a otro, y a otro más, lamentarse de que haya sido aprobado un artículo, como el de la elección de los consejeros nacionales, de cuya redacción no era naflie partidario. Se ha cometido un error, como dijo Sánchez Agesta. Es inútil lamentarse de ello, como dijo Jesús Fueyo. Pero yo no me lamento de esto. Me lamento de «ue haya habido inspiración para que silenciaran sus votos los que habían iluminado la sala con sus palabras. Me lamento fie que ei inspirador—de una alcurnia intermedia— haya puesto sas miras en lo circunstancial y no en la permanente. Me lamento, en fin, de que en España el valor cívico no sea concorde con el valor físico: esa valor físico—tan enraizado en nuestra idiosincrasia—que, en el Ejército, a todo español, se le supone.

 

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